La caldera de Kikai, ubicada al sur de Japón, vuelve a ser protagonista en la investigación científica tras descubrirse que su reservorio de magma se está recargando miles de años después de su última gran erupción. Este hallazgo no solo arroja luz sobre este sistema volcánico submarino, sino también sobre el comportamiento de otros supervolcanes como Yellowstone o Toba. Comprender cómo se acumula el magma es clave para anticipar procesos volcánicos a largo plazo. Aunque el fenómeno ocurre en escalas de miles de años, sus implicaciones científicas son inmediatas.
¿Qué es la caldera de Kikai y por qué es importante?
Hace aproximadamente 7.300 años, la caldera de Kikai protagonizó la mayor erupción del Holoceno, conocida como Kikai-Akahoya. Fue un evento de enorme magnitud (VEI 7) que expulsó más de 100 km³ de material volcánico, alterando profundamente el entorno del sur de Japón. Tras la erupción, el vaciamiento de la cámara magmática provocó el colapso del terreno, formando la caldera actual, en gran parte sumergida.

Este tipo de estructuras, conocidas como supervolcanes, tienen la capacidad de generar erupciones extremadamente explosivas. Por eso, entender su dinámica interna no es solo un reto científico, sino una necesidad para mejorar los modelos de predicción volcánica. La caldera de Kikai representa un laboratorio natural único para estudiar estos procesos.
¿Cómo detectaron el nuevo reservorio de magma?
Un equipo liderado por el geofísico Seama Nobukazu, de la Universidad de Kobe, realizó un estudio utilizando tomografía sísmica marina. Para ello, emplearon cañones de aire que generan ondas sísmicas artificiales y una red de sismómetros en el fondo oceánico. Estas ondas permiten “ver” el interior de la corteza terrestre al analizar cómo se propagan a través de distintos materiales.

(a) Resultados observados
(b) Interpretación: cómo se inyecta nuevo magma (melt) desde abajo después de la gran erupción de hace 7.300 años, rellenando el reservorio a 2.5–6 km de profundidad.
Los resultados revelaron una zona de baja velocidad sísmica a profundidades de entre 2,5 y 6 km bajo la caldera, lo que indica la presencia de magma parcialmente fundido. Este reservorio coincide en tamaño y ubicación con el que alimentó la erupción de hace 7.300 años, lo que sugiere que se trata del mismo sistema volcánico reactivándose gradualmente.
El origen del nuevo magma bajo la caldera de Kikai
Uno de los descubrimientos más relevantes es que el magma actual no es un residuo de la antigua erupción. En el centro de la caldera se ha formado un domo de lava en los últimos 3.900 años, cuyos materiales presentan una composición química distinta a la del evento Kikai-Akahoya. Esto indica que el sistema ha recibido nuevo magma inyectado desde zonas más profundas.

Este proceso se conoce como modelo de reinyección de magma. Tras una gran erupción, la cámara superficial no desaparece por completo, sino que puede ser reutilizada. Con el tiempo, el magma asciende desde el manto o la corteza inferior y se acumula nuevamente en ese reservorio. Es un ciclo lento, pero fundamental para entender cómo “renacen” los supervolcanes.
¿Qué implica este hallazgo para otros supervolcanes?
El caso de la caldera de Kikai no es aislado. Los científicos consideran que este modelo de recarga también podría aplicarse a sistemas como Yellowstone (Estados Unidos) o Toba (Indonesia). En estos casos, también se han detectado grandes reservorios magmáticos poco profundos que podrían estar en distintas fases de acumulación.

Sin embargo, es importante aclarar que la presencia de magma no implica una erupción inminente. La fracción de material fundido detectada en Kikai se estima entre un 3% y un 10%, lo cual es relativamente bajo. Para que ocurra una erupción, deben coincidir múltiples factores, como presión suficiente, cambios en la temperatura y fracturación de la corteza. Los supervolcanes operan en escalas de tiempo de miles a decenas de miles de años.

El redescubrimiento del sistema magmático bajo la caldera de Kikai ofrece una ventana excepcional al funcionamiento interno de los supervolcanes. Lejos de ser sistemas estáticos, estos gigantes geológicos evolucionan lentamente, recargando sus reservorios a lo largo de milenios. Comprender estos procesos no significa anticipar una erupción inmediata, sino mejorar nuestra capacidad de interpretar las señales de la Tierra. En un planeta dinámico, donde incluso los eventos más extremos siguen ciclos complejos, la pregunta sigue abierta: ¿cuánto falta para que estos sistemas completen nuevamente su proceso?
Carolina Gutiérrez Argüelles
Fuente de esta noticia: https://ecoosfera.com/sci-innovacion/supervolcan-caldera-kikai-japon-magma/
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