Existe una verdad silenciosa en la naturaleza que pocas veces observamos con detenimiento:
El hierro no se destruye por lo que lo rodea… se destruye por su propio óxido.
No es el viento.
No es la lluvia.
No es el paso del tiempo por sí solo.
Es una reacción interna.
Un proceso que nace desde su propia composición.
Y, de alguna manera…
el ser humano no es tan distinto.
El enemigo no siempre está afuera.
Vivimos en una cultura que nos ha enseñado a mirar hacia afuera para encontrar culpables:
El contexto
Las personas
Las circunstancias
La historia
Y sí, el entorno influye. Pero hay algo más profundo, más determinante y más silencioso:
La forma en la que pensamos lo que vivimos.
Porque dos personas pueden atravesar la misma situación… y salir completamente diferentes.
Una se rompe. La otra se transforma.
¿Qué marca la diferencia? No siempre es lo que ocurrió… es lo que ocurre dentro.
El óxido mental: pensamientos que desgastan.
Así como el hierro se oxida lentamente, el ser humano también puede desgastarse desde adentro, sin darse cuenta.
No ocurre de golpe.
No hace ruido.
Pero sucede.
Se manifiesta en pensamientos como:
“no soy suficiente”
“nada va a cambiar”
“siempre me pasa lo mismo”
“no puedo salir de esto”
Y aunque parecen inofensivos… son corrosivos.
Porque no solo describen la realidad… la construyen.
La repetición que debilita.
El problema no es tener un pensamiento negativo.
El problema es repetirlo… creerlo…vivir desde él.
Cada vez que una idea limitante se instala, empieza a generar una estructura interna:
- Cambia tu percepción
- Condiciona tus decisiones
- Afecta tu cuerpo
- Moldea tu identidad
Y poco a poco… no eres lo que te pasó… eres lo que te dices sobre lo que te pasó.
Autodestrucción silenciosa.
A diferencia de una agresión externa, la autodestrucción es más difícil de detectar.
Porque viene disfrazada de lógica.
De “realismo”.
De “así soy yo”.
Pero en realidad, muchas veces es una narrativa repetida tantas veces… que terminó convirtiéndose en verdad.
¿Significa esto que todo depende de la mente?
No. No se trata de negar el dolor, ni de romantizar el sufrimiento.
Hay heridas reales.
Hay contextos difíciles.
Hay historias que pesan.
Pero incluso en medio de todo eso…
existe un espacio interno donde se decide: Si ese dolor te define… o te transforma.
El punto de quiebre: tomar conciencia.
El hierro no puede elegir no oxidarse. Pero tú sí puedes observar tus pensamientos.
Cuestionarlos.
Interrumpirlos.
Reescribirlos.
Ese es el inicio del cambio.
No afuera… adentro.
Tal vez no puedas controlar todo lo que ocurre en tu vida. Pero sí puedes empezar a mirar con honestidad aquello que se repite en tu mente.
Porque a veces, lo que más daño te ha hecho…no es lo que te pasó. Es lo que te sigues diciendo sobre ello.
“El hierro se consume por su propio óxido… y el ser humano, muchas veces, por sus propios pensamientos.”
“Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán…” Mateo 6:34 (RVR1960)
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ACERCA DEL CORRESPONSAL
ELIZABETH RONDóN
Venezolana y actualmente residente en Cali, Colombia, cuenta con una amplia trayectoria en temas relacionados con el desarrollo personal y organizacional.

