
Antes de convertirse en Doña Clotilde, la inolvidable “Bruja del 71” de El Chavo del 8, Angelines Fernández había vivido una historia completamente distinta: nació en Madrid, participó de la resistencia contra Francisco Franco y terminó exiliada en América. Su pasado estuvo marcado por la Guerra Civil española, la persecución política y el desarraigo. Décadas después, ya instalada en México, construyó una extensa carrera artística y terminó interpretando a uno de los personajes más recordados de la televisión latinoamericana.
María de los Ángeles Fernández Abad nació en Madrid en 1922. Cuando comenzó la Guerra Civil española, en 1936, todavía era una niña. Sin embargo, al llegar a la juventud terminó vinculándose con sectores que combatían al franquismo. Los datos sobre aquella etapa son fragmentarios y no existe información completa sobre la agrupación a la que perteneció ni sobre los frentes concretos en los que participó. Gran parte de lo que se conoce procede de los testimonios posteriores de su hija, Paloma Fernández.
La derrota republicana en 1939 cambió definitivamente su vida. La victoria de Francisco Franco dio paso a una dictadura que persiguió a opositores, militantes, intelectuales y otros sectores vinculados con la República. Para Angelines, permanecer en España significaba un riesgo, por lo que decidió abandonar el país.
Tenía aproximadamente 25 años cuando cruzó el Atlántico. Primero llegó a Cuba y posteriormente se trasladó a México, que se convertiría en su hogar definitivo. El país había recibido a miles de españoles que escapaban de la persecución franquista y buscaban comenzar nuevamente sus vidas lejos de Europa.
En México comenzó una segunda vida. La joven que había conocido la guerra y el exilio encontró en el mundo artístico una posibilidad para reconstruirse. Su carrera comenzó en el cine mexicano, en una época de gran expansión de esa industria.
Fernández trabajó en películas vinculadas con figuras de enorme popularidad, entre ellas Mario Moreno “Cantinflas” y Arturo de Córdova. Con el tiempo también participó en televisión, teatro y radio, hasta convertirse en una actriz con una trayectoria considerable antes de llegar al programa que la haría famosa en toda América Latina.
Fue precisamente durante aquellos años cuando volvió a encontrarse con Ramón Valdés, el actor que décadas después sería conocido mundialmente como Don Ramón. Ambos ya habían trabajado juntos en el cine y desarrollaron una amistad que sobreviviría durante muchos años.
La relación entre ambos fue completamente diferente a la que el público veía en El Chavo del 8. Mientras Doña Clotilde perseguía constantemente a Don Ramón y trataba de conquistar su corazón, Angelines y Ramón mantenían en la vida real una amistad cercana y afectuosa.
Ese vínculo tendría posteriormente un papel fundamental en la carrera de Fernández. Cuando buscaba una oportunidad para acercarse a Roberto Gómez Bolaños, fue Valdés quien habló de ella y le recomendó al creador del programa.
La oportunidad llegó cuando Gómez Bolaños buscaba completar el universo de personajes de la vecindad. Para Don Ramón hacía falta una contraparte que generara una dinámica diferente a la que ya tenía con Doña Florinda.
Así nació Doña Clotilde, la mujer del departamento 71 que los niños terminarían llamando “la Bruja del 71”. El personaje tenía una apariencia que podía resultar intimidante y un carácter particular, pero detrás de esa imagen había una mujer profundamente enamorada de Don Ramón.
Durante 23 años, Angelines Fernández interpretó al personaje. Su amor no correspondido por Don Ramón se convirtió en uno de los elementos cómicos más reconocibles de El Chavo del 8: ella intentaba acercarse, le preparaba regalos y pasteles, mientras él buscaba cualquier excusa para escapar de sus propuestas.
La televisión convirtió aquella persecución amorosa en una situación humorística repetida durante años. Pero fuera de los guiones, la relación entre los actores era muy diferente.
Angelines llamaba a Ramón Valdés “mi roro” y mantuvo con él una amistad que sus familiares describieron como especialmente cercana. El vínculo fue tan importante para ella que tuvo un significado especial después de la muerte del actor.
Valdés murió en 1988, víctima de cáncer. Según el testimonio de su nieto, Miguel Valdés, Angelines fue la única integrante del elenco de El Chavo del 8 que acudió a su velorio y permaneció durante largo tiempo junto a él.
Después del entierro, también permaneció durante más de dos horas junto a la tumba. El episodio reveló una dimensión de la relación que el público nunca había visto en pantalla: la amistad entre Angelines y Ramón había trascendido por completo a sus personajes.
Años después, Fernández decidió retirarse de la actuación. En 1991, a los 69 años, puso fin a una carrera que había comenzado décadas atrás en México y que había incluido cine, televisión, teatro y radio.
Su salud se había deteriorado y atravesaba una enfermedad relacionada con sus últimos años de vida. Murió en México en 1994, a los 72 años, después de haber pasado la mayor parte de su vida lejos de España.
Pero incluso después de su muerte permaneció una última conexión con Ramón Valdés. Su voluntad era ser enterrada cerca de su antiguo compañero y amigo, y así ocurrió. Su tumba se encuentra en los Mausoleos del Ángel, en Ciudad de México, cerca de la de Don Ramón.
La imagen de Doña Clotilde quedó instalada en la memoria de varias generaciones como la de una mujer extravagante, enamorada y siempre dispuesta a conquistar al esquivo Don Ramón. Sin embargo, detrás del personaje existía una mujer que había atravesado acontecimientos históricos mucho más duros.
Angelines Fernández había conocido la guerra, el exilio y la persecución política antes de convertirse en una figura querida de la televisión latinoamericana. Su historia también muestra hasta qué punto el pasado de algunos artistas puede quedar completamente oculto detrás de los personajes que interpretaron durante décadas.
La “Bruja del 71” terminó siendo una de las figuras más reconocibles de El Chavo del 8, pero su verdadera historia comenzó mucho antes de aquella vecindad ficticia. De una joven madrileña que tomó partido durante la Guerra Civil a una actriz mexicana que conquistó al público latinoamericano, su vida estuvo marcada por dos mundos aparentemente opuestos: el conflicto político y la comedia televisiva.
Y entre ambos quedó una amistad que terminó siendo tan importante como el propio personaje: la que mantuvo con Ramón Valdés, el hombre al que durante años tuvo que perseguir en la ficción y al que, en la vida real, quiso y acompañó hasta sus últimos días.
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