
La película “Bye Bye, Paraíso”, dirigida por la costarricense Kim Elizondo Navarro y coproducida por Costa Rica, Uruguay y Colombia, presenta la historia de una mujer que ve desmoronarse la vida privilegiada que había construido en una exclusiva zona turística. El largometraje de ficción, de 98 minutos, aborda temas como la dependencia económica, la soledad, el envejecimiento y la autonomía de las mujeres a través de Vilma, una mujer de 45 años que vive en una casa frente al mar financiada a distancia por su pareja estadounidense.
Vilma pasó gran parte de su juventud marcada por limitaciones económicas y finalmente consiguió alcanzar el estilo de vida que durante años había imaginado. Su nueva realidad parece representar la llegada a un destino ideal: una casa de playa ubicada en una de las zonas turísticas más exclusivas de Costa Rica, rodeada por un paisaje asociado al descanso, el lujo y el turismo internacional.
Sin embargo, ese escenario comienza a cambiar cuando su pareja estadounidense no llega a la visita anual que Vilma espera. La comunicación se interrumpe y el dinero que sostiene su vida cotidiana comienza a escasear, obligándola a enfrentarse a una situación que hasta entonces había permanecido fuera de su horizonte.
La película utiliza ese conflicto para cuestionar la idea de un paraíso construido sobre la dependencia. El paisaje turístico permanece, los visitantes continúan llegando y el entorno conserva su apariencia de prosperidad, pero para Vilma aquello que parecía seguro comienza a perder estabilidad.
El aislamiento de la protagonista adquiere así un peso central. La ausencia de su pareja no significa solamente la pérdida de una relación sentimental, sino también la desaparición de la estructura económica que había permitido mantener el estilo de vida que consiguió después de una juventud de carencias.
“Bye Bye, Paraíso” plantea entonces una pregunta sobre el verdadero costo de una vida aparentemente perfecta: qué ocurre cuando la seguridad económica depende de otra persona y qué posibilidades quedan cuando esa fuente de sustento desaparece.
La película fue escrita por Kim Elizondo Navarro y Gabriela Fonseca Villalobos. La dirección y parte del guion corresponden a Elizondo Navarro, mientras que la producción reúne a Bicha Cine, de Costa Rica; Bocacha Films, de Uruguay; y Galaxia 311, de Colombia.
La participación uruguaya tiene como principal representante a Bocacha Films, productora vinculada a Agustina Chiarino. La obra figura oficialmente como una coproducción internacional minoritaria de Uruguay, junto con Costa Rica y Colombia.
La película también tuvo una presencia destacada en el circuito cinematográfico internacional. Formó parte de la 30.ª edición del Festival de Málaga, dentro de la Sección Oficial Fuera de Concurso, donde fue presentada como una producción de Costa Rica, Uruguay y Colombia.
Su participación en Málaga permitió además mostrar una producción centroamericana y sudamericana que utiliza un escenario turístico reconocible para desarrollar una historia íntima sobre poder, vulnerabilidad y relaciones económicas.
La directora Kim Elizondo Navarro es costarricense y su trabajo aborda, desde una perspectiva íntima y política, cuestiones relacionadas con la migración, el poder, el envejecimiento y la vulnerabilidad económica de las mujeres. Se formó en Dirección de Ficción en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de Cuba y también estudió Producción Audiovisual en la Universidad de Costa Rica.
La película tiene además una dimensión regional. Aunque la historia está ambientada principalmente en Costa Rica, su producción reúne profesionales y empresas de tres países latinoamericanos, demostrando cómo las coproducciones permiten unir recursos, experiencia y capacidades de diferentes industrias cinematográficas.
El proyecto también contó con el respaldo del Programa Ibermedia, que lo registra como una producción de Costa Rica con participación de Galaxia 311, de Colombia, y Bocacha Films, de Uruguay. El proyecto fue seleccionado en una convocatoria de 2023 y llegó a producción con estreno previsto para 2026.
La película tuvo además una etapa previa de desarrollo en espacios internacionales de formación cinematográfica. Su recorrido permitió conectar a sus responsables con circuitos especializados de producción y financiación de cine iberoamericano.
La propuesta se apoya especialmente en la actuación de María Luisa Garita Ramírez, quien interpreta a Vilma, y Beatriz Ospina Calderón, integrante del elenco principal. La fotografía estuvo a cargo de Nicolás Wong Díaz, la música fue compuesta por Adriana García Galán y el montaje correspondió a Ana Guevara.
El trabajo visual adquiere importancia porque el contraste entre el paisaje y la situación de Vilma forma parte de la propia narración. La belleza del entorno turístico funciona casi como una contradicción: mientras el exterior transmite abundancia y tranquilidad, la protagonista enfrenta progresivamente incertidumbre económica y aislamiento.
Ese contraste permite que el título tenga una dimensión simbólica. El “paraíso” no desaparece físicamente; lo que desaparece es la seguridad que permitía a Vilma disfrutarlo como tal.
La historia también pone en discusión las relaciones construidas alrededor del dinero. La pareja estadounidense sostiene desde lejos el estilo de vida de la protagonista, pero esa dependencia permanece relativamente invisible mientras los recursos llegan con normalidad.
Cuando dejan de llegar, la relación cambia de significado. Vilma debe descubrir hasta qué punto la vida que construyó le pertenece realmente y cuánto dependía de una estructura económica que estaba fuera de su control.
La producción uruguaya se integra así en una película con una temática que supera las fronteras de Costa Rica. La dependencia económica, las diferencias de poder dentro de una pareja y la búsqueda de autonomía son conflictos reconocibles en distintos contextos latinoamericanos.
El estreno de “Bye Bye, Paraíso” también representa una nueva oportunidad para las coproducciones regionales. La participación conjunta de empresas de Costa Rica, Uruguay y Colombia demuestra que el cine iberoamericano puede construir proyectos que circulen internacionalmente sin perder una perspectiva vinculada con las realidades sociales de la región.
La Agencia del Cine y el Audiovisual del Uruguay incluyó la película entre sus estrenos de 2026 y registró el 6 de agosto de 2026 como fecha de estreno nacional prevista, confirmando además su condición de coproducción internacional entre los tres países.
Más que una historia sobre turismo, la película utiliza el turismo como escenario para explorar una situación personal. El paisaje de playas, casas de lujo y visitantes extranjeros contrasta con una mujer que comienza a descubrir que su estabilidad depende de elementos que no controla.
“Bye Bye, Paraíso” convierte de esta manera un escenario asociado al lujo en el punto de partida para una historia sobre vulnerabilidad y autonomía. La película de Kim Elizondo Navarro no cuestiona solamente qué significa vivir en un lugar considerado paradisíaco, sino también quién puede disfrutar de ese paraíso, bajo qué condiciones y qué sucede cuando desaparecen las estructuras económicas que lo sostienen.
La coproducción entre Costa Rica, Uruguay y Colombia agrega además un componente relevante para el cine regional: tres industrias audiovisuales participan en una obra que ya pasó por uno de los principales festivales españoles y que propone una mirada latinoamericana sobre las relaciones entre dinero, poder, afectos y libertad personal.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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