Adrián Ravier llegó a la vocería presidencial después de varios años dedicados a la docencia y al estudio de la economía desde una perspectiva liberal y de la Escuela Austríaca.
Hoy, desde la Casa Rosada, es uno de los funcionarios encargados de defender públicamente el rumbo económico de Javier Milei. En diálogo con El Cronista Stream, en el marco de la emisión especial por el Día del Economista, sostuvo que la Argentina todavía está lejos de ser un país liberal, pero afirmó que el Gobierno logró cambiar la dirección de la política económica y que no hay margen para volver al gradualismo.
Ravier llegó a la Secretaría de Vocería Presidencial en julio de 2026, después de haber sido diputado nacional por La Pampa por La Libertad Avanza. Su recorrido político comenzó, según contó, a partir de contactos con Javier Milei y Karina Milei, después de años en los que había decidido dedicarse a la actividad académica.

Pero el economista ya seguía de cerca varias de las discusiones que hoy forman parte del programa de Gobierno desde mucho antes de ocupar un cargo público. Contó que su interés por la economía comenzó durante su adolescencia, influido por su padre, un dirigente liberal de la UCeDé, y por una biblioteca familiar en la que encontró libros de Milton Friedman, Friedrich Hayek, Murray Rothbard y otros autores del liberalismo.
La discusión sobre la convertibilidad terminó de orientar sus intereses. Cuando comenzó la carrera de Economía, en 1997, la Argentina todavía sostenía el régimen de convertibilidad, pero la discusión sobre su continuidad ya comenzaba a instalarse. Ravier relató que el debate sobre cómo preservar la moneda y cómo salir eventualmente del esquema lo llevó a interesarse por la dolarización.
Ravier defendió el ajuste de Milei: “No hay lugar para el gradualismo”
Al analizar la gestión de Milei, Ravier ubicó al gasto público como una de las variables centrales para evaluar el cambio económico.
“La variable clave es el gasto público sobre el PBI y cómo la aplicación de la motosierra nos permite ir a otro lugar”, sostuvo, en diálogo con la también economista Yayi Morales y con el economista Alan Zuchovicki.

Para el vocero presidencial, el ajuste fiscal constituye el punto de partida de una cadena de efectos que incluye la menor necesidad de emisión monetaria, un balance más ordenado del Banco Central y mejores condiciones para sostener el crecimiento.
“Eso te permite no emitir, y eso te permite una hoja de balance en el Banco Central más ordenada, y eso te permite proyectar hacia adelante una macro sólida sobre la cual podés ser competitivo”, explicó.
Su diagnóstico es que el programa todavía no transformó a la Argentina en una economía liberal. De hecho, rechazó esa caracterización en términos absolutos y utilizó como referencia la comparación con Chile.
“Si nosotros queremos ser un país liberal, nos falta un montón”, afirmó. Y agregó: “Argentina no es un país liberal, pero que nos estamos encaminando en la dirección correcta para un liberal, para un libertario o para el sentido común es cierto”.

La definición también marca el lugar desde el que Ravier interpreta las reformas del Gobierno: no como la culminación de un proceso, sino como el comienzo de un cambio más profundo.
Inflación, pobreza y crecimiento: cómo medir el resultado
Consultado sobre cómo mediría el éxito o el fracaso del programa económico, Ravier mencionó primero las variables sociales. “Si lo querés desde lo social, pobreza, indigencia, después inflación”, respondió.
Pero inmediatamente agregó una condición: la sustentabilidad.
Su argumento fue que una economía puede mostrar una baja de la inflación en el corto plazo mediante mecanismos que no necesariamente resulten sostenibles. “Uno puede bajar la inflación con controles de precios”, señaló, antes de destacar lo que considera diferente en el programa actual.
Ravier vinculó esa diferencia con la combinación entre equilibrio fiscal, desregulación, apertura económica y crecimiento.
Los datos oficiales muestran que el PIB aumentó 2% interanual en el segundo trimestre de 2026. Al mismo tiempo, la medición desestacionalizada registró una caída de 0,6% frente al primer trimestre, mientras que la tendencia-ciclo avanzó 0,8%.
La evolución de la actividad, por lo tanto, ofrece una fotografía menos lineal que la que surge de observar solamente la comparación interanual. Para Ravier, sin embargo, la cuestión central es la continuidad del proceso y la posibilidad de que las reformas generen condiciones para sostener el crecimiento.
El RIGI y las inversiones que Ravier dice que todavía “están por venir”
En esa explicación, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) ocupa un lugar importante.
Ravier sostuvo que el régimen ya acumula un volumen elevado de inversiones y remarcó que una parte todavía no se ejecutó. “Todo está por venir”, afirmó al referirse al potencial de los proyectos.
Los datos oficiales disponibles en junio mostraban 16 proyectos aprobados por u$s 29.892 millones y otros 25 en evaluación por u$s 111.037 millones. En conjunto, las iniciativas aprobadas y en evaluación representaban entonces más de u$s 140.000 millones de inversiones potenciales.
Desde entonces, el Gobierno continuó aprobando proyectos bajo el régimen. Entre ellos figuran iniciativas vinculadas con minería, petróleo y gas, infraestructura y energía.
Para Ravier, el RIGI forma parte de un cambio más amplio que incluye la apertura de mercados, la reducción de regulaciones y los acuerdos comerciales. Según planteó, el objetivo es reducir las trabas que enfrentan las empresas para invertir y producir.
“No hay lugar para el gradualismo”
Ravier también defendió la velocidad con la que Milei aplicó sus reformas. La comparación que utilizó fue con la estrategia gradualista que caracterizó al gobierno de Mauricio Macri.
“No hay lugar para gradualismo”, afirmó.

Según su interpretación, la falta de financiamiento disponible para la Argentina impidió recorrer un camino más lento. Por eso reivindicó el denominado shock económico y las medidas que el Gobierno aplicó desde el comienzo de la gestión.
En ese listado incluyó la reducción del gasto, la desregulación, la apertura de mercados y los acuerdos comerciales. También destacó que el Gobierno avanzó con esas políticas pese a contar inicialmente con pocos diputados y senadores.
Para Ravier, el cambio no se limita a las cuentas públicas. También implica una modificación de la relación entre el Estado y las empresas: “El Estado es una máquina de impedir”, resumió al describir una de las críticas que, según contó, recibe el Gobierno de parte del sector privado.
“Ya estamos en otra Argentina”
El razonamiento de Ravier termina en una conclusión política y económica: el país habría iniciado un cambio de régimen económico que todavía no terminó.
“Y yo un poco vengo diciendo eso, ya estamos en otra Argentina”, afirmó.
En su interpretación, la reducción del gasto público permite ordenar las cuentas fiscales; el equilibrio fiscal reduce la necesidad de emisión; una política monetaria más ordenada contribuye a bajar la inflación; y una economía más abierta puede generar condiciones para aumentar la inversión y el crecimiento.
Ravier también vinculó ese proceso con la caída de la pobreza y la indigencia, aunque esas variables no dependen únicamente del resultado fiscal o monetario y requieren ser evaluadas con sus respectivos indicadores.
Su mirada sobre el futuro del programa es, en cualquier caso, de continuidad. “Si a Javier Milei lo dejás cuatro años más, hay que ver hasta dónde puede llegar esto”, sostuvo.
Medio: cronista.com
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