
La FAO alerta que los precios del fertilizante subieron un 60% en Brasil y un 52% en EE.UU., que un tercio del comercio global de fertilizantes está bloqueado y que el mundo enfrenta la peor disrupción de las cadenas de suministro desde el COVID-19 y la guerra en Ucrania. El reloj corre y el plazo para evitar una catástrofe agrícola se agota.
Las palabras del secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, pronunciadas ante el Consejo de Seguridad este lunes 27 de abril, recorrieron el mundo en cuestión de horas y se convirtieron en una de las búsquedas más intensas del día en Google a nivel global: «El impacto económico ha sido inmediato y todos estamos pagando el precio: una aguda volatilidad en los mercados de energía y materias primas, el aumento vertiginoso de los costos de transporte y seguros, y la peor interrupción de la cadena de suministro desde el COVID-19 y la guerra en Ucrania. Estas presiones se están convirtiendo en tanques de combustible vacíos, estantes vacíos y platos vacíos.» La declaración fue formulada en el contexto de la sesión de emergencia sobre el Estrecho de Ormuz, donde diplomáticos de decenas de países exigieron la reapertura del corredor marítimo estratégico, bloqueado desde el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron operaciones militares contra Irán. La resolución del Consejo para forzar la reapertura fue bloqueada por el veto de China y Rusia.
La dimensión de la crisis energética y alimentaria que se está desplegando supera lo que la mayoría de los ciudadanos del mundo alcanza a percibir en su vida cotidiana, pero sus efectos ya se sienten en los mercados globales de alimentos. El Estrecho de Ormuz es, bajo condiciones normales, el corredor por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo global, el 20% del gas natural licuado del mundo y — dato que rara vez se menciona en los medios — nada menos que un tercio de todo el fertilizante que se comercia globalmente por vía marítima. Esta última cifra es la que más preocupa a los expertos en seguridad alimentaria: sin fertilizantes, los agricultores de todo el mundo no pueden sembrar; sin siembra, la próxima cosecha se reduce; sin cosecha, los alimentos escasean y sus precios se disparan. La FAO, la agencia de Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura, advirtió que existe una ventana de apenas 90 días para actuar antes de que los riesgos «escalen significativamente, afectando las decisiones de siembra global para 2026 y más allá».
Los números específicos que circulan esta semana en los mercados internacionales son impactantes. Los precios del fertilizante de urea granular de Oriente Medio subieron un 20% en la primera semana del conflicto; para mediados de abril, los precios de la urea aumentaron un 52% en los Estados Unidos y un 60% en Brasil, el mayor exportador mundial de soja y uno de los países más dependientes de fertilizantes importados para sostener su producción agrícola. Se estima que entre 1,5 y 3 millones de toneladas mensuales de fertilizantes han sido bloqueadas o desviadas, lo que compromete directamente la productividad agrícola en toda la cadena global. India y Bangladesh han reducido o paralizado la producción en múltiples plantas productoras de urea por falta de insumos energéticos. China instruyó a sus exportadores en marzo de suspender envíos de fertilizantes nitrogenados y potásicos para proteger sus propios stocks domésticos.
Para el MERCOSUR, esta crisis tiene dimensiones especialmente relevantes. La guerra EE.UU.-Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz pusieron en valor la posición energética de Argentina como proveedor alternativo de gas natural a través de Vaca Muerta, acelerando las conversaciones para exportaciones de GNL a Europa y posicionando al país como un actor estratégico en la nueva arquitectura energética global. Al mismo tiempo, el alza de precios del fertilizante afecta negativamente la competitividad agrícola de Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, países que producen soja, maíz, trigo y carne para los mercados globales. La FAO estima que los costos de producción agrícola en América del Sur podrían aumentar entre un 15 y un 25 por ciento en la próxima temporada si el bloqueo se mantiene, un golpe significativo para economías que dependen de las exportaciones agropecuarias como fuente central de divisas.
Irán propuso esta semana un nuevo acuerdo para reabrir el Estrecho: la oferta de Teherán plantea el levantamiento del bloqueo naval estadounidense de sus puertos a cambio de suspender sus controles de tránsito en el estrecho, postergando las negociaciones sobre el programa nuclear para una etapa posterior. Según reportes de Axios, el presidente Trump no parece dispuesto a aceptar estos términos, y se espera que convoque una reunión de emergencia en la Sala de Situación de la Casa Blanca para evaluar las opciones. El canciller iraní Abbas Araghchi viajó hoy a Moscú para reunirse con el presidente Putin, en un movimiento que refuerza la dimensión geopolítica del conflicto. Mientras tanto, según un correo interno del Pentágono filtrado a la prensa, la administración Trump considera sancionar a aliados europeos —incluido el posible bloqueo de España en la OTAN— por no haber respaldado militarmente las operaciones en Irán, una medida que, de ejecutarse, marcaría el mayor quiebre de la alianza atlántica desde su fundación en 1949.
Para los millones de personas que buscaron hoy en Google términos como «crisis alimentaria mundial», «precio del fertilizante» y «Estrecho de Ormuz», la realidad que se oculta detrás de los titulares de la guerra en el Golfo es esta: cada día adicional de bloqueo acerca al mundo a un umbral de perturbación alimentaria cuyas consecuencias afectarán desproporcionadamente a los países más pobres del planeta, aquellos que menos contribuyeron al conflicto y que cuentan con menos recursos para protegerse de sus efectos. La FAO, el Programa Mundial de Alimentos y múltiples organizaciones humanitarias piden con urgencia la apertura humanitaria del estrecho al menos para los cargamentos de fertilizante, alimentos y medicamentos. La geopolítica, de momento, no escucha.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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