
Presidente de Colombia , Gustavo Petro y el Ex ministro de hacienda, Jose Antonio Ocampo, muy cuestionado
El presidente de Gustavo Petro desató una de las confrontaciones más agudas de su mandato al responder públicamente a un mensaje del exministro de Hacienda José Antonio Ocampo, en un intercambio que rápidamente escaló desde el desacuerdo técnico hasta una ruptura política de alto calibre.
El origen del choque fue la defensa que hizo Ocampo de la decisión del Banco de la República de mantener una política de tasas de interés elevadas, una postura que el actual gobierno ha cuestionado por sus efectos sobre el crecimiento, el empleo y el acceso al crédito. Sin embargo, la respuesta del mandatario no se limitó a un debate sobre política monetaria, sino que abrió un frente mucho más amplio sobre las responsabilidades en el manejo fiscal del país.
En un mensaje extenso y de tono inusualmente severo, Petro responsabilizó directamente a su exministro por el origen del déficit primario, asegurando que este se produjo por decisiones que, a su juicio, comprometieron de manera innecesaria las finanzas públicas. Entre ellas, señaló la continuidad del subsidio a la gasolina heredado del gobierno de Iván Duque, el cual, según cifras expuestas por el propio presidente, acumuló un costo cercano a los 70 billones de pesos en apenas tres años.
El jefe de Estado sostuvo que esa carga fiscal, lejos de ser corregida, se profundizó con nuevas decisiones que terminaron ampliando el desequilibrio. En ese sentido, también vinculó al exministro José Manuel Restrepo, al afirmar que ambos impulsaron subsidios a los hidrocarburos que hoy superan el tamaño del propio déficit primario, estimado en 63 billones de pesos. Según Petro, de no haberse adoptado esas medidas, Colombia estaría hoy en una posición de equilibrio fiscal y enfrentaría un costo de deuda considerablemente menor.
Pero más allá de los cuestionamientos técnicos, el presidente introdujo un elemento político al acusar a Ocampo de haber actuado sin informar a la jefatura de Estado sobre decisiones clave, una afirmación que sugiere fracturas profundas en la coordinación interna durante los primeros meses del gobierno. La crítica se extendió además a la composición de la junta directiva del Banco Central, donde Petro atribuyó al exministro haber recomendado perfiles que considera abiertamente contrarios a la agenda del Ejecutivo.
En uno de los pasajes más contundentes, el mandatario expresó arrepentimiento por haber confiado en Ocampo, y fue más allá al pedir disculpas al país, calificando su nombramiento como un error de juicio. La declaración no solo marca distancia política, sino que también redefine la narrativa sobre el arranque de su administración, en la que el exministro había sido presentado como una figura clave de equilibrio y credibilidad ante los mercados.
La tensión escaló aún más cuando Petro cuestionó abiertamente a la mayoría de la junta del Banco de la República, acusándola de desconocer fallos de la Corte Constitucional al no priorizar el empleo y la producción en sus decisiones. En esa línea, advirtió que el gobierno tomará medidas frente a lo que considera una desviación del mandato institucional del banco.
El presidente incluso recurrió a comparaciones internacionales para ilustrar su preocupación, al señalar que políticas similares a las adoptadas en Colombia fueron implementadas por el Banco Central Europeo durante la crisis de Grecia, un episodio que, según afirmó, derivó en profundas consecuencias sociales y políticas. La referencia no es menor, ya que introduce un tono de advertencia sobre los riesgos de una eventual crisis prolongada si no se corrige el rumbo económico.
En paralelo, Petro delineó un nuevo eje de alianzas al interior de la economía nacional, al anunciar un acercamiento con sectores del empresariado que, en su visión, estén comprometidos con la producción y el empleo. Este giro busca reforzar su narrativa de defensa de la economía real frente a lo que ha descrito como intereses financieros que priorizan la rentabilidad de la deuda pública.
El mandatario cerró su intervención con un mensaje político directo hacia Ocampo, recordando su derrota en las elecciones de 2022 y cuestionando su papel dentro del gobierno. La afirmación subraya el trasfondo electoral de la disputa y evidencia que el conflicto ya no se limita al terreno técnico, sino que se inscribe en una pugna más amplia por la legitimidad y el rumbo del país.
La confrontación deja al descubierto no solo un choque de visiones sobre la política económica, sino también las tensiones internas que han marcado la evolución del gobierno desde sus inicios. En un contexto de desaceleración económica y creciente presión social, el enfrentamiento entre el presidente y quien fuera su principal responsable de las finanzas públicas anticipa un debate aún más intenso sobre el modelo económico que Colombia adoptará en los próximos años.