
Cada cierto tiempo, el océano Pacífico comienza a calentarse más de lo habitual y ese cambio, que a simple vista podría parecer insignificante, termina alterando el clima de buena parte del planeta. Ese fenómeno se conoce como El Niño y, aunque forma parte de la variabilidad natural de la Tierra, su regreso siempre despierta interés porque puede modificar la intensidad de las lluvias, favorecer sequías y aumentar las olas de calor en distintas regiones. Ahora, las proyecciones para 2026 han vuelto a colocar este fenómeno bajo la mirada de la comunidad científica, ya que algunos modelos climáticos apuntan a que podría convertirse en uno de los eventos más importantes de los últimos años.
¿Cada cuánto ocurre El Niño?
A diferencia de lo que muchas personas creen, El Niño no aparece todos los años ni sigue un calendario fijo. Los especialistas explican que suele presentarse de forma irregular cada dos a siete años, aunque lo más común es que transcurran entre tres y cinco años entre un episodio y otro. Generalmente comienza a desarrollarse entre la primavera y el verano del hemisferio norte, alcanza su mayor intensidad entre noviembre y febrero y, meses después, empieza a debilitarse hasta desaparecer.

Este comportamiento forma parte del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), un proceso natural que ocurre cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial registran temperaturas superiores a las normales. Ese incremento modifica la circulación de la atmósfera y termina influyendo en el clima de lugares muy alejados del océano, demostrando cómo un cambio en una región puede tener efectos a escala global.
Los episodios que marcaron la historia
Aunque todos los eventos de El Niño generan cambios en el clima, algunos han sido tan intensos que quedaron registrados como auténticos hitos. Uno de los más severos ocurrió entre 1877 y 1878, un episodio que diversos estudios consideran el más fuerte del registro histórico y que estuvo relacionado con sequías, pérdidas agrícolas y graves hambrunas en distintas partes del mundo.

Décadas después llegaron otros eventos que todavía hoy sirven como referencia para los climatólogos. El de 1982–1983 provocó inundaciones y pérdidas económicas importantes en varios países, mientras que el de 1997–1998, conocido como El Niño del siglo, alcanzó temperaturas excepcionales en el Pacífico y dejó un impacto ambiental enorme, incluyendo daños severos en arrecifes de coral y fenómenos meteorológicos extremos. Más recientemente, 2015–2016 volvió a romper récords de temperatura global y confirmó que este fenómeno continúa siendo uno de los principales reguladores del clima terrestre.
¿Qué se espera para El Niño de 2026?
Tras el reciente periodo de condiciones neutras y el paso de La Niña, los modelos climáticos internacionales coinciden en que existe una alta probabilidad de que El Niño vuelva a desarrollarse durante 2026. Aunque todavía existe un margen de incertidumbre propio de esta etapa del año, varios centros de investigación consideran que las señales actuales justifican un seguimiento constante.

Especialistas como Francisco Estrada Porrúa, investigador del Programa de Investigación en Cambio Climático de la UNAM, señalan que el fenómeno podría alcanzar una intensidad de moderada a alta e incluso acercarse a los grandes eventos registrados en 1982, 1997 y 2015. Por su parte, la Organización Meteorológica Mundial mantiene la vigilancia sobre la evolución de las temperaturas del Pacífico, ya que será durante los próximos meses cuando pueda conocerse con mayor precisión el comportamiento que tendrá este nuevo episodio.
¿Cómo puede cambiar el clima del planeta?
Los efectos de El Niño no son iguales en todas partes. Mientras algunas regiones experimentan lluvias mucho más intensas de lo normal, otras atraviesan largos periodos de sequía o registran temperaturas excepcionalmente altas. En países como Perú y Ecuador suelen incrementarse las precipitaciones y el riesgo de inundaciones, mientras que Australia e Indonesia enfrentan con frecuencia condiciones más secas que favorecen incendios forestales y afectan la producción agrícola.

Además de modificar los patrones de lluvia, El Niño también puede alterar la pesca, afectar cultivos, favorecer olas de calor marinas y terrestres e incluso influir en la intensidad de otros fenómenos meteorológicos. Por esa razón, organismos internacionales consideran que comprender su evolución es fundamental para que gobiernos y comunidades puedan prepararse con anticipación y reducir los riesgos asociados a un clima cada vez más variable.

El regreso de El Niño recuerda que el clima del planeta está conectado de formas sorprendentes y que un cambio en la temperatura del océano puede desencadenar efectos a miles de kilómetros de distancia. Aunque todavía falta confirmar qué tan intenso será el episodio previsto para 2026–2027, las señales actuales invitan a seguir de cerca su evolución. La historia demuestra que este fenómeno puede transformar temporadas completas de lluvia, sequía y calor; ahora la gran pregunta es si el próximo evento se sumará a la lista de los más intensos jamás registrados o si la naturaleza volverá a sorprender con un comportamiento distinto.
Publicado por: Carolina Gutiérrez Argüelles
Fuente de esta noticia: https://ecoosfera.com/noticias/cada-cuanto-ocurre-fenomeno-el-nino/
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