El ruido de fondo en la educación uruguaya ya no es solo el de los recreos o el tiza contra el pizarrón. Es el zumbido silencioso de cientos de notificaciones que compiten por la atención de los estudiantes. Mientras el mundo acelera hacia restricciones cada vez más severas, Uruguay dejó atrás el debate abstracto y comenzó a ensayar soluciones concretas. Algunas son de baja tecnología, como simples canastos de plástico en la entrada del salón. Otras, de alta sofisticación, como fundas magnéticas que bloquean los dispositivos. Y mientras tanto, en el Parlamento se cocina una ley que podría unificar criterios en todo el país.
La discusión sobre los celulares en el aula Uruguay mutó. Ya no se pregunta solo si distraen o no. La pregunta ahora es buscar una solución sin generar una rebelión adolescente y sin perder los beneficios de la inclusión digital que el Plan Ceibal trajo hace casi dos décadas.
Uruguay, el segundo país del mundo donde más cuesta mantener la atención
Un reciente estudio de la Fundación Manantiales con casi 1.000 adolescentes uruguayos reveló una realidad que padres y docentes ya intuían: dos de cada tres jóvenes utilizan el teléfono en clase y tres de cada cuatro reconocen que esto afecta su capacidad de concentración. Los datos, presentados en 2025, muestran también que el 20% ha sufrido ciberacoso y el 41% duerme menos por el uso de dispositivos. Esta fotografía se complementa con un informe de la UNESCO del mismo año, que advierte que el diseño adictivo de plataformas como TikTok compite con la atención necesaria para aprender, y que el número de países que restringen el celular en las aulas creció del 30% al 40%.
Las pruebas PISA 2022 dejaron un dato escalofriante para el sistema educativo local. Uruguay se ubicó en el segundo lugar entre 80 países en nivel de distracción atribuida al uso de celulares, solo por detrás de Chile. Más del 50% de los estudiantes uruguayos reportaron que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales en la mayoría de las clases de matemáticas. El dato es aún más grave si se considera que, según el propio informe de la OCDE, los estudiantes que usan el celular para ocio más de una hora diaria en la escuela obtienen más de nueve puntos menos en matemáticas.
La directora de un liceo de Montevideo, que prefirió mantener el anonimato para no entorpecer las negociaciones internas con los gremios docentes, explicó la situación con crudeza. “El problema no es el celular como herramienta. El problema es TikTok, es Instagram, son los grupos de WhatsApp donde se arman peleas que después entran por la puerta del liceo. Nosotros no podemos competir con un algoritmo diseñado para secuestrar la atención”.
Esa es la gran diferencia que los expertos señalan una y otra vez. No se trata de una simple distracción. Los teléfonos inteligentes actuales están construidos sobre principios de psicología conductual que favorecen la gratificación instantánea y la interrupción constante. La UNESCO lo advirtió en su último informe global: plataformas como TikTok, con su formato de vídeos cortos y verticales, pueden influir negativamente en la capacidad de concentración sostenida necesaria para el aprendizaje profundo.
Canastos, cajas y fundas magnéticas: lo que ya funciona en los liceos uruguayos
Lejos de las discusiones teóricas, varios centros educativos tomaron el toro por las astas. El Colegio Santa Elena se convirtió en un caso de estudio nacional después de implementar desde marzo de 2025 la restricción total del uso de celulares durante toda la jornada. Los estudiantes depositan sus dispositivos en un “estacionamiento” al ingresar y los recuperan al salir. La medida fue evaluada por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEEd) y los números hablan solos: el 94% de las familias apoya la iniciativa y el 73% de los docentes también. Entre los estudiantes, el 45% reconoció que presta más atención y aprende mejor.
Pero el hallazgo más interesante del estudio del INEEd es quizás el menos esperado. Los recreos se volvieron más sociales. Los jóvenes comenzaron a conversar cara a cara, a jugar juegos de mesa improvisados y a practicar deportes. La soledad frente a la pantalla dio paso a interacciones que muchos educadores daban por perdidas.
En el Liceo Nº 3 de Paysandú, la experiencia fue similar pero con un origen diferente. El director, Ruben Borthagaray, contó que la decisión de pedir a los alumnos que dejaran los celulares en una caja al ingresar no nació de una teoría pedagógica, sino de la necesidad de frenar los conflictos de convivencia. Las peleas que comenzaban en grupos de WhatsApp a altas horas de la noche se trasladaban al día siguiente al liceo. “Los problemas estallaban a las dos de la madrugada, cuando las familias pensaban que sus hijos estaban seguros en sus habitaciones”, explicó una directora de Rocha en el informe de Ceibal. Hoy, más de 30 centros educativos en todo el país adoptaron algún tipo de restricción.
La innovación más reciente llegó de la mano de la tecnología. Tres colegios privados de Montevideo comenzaron a probar fundas magnéticas que bloquean por completo los teléfonos durante el horario de clase. El sistema, similar al que se utiliza en algunos conciertos y eventos masivos, se activa al ingresar al aula y se desactiva al salir. Es una solución intermedia que evita la tentación sin necesidad de confiscar los dispositivos.
El Parlamento debate una ley nacional mientras el gobierno analiza
La disparidad de criterios entre los distintos centros llevó a que el tema llegara al Parlamento. En febrero de 2025, un grupo de legisladores encabezados por el diputado Maximiliano Campo (Partido Colorado) presentó un proyecto de ley que busca prohibir el uso de celulares y otros dispositivos electrónicos personales sin fines pedagógicos durante clases, recreos e intervalos. La iniciativa dio un paso clave el 16 de febrero de 2026, cuando fue aprobada en general por la Cámara de Diputados. Sin embargo, para convertirse en ley debe ser estudiada y aprobada también por la Cámara de Senadores, instancia que aún no se pronunció.
Mientras el Congreso define su postura, el Poder Ejecutivo mantiene un perfil más cauto. El presidente de la ANEP, Pablo Caggiani, defendió un enfoque gradual en una entrevista con el programa “Arriba Gente” el pasado 20 de febrero. “Uruguay tiene la particularidad, a diferencia de otros países, que tiene una agencia, que es Ceibal, que se dedica efectivamente a distribuir dispositivos, pero también plataformas y a abordar los temas de ciudadanía digital”, argumentó. Para Caggiani, la solución no puede ser una prohibición general sin considerar que el país invirtió millones de dólares en conectar a cada estudiante con una computadora y luego con un plan de conectividad.
El ministro de Educación y Cultura, José Carlos Mahía, se inclina por una regulación flexible. “A priori, personalmente, me inclino por una concepción reguladora y no prohibicionista”, afirmó el pasado febrero en una conferencia de prensa, defendiendo que los estudiantes puedan utilizar herramientas digitales para acceder a información en tiempo real. Sin embargo, reconoció que la evidencia internacional sobre los efectos negativos de los celulares en el aprendizaje es abrumadora.
El mundo ya eligió: prohibir o regular, pero intervenir sin falta
Fuera de Uruguay, la paciencia se agotó mucho antes. Según el último Informe GEM de la UNESCO, 79 sistemas educativos en el mundo ya adoptaron leyes o políticas que prohíben el uso de teléfonos inteligentes en las escuelas. Eso representa aproximadamente el 40% de los sistemas educativos analizados. La cifra se multiplicó en los últimos tres años.
Francia fue el pionero con su ley de 2018, que ahora se amplió para exigir dispositivos apagados y guardados desde los 11 hasta los 15 años. El Ministerio de Educación francés justificó la medida afirmando que “en un momento en que el uso de pantallas se cuestiona ampliamente debido a sus numerosos efectos nocivos, esta medida es esencial para el bienestar y el éxito escolar de nuestros niños”. La profesora Ida Peters, de una escuela secundaria en los Países Bajos, donde la prohibición abarca aulas, pasillos y comedores, lo resume con una imagen simple: “Como maestra, siempre intentas captar la atención de los alumnos. Siempre es un reto conseguir esa concentración en clase, y ahora que los teléfonos están menos presentes, eso sin duda ayuda”.
Chile aplica desde 2026 la Ley 21.801, que prohíbe el uso de teléfonos celulares durante las actividades curriculares en educación básica y media. Brasil también se sumó con una norma nacional que veta celulares en aulas para estudiantes de 4 a 17 años. El comunicado presidencial brasileño fue contundente: “El objetivo es salvaguardar la salud mental, física y psíquica de los niños y adolescentes”.
La otra cara de la moneda: cuando prohibir no alcanza o incluso puede ser contraproducente
Sin embargo, no todas las investigaciones avalan las prohibiciones radicales. Un estudio realizado en Suecia no encontró diferencias significativas en las calificaciones tras un año de aplicación de restricciones al uso de móviles en las escuelas. Más inquietante aún es un informe del Departamento de Educación de Estados Unidos que reveló que las escuelas con prohibiciones totales registraban un mayor porcentaje de casos de ciberacoso diario o semanal que aquellas sin restricciones. La explicación posible es que al llevar el conflicto fuera del horario escolar, se vuelve más difícil de detectar y abordar por parte de los docentes.
La profesora Marcela Jarpa, directora de la Escuela de Pedagogía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, advirtió que la prohibición por sí sola no resuelve el problema de fondo. “No se trata simplemente de retirar los dispositivos. Hay que educar en la gestión de la atención y articular estrategias didácticas que aprovechen lo digital cuando sea pertinente”.
En Uruguay, la Sociedad Uruguaya de Pediatría ya se pronunció a favor de regular el uso de pantallas en el ámbito educativo, pero también en el hogar. Los pediatras advierten que la exposición excesiva a dispositivos móviles está asociada a trastornos del sueño, ansiedad y dificultades en el desarrollo de habilidades sociales. Un estudio de 2025 en estudiantes universitarios latinoamericanos encontró que el 37% presentaba algún grado de adicción a la tecnología, vinculada directamente a un bajo rendimiento académico.
El camino uruguayo, entonces, no será sencillo. No puede ser una copia de lo que hacen Francia o Chile porque el Plan Ceibal atraviesa cada aula del país. Pero tampoco puede ignorar que la evidencia científica se acumula sin pausa. La discusión sobre los celulares en las escuelas se convirtió, en el fondo, en una discusión sobre qué tipo de atención queremos cultivar en las próximas generaciones. Y esa pelea, a diferencia de lo que muchos creen, no se gana solo con una ley.
Redacción
Fuente de esta noticia: https://www.xn--lamaana-7za.uy/actualidad/adios-al-celular-en-clase-canastos-fundas-magneticas-y-una-ley-lo-que-ya-prueba-uruguay-mientras-la-ciencia-endurece-su-postura/
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