
Los detalles importan, ya sea que estés trabajando en tu declaración de impuestos, construyendo una casa o contando electrones. Los escritores de los evangelios solo incluyen los detalles más pertinentes en sus relatos. Los problemas surgen cuando los dejamos de lado o acusamos a la iglesia primitiva de incorporar detalles en la narración para dar a los relatos evangélicos un aire más auténtico.
Echemos un nuevo vistazo a las pruebas de la presencia de los clavos en la crucifixión y profundicemos en su significado histórico-redentor.
Pruebas de los clavos
El Evangelio de Juan es el único que menciona explícitamente que las manos de Jesús tenían marcas de clavos: «[Jesús] les mostró [a los discípulos] las manos y el costado […]. Pero él [Tomás] les dijo: “Si no veo en Sus manos la señal de los clavos, y meto el dedo en el lugar de los clavos”. […] “Acerca aquí tu dedo, y mira Mis manos”» (20:20, 25, 27, énfasis añadidos).
Mateo y Marcos no se pronuncian al respecto, pero Lucas incluye un versículo que probablemente implica el uso de clavos en la crucifixión: «Miren Mis manos y Mis pies, que Yo mismo soy; tóquenme y vean» (24:39; énfasis añadido, ver también el v. 40). En ambas narraciones, Jesús utiliza las marcas físicas de Su cuerpo como prueba de Su resurrección física. Aunque los autores antiguos mencionan que a veces se ataba a las personas a una cruz (por ejemplo, Plinio en Historia natural), dos de los cuatro evangelios presentan una imagen diferente: que unos clavos atravesaron las muñecas y los pies de Jesús. Uno lo da a entender y el otro lo menciona explícitamente. Cabe señalar que las palabras hebreas y griegas para «mano» pueden significar «muñeca».
Las marcas de los clavos son un recordatorio del precio que Jesús pagó para soportar la ira de Dios y corregir los errores de la humanidad
Si los soldados romanos solo ataron las muñecas y los pies de Jesús, ¿qué prueba física mostraría Jesús a los discípulos? Ten en cuenta también que, cuando Jesús pronuncia estas palabras, se encuentra en Su cuerpo glorificado. Sorprendentemente, Su cuerpo glorificado conserva las marcas de Su muerte. Estas marcas de los clavos son un recordatorio simbólico y público del precio que Jesús pagó para soportar la ira de Dios y corregir los errores de la humanidad. Algunos argumentan que la iglesia primitiva creó estos relatos posteriores a la resurrección, pero ese razonamiento solo sirve para eludir la cuestión. ¿Por qué iba la iglesia a inventar tal afirmación? ¿Para hacer aún más horrible la crucifixión?
El apóstol Pablo incluso menciona los clavos utilizados en la muerte de Cristo: «[Dios] habiendo cancelado el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio, clavándolo en la cruz» (Col 2:14, énfasis añadido). Por supuesto, Pablo está hablando simbólicamente de la deuda espiritual del creyente «clavada» en la cruz, pero el poder del símbolo reside en la realidad de que Cristo fue físicamente clavado en la cruz.
Significado profético de la perforación
Hay otras razones por las que es importante que los clavos perforaran las manos y los pies de Cristo. Sin embargo, el énfasis no está tanto en el instrumento (los clavos) como en la forma (la perforación). Tres textos del Antiguo Testamento sitúan la perforación en un plano histórico-redentor:
- «Porque perros me han rodeado; / Me ha cercado cuadrilla de malhechores; / Me horadaron las manos y los pies» (Sal 22:16).
- «Él fue traspasado por nuestras rebeliones / y molido por nuestras iniquidades» (Is 53:5, NVI).
- «Me mirarán a Mí, a quien han traspasado» (Zac 12:10).
Isaías 53:5 es una conocida profecía verbal que describe cómo el siervo del Señor lleva la maldición de Dios en nombre de la comunidad del pacto (ver también Is 50:4-9; 52:13-53:12). Zacarías 12:10 es una profecía verbal que se refiere al arrepentimiento de Israel por sus pecados de perseguir al ungido del Señor (ver también Zac 9:9; 13:7). Los autores del Nuevo Testamento a menudo se basan en estas dos profecías. El Evangelio de Juan incluso cita Zacarías 12:10 en 19:37, aunque la perforación que se menciona allí se refiere a la perforación del costado de Jesús (v. 34).
En el corazón del evangelio se encuentra Aquel que fue traspasado, Aquel que soportó la ira de Dios, para que tú y yo podamos disfrutar del favor de Dios
Estas palabras para referirse a perforar no son exclusivas del Antiguo Testamento; aparecen a menudo en contextos militares o en el contexto del castigo a los malvados (p. ej., Nm 25:8; Jue 9:54; Job 26:13; Is 51:9; Zac 13:3). Pero ese es precisamente el punto. La perforación es sumamente irónica. Si alguien debe ser perforado, deben ser los enemigos de Dios e Israel.
Es posible que las profecías de Isaías 53 y Zacarías 12 se agoten en la perforación del costado de Jesús, pero Salmos 22:16 se refiere explícitamente a la perforación de manos y pies. Este versículo describe cómo los enemigos de David «horadaron» o «perforaron» Sus «manos y pies», y parece ser el único pasaje del Antiguo Testamento que se refiere a la perforación de manos y pies. Mientras que el texto hebreo del Salmo 22:16 dice «como un león», la traducción griega del Antiguo Testamento, anterior al Nuevo Testamento y a los Rollos del Mar Muerto, dice «ellos horadaron». De hecho, la mayoría de las traducciones al español del Salmo 22:16 siguen la lectura «horadaron» o «traspasaron». La cuestión es que los enemigos de David son como animales feroces que le perforan las manos y los pies. La imagen es que los enemigos «muerden y arañan, y en el proceso perforan las extremidades extendidas».
Promesa cumplida
Si consultas las referencias cruzadas en los márgenes de tu Biblia, verás que los cuatro evangelios aluden al Salmo 22 al narrar la crucifixión (ver Mt 27:35, 39, 41, 42, 43; Mr 15:24, 29, 31; Lc 23:34, 35, 36; Jn 19:23, 24). Jesús incluso cita el versículo 1 («Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?») en Mateo 27:46 y Marcos 15:34. Tres de los cuatro evangelistas posiblemente aluden al versículo 16 al describir que Jesús fue crucificado entre dos criminales (Mt 27:38; Lc 23:33; Jn 19:18). Así que, cuando Jesús ordena a Tomás y a los discípulos que miren Sus «manos» y Sus «pies» (Lc 24:39; Jn 20:20, 25), podría estar aludiendo sutilmente al versículo 16, ya que el Salmo 22 ocupa un lugar tan destacado en la crucifixión.
La iglesia primitiva estaba convencida de que Jesús fue clavado en la cruz (p. ej., Justino Mártir, Ignacio, Ireneo, Tertuliano y Orígenes), al igual que la mayoría de los comentaristas contemporáneos (p. ej., Raymond Brown, I. Howard Marshall, Craig Keener y Eckhard Schnabel). Al preservar los detalles sobre los clavos que atravesaron las manos y los pies de Jesús, se nos recuerda que en el corazón del evangelio se encuentra Aquel que fue traspasado, Aquel que soportó la ira de Dios, para que tú y yo podamos disfrutar del favor de Dios.
Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga.
Benjamin L. Gladd
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/herido-transgresiones-clavos-importan/
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