
Durante años, proteger a una especie parecía resumirse en una pregunta sencilla. ¿Cuántos individuos quedan? Pero una nueva corriente científica está cambiando esa forma de mirar la vida salvaje. No basta con contar elefantes, ballenas, bisontes o peces. También importa su edad.
La idea se llama «conservación de la longevidad» y parte de una conclusión incómoda. Cuando desaparecen los animales más viejos, no solo se pierde un cuerpo más dentro de una población. Se puede perder memoria, experiencia, rutas de migración, conocimiento sobre el agua, estabilidad social y capacidad reproductiva. Y eso, en plena crisis de biodiversidad, no es poca cosa.
No basta con contar animales
La investigación publicada en Science revisa cómo los animales más veteranos cumplen funciones que muchas veces pasan desapercibidas. Son los que han sobrevivido a sequías, cambios de hábitat, depredadores, enfermedades y presión humana. Esa experiencia no aparece en un simple censo.
En el fondo, lo que plantean los autores es un cambio de enfoque. Una población con 100 animales jóvenes no funciona igual que otra con 100 individuos de edades distintas. La pirámide de edades también cuenta, igual que ocurre en una sociedad humana.
El estudio explica que los individuos viejos suelen aportar más a la reproducción, a la transmisión de información y a la resistencia del grupo frente a problemas naturales o causados por el ser humano. Hasta ahora, muchas políticas se han fijado más en el número total que en esa estructura interna.
La memoria que salva vidas
Pocas imágenes lo explican mejor que una elefanta matriarca durante una sequía. En algunos grupos, las hembras más mayores pueden recordar zonas de agua o alimento que vieron décadas atrás. Para una cría, esa memoria puede marcar la diferencia entre vivir o morir.
Un estudio sobre elefantes en Tanzania ya apuntó en esa dirección. Durante una sequía severa en 1993, los grupos que abandonaron el parque en busca de comida y agua tuvieron matriarcas de más edad que el grupo que permaneció en la zona más afectada. Los investigadores plantearon que aquellas hembras pudieron aprovechar recuerdos de sequías anteriores.
Algo parecido ocurre en el mar. Las orcas y otros cetáceos dependen en gran medida de rutas, zonas de alimentación y comportamientos aprendidos. Si una ballena vieja desaparece, el grupo no pierde solo una madre o una abuela. Puede perder una brújula viva.
Los gigantes que alimentan el suelo
Los animales mayores también sostienen ecosistemas de formas mucho menos visibles. Bisontes, hipopótamos y elefantes grandes mueven semillas, fertilizan suelos y abren espacios en la vegetación. A veces lo hacen con algo tan sencillo como caminar, alimentarse y dejar sus excrementos en el paisaje.
Puede sonar poco épico, pero es una función enorme. El estiércol ayuda a reciclar nutrientes y a transportar semillas a largas distancias. En la práctica, un animal viejo y grande puede estar manteniendo parte de la fertilidad de una pradera o la dinámica de un río sin que nadie lo note a simple vista.
En los peces, el problema se entiende aún mejor. Muchas especies siguen creciendo durante gran parte de su vida. Las hembras grandes y viejas pueden producir muchos más huevos, y a menudo huevos de mayor calidad, que los ejemplares jóvenes. Si la pesca se lleva siempre los más grandes, puede estar quitando justo el motor reproductivo de la población.
El error de considerarlos reemplazables
Durante mucho tiempo se ha pensado que un animal viejo, por estar cerca del final de su vida reproductiva, era más fácil de reemplazar. Esa idea está empezando a quedarse corta. Y bastante.
El problema es que la caza de trofeos, la pesca comercial y algunas actividades recreativas suelen fijarse precisamente en los individuos más grandes, con colmillos, cuernos, melenas o cuerpos más impresionantes. Muchas veces esos rasgos son señales de edad, dominio y experiencia. Es decir, justo lo que el grupo necesita conservar.
La pérdida puede tener efectos en cadena. En leones, por ejemplo, retirar a un macho adulto puede alterar la estructura del grupo. En elefantes, la falta de machos mayores se ha relacionado con comportamientos más agresivos en jóvenes. La naturaleza no siempre se rompe de golpe. A veces se desordena poco a poco.
La UICN ya ha movido ficha
Este debate ya no se queda solo en los laboratorios. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) reconoció este enfoque con la adopción de la Moción 113 en su Congreso Mundial de 2025, celebrado en Abu Dabi. La propuesta pide reforzar la planificación para preservar poblaciones con una estructura natural de edades.
La propia moción señala que las actividades humanas han reducido las clases de edad más viejas en muchas poblaciones silvestres. También pide más datos sobre edad, mejores métodos para detectar esa pérdida de longevidad y medidas que eviten la muerte innecesaria de los individuos más veteranos.
El ecólogo R. Keller Kopf, de la Universidad Charles Darwin, lo resumió con una frase clara. «Los animales mayores no son solo supervivientes, son pilares ecológicos», afirmó. Según explicó, muchas políticas actuales aún no reconocen ni protegen bien ese papel.
Qué cambia a partir de ahora
La conservación de la longevidad no significa proteger solo a los animales viejos y olvidarse de los jóvenes. Significa mirar la población completa, como un sistema con memoria, reproducción, aprendizaje y vínculos sociales. Una especie no es solo una cifra en una tabla.
En la práctica, esto puede traducirse en límites de pesca que no eliminen siempre los ejemplares más grandes, normas de caza más estrictas, áreas protegidas conectadas y seguimientos demográficos por edad. También exige paciencia. Un elefante, una ballena o un esturión no se reemplazan en dos temporadas.
¿Qué significa esto para la conservación moderna? Que salvar una especie no consiste únicamente en evitar que llegue a cero. También consiste en mantener su forma de vivir, aprender y sobrevivir. Si desaparecen los mayores, el grupo puede seguir ahí durante un tiempo. Pero quizá ya no sepa el camino.
El estudio completo, titulado «Loss of Earth’s old, wise, and large animals», ha sido publicado en la revista Science.
La entrada Científicos descubren que el elefante más viejo de la manada no es un estorbo sino su memoria viva: cuando muere, el grupo pierde para siempre el mapa de los puntos de agua y tardará décadas en tener a otro que lo recuerde se publicó primero en ECOticias.com.
Adrián Villellas
Fuente de esta noticia: https://www.ecoticias.com/naturaleza/cientificos-descubren-que-el-elefante-mas-viejo-de-la-manada-no-es-un-estorbo-sino-su-memoria-viva-cuando-muere-el-grupo-pierde-para-siempre-el-mapa-de-los-puntos-de-agua-y-tardara-decadas-en-tener
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