
Los balances empresariales empiezan a mostrar con mayor claridad las diferencias dentro de la economía argentina: mientras energía y agroexportación atraviesan una etapa de fuerte expansión, las compañías vinculadas al consumo masivo, algunos bancos y actividades reguladas enfrentan mayores dificultades. La fotografía que dejan los resultados empresariales confirma que la recuperación no está siendo uniforme y que el crecimiento se concentra en sectores con mayor exposición a las exportaciones, los recursos naturales y los mercados externos.
El sector energético aparece entre los principales ganadores. El desarrollo de Vaca Muerta, el aumento de la producción de petróleo y gas y una mayor capacidad exportadora están permitiendo que las empresas vinculadas a hidrocarburos presenten resultados considerablemente mejores que buena parte de las compañías orientadas al mercado interno.
YPF, Pampa Energía y otras empresas vinculadas al petróleo y al gas se encuentran entre las compañías que mejor están aprovechando este escenario. La expansión de la producción y la reducción de costos operativos permitieron sostener márgenes incluso en un contexto internacional menos favorable para el precio del petróleo.
El agroexportador también forma parte de ese grupo de actividades favorecidas. El ingreso de divisas generado por las exportaciones agrícolas continúa siendo fundamental para la economía argentina y contribuye a fortalecer las cuentas externas en un momento en que el Gobierno necesita acumular reservas y mantener estable el mercado cambiario.
La minería completa el grupo de actividades que muestran una expansión importante. La explotación de recursos naturales, junto con el petróleo y el gas, concentra buena parte de las nuevas inversiones y de las expectativas oficiales de crecimiento para los próximos años.
El problema aparece cuando se observa qué ocurre con los sectores que dependen principalmente del consumo interno. Las empresas de consumo masivo continúan enfrentando una demanda más débil, debido a que una parte de los hogares todavía tiene dificultades para recuperar plenamente su poder adquisitivo.
Alimentos, productos de limpieza, indumentaria y otros bienes de consumo cotidiano no están atravesando el mismo ciclo de expansión que las actividades exportadoras. Las empresas deben operar con consumidores que comparan más los precios, reducen cantidades o cambian de marcas para ajustar sus presupuestos.
Esta diferencia también se refleja en la industria. Un análisis sectorial muestra que, entre noviembre de 2023 y abril de 2026, la industria manufacturera acumuló una caída del 4,1%, mientras minería, agro, intermediación financiera y hoteles y restaurantes registraron aumentos.
Dentro de la propia industria existen diferencias importantes. Química, refinación de petróleo, tabaco y alimentos y bebidas registraron crecimiento, mientras que textiles, productos metálicos, minerales no metálicos, caucho y plástico y maquinaria presentaron fuertes retrocesos.
La construcción continúa siendo otro de los sectores más afectados. La menor actividad de la obra pública y las dificultades para que la inversión privada compense esa caída dejaron al sector bastante por detrás de las actividades extractivas.
La construcción acumuló una caída cercana al 11% desde noviembre de 2023 hasta abril de 2026, según el relevamiento citado, una evolución que tiene especial importancia por su capacidad para generar empleo y movilizar una extensa cadena de proveedores.
Los bancos presentan una situación más compleja. Aunque el sector financiero había sido uno de los grandes beneficiados durante una parte del proceso de recuperación, los balances más recientes muestran presiones vinculadas con la calidad de los activos y el comportamiento del crédito.
El aumento de la morosidad de las familias constituye uno de los factores que explican esa preocupación. Los hogares tienen mayores dificultades para cumplir con préstamos y tarjetas, mientras el costo del financiamiento y la debilidad del consumo limitan la expansión del crédito.
Esto genera una paradoja: el sistema financiero puede registrar una actividad elevada y, al mismo tiempo, enfrentar mayores riesgos en determinados segmentos de su cartera. El crecimiento del sector no necesariamente significa que todos los bancos estén obteniendo los mismos resultados ni que el crédito esté llegando de manera uniforme a las familias y empresas.
Las empresas relacionadas con servicios regulados muestran, por su parte, una evolución diferente. En energía y gas, la normalización tarifaria y una mayor previsibilidad de los ingresos permitieron mejorar los resultados de varias compañías. Utilities como Transener, TGS, Central Puerto y TGN aparecen entre las firmas que lograron sostener márgenes atractivos.
El contraste entre estos sectores explica por qué los economistas hablan de una recuperación en forma de K o de una economía a dos velocidades. En un extremo están las actividades que aprovechan la apertura, las exportaciones y los recursos naturales; en el otro, aquellas que dependen principalmente de los ingresos de los consumidores argentinos.
La diferencia no es solamente empresarial. También tiene consecuencias sobre el empleo. Los sectores que más están creciendo son, en general, menos intensivos en mano de obra que la industria, el comercio y la construcción, por lo que el crecimiento de la producción y las exportaciones no necesariamente se traduce en una recuperación equivalente del mercado laboral.
Ese aspecto ayuda a explicar una de las principales contradicciones de la economía argentina: determinados indicadores muestran expansión, inversiones y generación de divisas, mientras muchas empresas vinculadas con el mercado interno todavía enfrentan ventas débiles.
La situación del consumo es especialmente relevante porque el mercado interno continúa siendo fundamental para una gran parte de las pequeñas y medianas empresas. Una compañía petrolera puede beneficiarse de mayores exportaciones, pero un comercio, una fábrica de indumentaria o una empresa dedicada a productos para el hogar depende mucho más directamente de la capacidad de compra de los argentinos.
La temporada de balances, por lo tanto, no muestra una economía en crisis generalizada, pero tampoco una recuperación homogénea. Muestra una economía en transformación, donde las ventajas competitivas se concentran cada vez más en energía, minería, agro y determinadas actividades financieras y de servicios.
El desafío para el Gobierno de Javier Milei será conseguir que ese crecimiento se extienda hacia sectores que generan más empleo y dependen del consumo doméstico. La apertura comercial, la reducción de costos y la estabilidad macroeconómica pueden mejorar la competitividad, pero también obligan a las empresas locales a enfrentar una competencia mucho mayor.
Para las compañías industriales, el proceso implica adaptarse rápidamente. Algunas pueden aprovechar la reducción de costos y acceder a nuevos mercados, mientras otras tienen estructuras productivas que resultan difíciles de sostener frente a productos importados.
La diferencia entre ganadores y perdedores también puede profundizarse si las inversiones continúan concentrándose en sectores extractivos. Argentina necesita las divisas que generan el agro, la minería y la energía, pero también necesita recuperar industria, construcción, comercio y empleo formal para que el crecimiento tenga un impacto más amplio.
Los próximos balances permitirán comprobar si las empresas orientadas al mercado interno comienzan finalmente a beneficiarse de una mejora del poder adquisitivo y de una eventual recuperación del crédito. Por ahora, la fotografía es clara: la economía argentina crece, pero no todos los sectores están creciendo al mismo ritmo ni reciben los beneficios de la recuperación de la misma manera.
La temporada de resultados empresariales deja así una señal relevante para la segunda mitad de 2026. El éxito del programa económico no dependerá únicamente de cuánto crezcan las exportaciones o de cuánto petróleo produzca Vaca Muerta, sino también de si la recuperación consigue alcanzar a las actividades que concentran empleo, pequeñas y medianas empresas y consumo interno.
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