¿En qué momento llamamos “hacer el amor” a un acto que muchas veces está vacío de amor?
¿Quién decidió que esa expresión, tan profunda, tan íntima, tan sagrada… se redujera únicamente a lo físico?
Porque si somos honestos… no todo encuentro de cuerpos es un encuentro de almas.
El lenguaje que revela lo que pensamos.
Las palabras no son inocentes. Nombrar algo como “hacer el amor” implica que ahí habita:
Conexión
Entrega
Cuidado
Presencia
Pero la realidad es que, muchas veces, lo que ocurre no tiene nada de eso.
Hay contacto… pero no vínculo.
Hay deseo… pero no compromiso.
Hay cercanía física… pero distancia emocional.
Y entonces surge la pregunta incómoda:
¿eso es hacer el amor… o solo usar el cuerpo del otro?
El verdadero significado olvidado.
Tal vez hacer el amor nunca fue solo un acto. Tal vez siempre fue un proceso. Un tejido invisible que se construye en lo cotidiano: despertarse pensando en alguien con ternura, cuidar los pequeños detalles, elegir quedarse incluso en los días difíciles, hablar con respeto cuando sería más fácil herir, sostener, acompañar, comprender.
Eso también es intimidad.
Eso también es entrega.
Eso también es amor.
El amor no se hace en un instante
El amor no se fabrica en una noche.
Se construye en silencios compartidos.
En conversaciones difíciles.
En la decisión consciente de no abandonar.
Por eso, reducirlo a lo físico…
no solo es simplificarlo…
es vaciarlo.
La contradicción moderna.
Vivimos en una cultura que confunde intensidad con profundidad.
Donde un momento puede parecer eterno…pero no deja raíces.
Donde se habla de amor… sin presencia, sin responsabilidad, sin continuidad. Y en medio de eso… la frase “hacer el amor” pierde sentido.
Reaprender el amor.
Quizás no necesitamos dejar de usar la expresión… sino volver a llenarla de significado. Recordar que hacer el amor también es: Cuidar cuando nadie ve elegir con conciencia respetar los tiempos del otro ser coherente entre lo que se dice y lo que se hace
Porque el amor no se declara únicamente…
se demuestra en lo cotidiano.
Tal vez hacer el amor no es solo un momento en una habitación.
Tal vez es todo lo que ocurre antes…
y todo lo que se sostiene después.
Porque el cuerpo puede acercar…
pero solo el amor verdadero sabe permanecer.
“Hacer el amor no es solo tocar un cuerpo…
es aprender a cuidar un alma.”
“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” Juan 14:27
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ACERCA DEL CORRESPONSAL
ELIZABETH RONDóN
Venezolana y actualmente residente en Cali, Colombia, cuenta con una amplia trayectoria en temas relacionados con el desarrollo personal y organizacional.
