
Alexandra Falla, Ministra de las TIC de Colombia, garantizando la conectividad en zonas de la tragedia en Colombia.
Alexandra Falla: entre las etiquetas políticas y una trayectoria que atraviesa gobiernos
En Colombia, donde las fronteras entre la gestión pública y la política suelen confundirse con facilidad, el nombramiento de Alexandra Falla Zerrate como ministra de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones ha abierto un debate que parece ir más allá de su hoja de vida. En las últimas horas, algunos sectores han intentado presentarla como una figura cercana al petrismo a partir de episodios y publicaciones realizadas años atrás en redes sociales.
La historia, sin embargo, es más compleja.
Falla fue una de las personas cuyo nombre recibió en 2022 el respaldo del Partido de la U para ser considerada para el Viceministerio de Transformación Digital durante el gobierno de Gustavo Petro. El episodio está documentado. Pero también lo está el hecho de que no fue designada para ese cargo y que no existe evidencia suficiente para convertir aquel respaldo político en una prueba de militancia o pertenencia al petrismo.
La diferencia no es menor.
El Partido de la U respaldó su nombre, pero eso no significa que Alexandra Falla haya sido integrante de esa colectividad. Tampoco permite, por sí mismo, afirmar que haya formado parte del proyecto político de Petro. Los perfiles públicos que han revisado la composición política del actual gabinete de Abelardo de la Espriella la ubican, además, fuera de las estructuras partidistas.
Su trayectoria profesional ofrece otra perspectiva.
Comunicadora social de la Universidad Externado de Colombia, con una maestría en Ciencias Políticas de la Pontificia Universidad Javeriana y formación especializada en propiedad intelectual, derechos de autor y nuevas tecnologías, Falla construyó durante décadas una carrera alrededor de la comunicación pública, la televisión, el sector audiovisual y las telecomunicaciones.
Ha ocupado responsabilidades en diferentes instituciones del Estado y del sector de las comunicaciones y durante años estuvo vinculada a la preservación del patrimonio audiovisual colombiano desde la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano.
Su recorrido, por tanto, no nació con el gobierno de Gustavo Petro y tampoco comienza ahora con Abelardo de la Espriella.
Pero hay otro elemento que ha entrado en la discusión: sus publicaciones en redes sociales.
En las últimas horas han comenzado a circular algunas respuestas y mensajes publicados por Falla en su cuenta de X, utilizados por críticos para intentar construir una determinada lectura política de su trayectoria. Uno de esos mensajes corresponde a una intervención en la que asumió la defensa de un sector gremial frente a una discusión pública. Presentarlo como una declaración de militancia política, sin embargo, supone ir más allá de lo que realmente dice el mensaje. Defender una actividad económica, un gremio o un sector profesional frente a una determinada coyuntura no convierte automáticamente a quien lo hace en militante de una corriente política.
¿Estás Ministra es la misma que aplaudía a Petro y a Iván Cepeda? ¿El presidente Abelardo está seguro de ese nombramiento? pic.twitter.com/8moo0zBa42
— MARIA ANDREA NIETO (@MAndreaNieto) August 16, 2026
María Andrea Nieto, la influencer más crítica, en Colombia es señalada por algunos críticos de ejercer una suerte de “licencia” para cuestionar públicamente a quienes considera sus adversarios o contradictores, según versiones que circulan en sectores políticos en Colombia, estaría buscando un espacio en las comunicaciones en el gobierno de Abelardo De la Espriella.
Hay otro tipo de publicaciones que también han sido rescatadas de sus redes sociales, pero que muestran una dimensión completamente diferente de la funcionaria.
En ellas aparece una Alexandra Falla que expresa su sensibilidad frente a la vida y ante situaciones humanas que generaron preocupación y solidaridad. Son respuestas que permiten observar una dimensión personal de la actual ministra, lejos de las discusiones partidistas y de las etiquetas ideológicas que hoy rodean su nombramiento.
Ese contraste también merece ser tenido en cuenta.
Las redes sociales permiten reconstruir fragmentos de la vida pública de una persona, pero difícilmente pueden explicar por sí solas una trayectoria de décadas. Una respuesta a un trino, una opinión sobre un gremio o una expresión de solidaridad no constituyen necesariamente un programa político.
La discusión adquiere mayor relevancia cuando se observa el contexto completo. En 2022, su nombre fue considerado durante el gobierno de Gustavo Petro. En 2026, fue Abelardo de la Espriella quien decidió llevarla a su gabinete. El 15 de julio, el presidente electo anunció a Falla como su ministra TIC. El 7 de agosto asumió formalmente el cargo con la instalación del nuevo gobierno.
La decisión fue tomada por el propio presidente y responde, de acuerdo con la información oficial, a la experiencia de Falla en un sector que hoy resulta determinante para el desarrollo económico y social del país.
El Ministerio TIC no es una cartera menor. De sus decisiones dependen buena parte de las políticas relacionadas con conectividad, transformación digital, infraestructura tecnológica, economía digital, inteligencia artificial y reducción de las brechas de acceso a la tecnología. En ese contexto, reducir el perfil de la nueva ministra a un episodio político ocurrido en 2022 o a determinadas respuestas publicadas en redes sociales corre el riesgo de convertir una trayectoria de varias décadas en una sola etiqueta.
La política colombiana conoce bien esa dinámica: haber sido considerado por un gobierno, recibir el respaldo de una colectividad o expresar una posición frente a un asunto específico puede terminar siendo utilizado años después como una suerte de certificado de identidad ideológica.
Pero la administración pública funciona de una manera más compleja.
Los profesionales transitan por instituciones, gobiernos y administraciones diferentes. Algunos son convocados por sus conocimientos técnicos, otros por su experiencia y otros por decisiones políticas. Ninguno de esos factores, por sí solo, demuestra una militancia partidista.
En el caso de Falla, existe además un hecho político que no puede ser ignorado: fue Abelardo de la Espriella quien decidió incorporarla a su gabinete. La nueva ministra ha asumido públicamente esa responsabilidad y ha expresado su compromiso con el proyecto de gobierno del presidente.
A usted le parece gravísimo que la ministra @AlexandraFalla se indigne por quien desea la muerte de su contradictor político.
Me solidarizo con su pequeño y dañado corazón. Espero encuentre algún día paz y tranquilidad entre tanto odio.
— Sebastián Londoño Méndez (@SLondono00) August 16, 2026
La pregunta, entonces, debería ser diferente.
Más que preguntarse a qué gobierno pertenece una funcionaria por los nombres que alguna vez consideraron su hoja de vida, habría que preguntarse qué trayectoria tiene, qué capacidades aporta y qué resultados está en condiciones de entregar. Alexandra Falla tendrá ahora que responder por su propia gestión. Tendrá que demostrar que puede conducir una de las áreas más sensibles del Estado colombiano en un momento marcado por la expansión de la inteligencia artificial, la transformación de las economías digitales, la necesidad de ampliar la conectividad y la disputa global por el control de las nuevas tecnologías.
Será su desempeño, y no una fotografía política de 2022 o una selección de respuestas en redes sociales, el que finalmente determine el balance de su paso por el Ministerio TIC. Hay una conclusión que, con los hechos conocidos, resulta difícil ignorar: Alexandra Falla no puede ser definida únicamente por haber sido respaldada en 2022 por el Partido de la U para un cargo que finalmente no ocupó, ni por algunas opiniones expresadas en sus redes sociales. Su carrera comenzó mucho antes, atravesó diferentes instituciones y hoy desemboca en un gobierno políticamente distante del que en su momento consideró su nombre.
En un país acostumbrado a clasificar rápidamente a sus funcionarios entre amigos y adversarios, la historia de Falla plantea una pregunta más profunda: ¿puede una trayectoria profesional de décadas quedar reducida a una etiqueta por unas cuantas publicaciones o por haber sido considerada para un cargo durante un gobierno anterior?
Los hechos parecen decir lo contrario.
En 2022, su nombre fue considerado en el entorno del gobierno de Gustavo Petro. En 2026, fue Abelardo de la Espriella quien la eligió para formar parte de su gabinete. Entre ambos momentos hay cuatro años, diferentes escenarios políticos y una trayectoria profesional que difícilmente cabe en una sola etiqueta.
Ahora, como ministra TIC, tendrá que demostrar con hechos por qué fue escogida.
El juicio definitivo, como corresponde en una democracia, debería hacerse sobre su gestión.
No sobre una etiqueta.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN COLOMBIA
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