
En abril, una empresa tecnológica llamada Just Like Me lanzó un avatar de Jesús generado por IA con el que la gente puede hablar, orar y pedir consejo espiritual por $1.99 el minuto. El avatar se entrenó con la Biblia King James y se inspiró en Jonathan Roumie, el actor que interpreta a Jesús en The Chosen. El director ejecutivo de la empresa declaró al noticiero The Associated Press: «Sientes que tienes cierta responsabilidad ante la IA. Es tu amigo. Has creado un vínculo».
Esa sensación de vínculo emocional no es una curiosidad aislada.
Cuatro de cada diez adultos de la generación Z y de la generación milenial afirman que el consejo espiritual de la IA es tan fiable como el de un pastor. Un tercio de los adolescentes ha hablado con un compañero de IA, en lugar de con un ser humano, sobre asuntos personales graves. El 39 % de la generación Z se saltaría o postergaría una visita al médico si la IA les dijera que sus síntomas son de bajo riesgo, confiando en un algoritmo para tomar decisiones que podrían tener consecuencias de vida o muerte. Y el 26 % de los adultos de la generación Z ha mantenido algún tipo de relación romántica o de compañía con un chatbot de IA.
Estas estadísticas no solo nos indican que a los jóvenes les gusta la IA. Nos revelan algo mucho más preocupante: una generación está aprendiendo a delegar decisiones que requieren sabiduría, el tipo de sabiduría que solo puede provenir de una relación con Dios, a una máquina que nunca la tendrá.
Como profesor de administración de empresas en una universidad cristiana, trabajo con estudiantes de esta generación, y estas cifras me preocupan profundamente. Hace tres mil años, un rey ya llevó a cabo este experimento y nos contó exactamente cómo acaba.
El experimento del Predicador
«Y apliqué mi corazón a buscar e investigar con sabiduría todo lo que se ha hecho bajo el cielo» (Ec 1:13). Este versículo se refiere al Predicador, probablemente Salomón. Pero conozco a algo más que hace exactamente lo mismo, cada día, a una escala infinita, sin descanso, sin quejarse y sin cansarse jamás.
El Predicador poseía una sabiduría extraordinaria otorgada por Dios, «más que todos los que estuvieron antes de mí sobre Jerusalén» (v. 16). Contaba con recursos ilimitados. Tenía acceso al mejor conocimiento disponible en el mundo antiguo. Así, se embarcó en lo que solo puede describirse como un experimento sistemático: ¿pueden la sabiduría, el placer, los logros, el trabajo o la riqueza, buscados con pleno acceso a todos los recursos bajo el sol, producir una vida significativa?
La expresión «bajo el sol» aparece casi treinta veces en Eclesiastés, y es la clave para comprender todo el libro. Tim Keller, en el libro Toda buena obra, interpretó que «bajo el sol» describe nuestra visión del mundo cuando dejamos a Dios fuera de la ecuación, una vida evaluada dentro de un sistema cerrado que excluye los propósitos eternos de Dios.
Ya sea que las observaciones de Salomón representen un experimento mental deliberado, una etapa de alejamiento de Dios o algo más, el resultado es el mismo: aun la sabiduría extraordinaria, aplicada dentro de un sistema cerrado que excluye el temor del Señor, no produce más que vapor y dolor (Ec 1:18).
La IA opera bajo la misma limitación. Posee un extraordinario poder analítico, pero está encerrada en un marco cerrado, «bajo el sol», sin capacidad para acceder a lo que está por encima de ella. El Predicador llega finalmente al temor del Señor (Ec 12:13). La IA nunca lo hará.
La eternidad en sus corazones
Eclesiastés no solo nos muestra el problema. Nos revela algo sobre lo que significa ser humanos. Esto es crucial para el diálogo sobre la IA.
«Él ha hecho todo apropiado a su tiempo. También ha puesto la eternidad en sus corazones, sin embargo, el hombre no descubre la obra que Dios ha hecho desde el principio hasta el fin» (3:11). Todo ser humano, sea cristiano o no, intuye que hay algo más allá de lo que tiene por delante. Existe un anhelo por algo más allá del sistema terrenal. Esto forma parte de lo que Calvino denomina el sensus divinitatis, el sentido innato de lo divino que todos los seres humanos poseen.
Aun la sabiduría extraordinaria, aplicada dentro de un sistema cerrado que excluye el temor del Señor, no produce más que vapor
Pero fíjate en la segunda parte del versículo: no podemos satisfacer ese anhelo por nosotros mismos. Necesitamos que Dios se nos revele.
Aquí es donde una persona en Cristo tiene algo cualitativamente diferente: no una inteligencia superior, sino una conexión relacional con Dios a través del Espíritu Santo que moldea activamente la forma en que procesa la información y toma decisiones. A través del evangelio, el creyente «se va renovando hacia un verdadero conocimiento, conforme a la imagen de Aquel que lo creó» (Col 3:10). Esa renovación es lo que da al cristiano acceso a una sabiduría que ningún procesamiento de datos puede replicar.
Consideremos la IA a la luz de esto. La IA no tiene la eternidad en su corazón. Ni siquiera siente ese anhelo.
La postura de la sabiduría
Entonces, ¿cómo es que un cristiano procesa la información, ya sea procedente de la IA o de cualquier otra fuente, a través de su relación con Dios?
El Predicador dice:
Guarda tus pasos cuando vas a la casa de Dios, y acércate a escuchar en vez de ofrecer el sacrificio de los necios, porque estos no saben que hacen el mal.
No te des prisa en hablar,
Ni se apresure tu corazón a proferir palabra delante de Dios.
Porque Dios está en el cielo y tú en la tierra;
Por tanto sean pocas tus palabras (Ec 5:1-2).
Cuando te presentes ante Dios, debes escuchar. No te precipites a hablar. No seas impulsivo. La actitud de la sabiduría es el silencio, la receptividad y la humildad. La IA adopta la actitud opuesta. La IA genera sin cesar. Nunca calla. Nunca escucha. Nunca espera. Nunca dice: «Que tus palabras sean pocas».
Cuando los cristianos se acercan a Dios en oración —callando sus pensamientos, escuchando y esperando a que Dios hable— su actitud les recuerda que ellos no son la fuente de la sabiduría. Dios lo es.
Esos cristianos procesan la información preguntando: «Señor, muéstrame lo que no estoy viendo». Lo contrastan con las Escrituras: «¿Qué me dice el carácter de Dios sobre lo que realmente importa aquí?». Escuchan la convicción del Espíritu Santo: «¿Hay algo que estoy racionalizando para ignorarlo?». Ellos toman decisiones siendo conscientes de su responsabilidad no solo ante sus partes interesadas, sino ante su Señor.
Así es como se manifiesta la sabiduría en la práctica. No se trata de un análisis más inteligente ni de un mejor procesamiento de la información, sino de pensar en relación con Dios, a través de las Escrituras, la oración y la iluminación del Espíritu.
Cuando los caminos de Dios son más elevados
Y luego está esto, la idea más importante para el debate sobre la IA:
«Porque Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes,
Ni sus caminos son Mis caminos», declara el SEÑOR.
«Porque como los cielos son más altos que la tierra,
Así Mis caminos son más altos que sus caminos,
Y Mis pensamientos más que sus pensamientos» (Is 55:8-9).
Y Proverbios nos enseña:
Confía en el SEÑOR con todo tu corazón,
Y no te apoyes en tu propio entendimiento.
Reconócelo en todos tus caminos,
Y Él enderezará tus sendas (Pr 3:5-6).
Tu análisis racional, sin el apoyo de la voluntad revelada de Dios, podría indicarte una cosa. Dios podría llamarte a algo completamente distinto. Esa obediencia, esa disposición a seguir la sabiduría de Dios incluso cuando contradice tu propia lógica, es la forma más profunda de sabiduría.
La IA es un sistema hiperracional. Procesa información y optimiza los resultados que tienen sentido lógico dentro de su marco. Pero nunca te dirá que perdones a alguien setenta y siete veces (Mt 18:22). Nunca te llamará a amar a tu enemigo (Mt 5:44). Nunca te hará ver que tu ira justificada está a punto de destruir algo más precioso que tu orgullo. ¿Por qué? Porque esos llamados no tienen sentido lógico dentro de un sistema cerrado.
Solo tienen sentido si mantienes una relación con Alguien que ve más allá del sistema, Alguien cuyos caminos son más altos que los nuestros y cuyos pensamientos son más elevados que los nuestros.
Lo que está en juego para la próxima generación
Esto me lleva a la preocupación que me quita el sueño como educador cristiano.
Una de mis mayores preocupaciones es que estamos a punto de dar la bienvenida a una generación de estudiantes que nunca conocerá un mundo sin IA, y que se verá sutil y silenciosamente tentada a permitir que la IA corte de raíz el proceso mismo a través del cual Dios los moldea para convertirlos en personas sabias.
El Predicador puso a prueba todas las estrategias bajo el sol y descubrió que todas eran como el vapor. Lo único que perduró fue el temor del Señor
Cada vez que una cristiana lleva una decisión ante Dios en oración, cada vez que escucha la convicción del Espíritu Santo, lucha con las Escrituras y elige la obediencia por encima de una racionalidad cómoda, está siendo santificada. Está aprendiendo, a través de la experiencia vivida, que la sabiduría de Dios funciona, que el perdón produce más plenitud que el juicio, que la gracia crea vínculos más fuertes que solo la rendición de cuentas, y que la vida cruciforme, aunque parezca una locura para el mundo, es el camino hacia la sabiduría auténtica.
Esto no se puede automatizar. No se puede externalizar. No se puede sustituir por un chatbot, por muy sofisticado que sea desde el punto de vista teológico, ni por mucho que se parezca al actor de The Chosen.
Si un joven cristiano aprende a recurrir a la IA en busca de respuestas en lugar de acudir a Dios, si obtiene proposiciones teológicamente correctas de un algoritmo sin luchar jamás con Dios en la oración, sin experimentar jamás la convicción del Espíritu Santo, sin aprender jamás a obedecer cuando la obediencia no tiene sentido, tendrá información, pero no sabiduría. Tendrá datos sobre Dios, pero no conocimiento de Dios. Confundirá el resplandor de una pantalla con la gloria de Dios.
La conclusión
La conclusión, cuando todo se ha oído, es esta:
Teme a Dios y guarda Sus mandamientos,
Porque esto concierne a toda persona (Ec 12:13).
El Predicador puso a prueba todas las estrategias que existían bajo el sol y descubrió que todas eran como el vapor. Lo único que perduró, lo único que traspasó el techo, fue el temor del Señor. Eso era cierto hace tres mil años, y no ha cambiado.
Los jóvenes necesitarán saber cómo utilizar la IA a un alto nivel. Pero, más aún, necesitarán ser capaces de utilizarla sin que ella los domine. Como líderes cristianos, no podemos darnos el lujo de ignorar este momento. La generación que ahora mismo se sienta en nuestros bancos, en nuestras mesas y en nuestras aulas está aprendiendo a confiar en las máquinas para tomar decisiones que requieren la sabiduría que solo Dios puede dar. Aquellos de nosotros que les enseñamos, les orientamos y les formamos como discípulos tenemos la responsabilidad de mostrarles de dónde viene realmente la sabiduría.
Por $1.99 el minuto, ahora puedes orar con un Jesús impulsado por IA. Te citará las Escrituras. Sonará compasivo. Recordará tu nombre. Pero nunca te conocerá, y nunca podrá darte lo que solo el verdadero Jesús puede darte. Porque la sabiduría nunca ha venido de debajo del sol. Siempre, y únicamente, ha venido de arriba.
Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga.
Darin White
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/antes-usar-ia-eclesiastes/
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