
Existe una idea silenciosa, pero muy extendida, dentro de muchos entornos espirituales:
Si crees en Dios, no deberías estar triste.
Si tienes fe, no deberías sentirte mal.
Si eres cristiana… ¿cómo es posible que estés deprimida?
Y entonces aparecen frases como:
“¿No qué crees en Dios?”
“Eso es falta de fe”
“Ora más y se te pasa”
Frases que, lejos de sanar, profundizan el dolor.
La espiritualidad mal entendida.
La fe nunca fue diseñada para negar lo humano. Pero muchas veces ha sido usada para silenciarlo.
Se ha construido una idea equivocada de la espiritualidad donde:
- Sentir tristeza es debilidad
- Llorar es falta de fe
- Estar mal es sinónimo de desconexión con Dios
Y así, sin darnos cuenta, convertimos la fe en una exigencia emocional… en lugar de un espacio de refugio.
Jesús también sintió.
Si miramos la esencia del mensaje cristiano, encontramos algo profundamente humano:
- Jesús lloró.
- Jesús sintió angustia.
- Jesús experimentó dolor.
- No negó sus emociones.
- No las reprimió.
- No las disfrazó de fortaleza espiritual.
Entonces, ¿por qué hoy se le exige al creyente algo que ni siquiera fue modelo en Él?
El peligro de invalidar el dolor.
Cuando alguien está atravesando tristeza, ansiedad o depresión, lo último que necesita es ser cuestionado por sentir.
Porque ese tipo de frases generan:
- Culpa por estar mal
- Vergüenza emocional
- Desconexión interna
- Silencio forzado
Y algo aún más delicado:
la persona no solo carga con su dolor…
sino también con la sensación de estar fallándole a Dios.
Fe y emoción no son opuestos.
Desde la psicología, las emociones no son errores, son mensajes.
- La tristeza no es falta de fe.
- La ansiedad no es ausencia de Dios.
- El dolor no es debilidad espiritual.
Son experiencias humanas que necesitan ser escuchadas, procesadas y acompañadas.
La fe no elimina las emociones, la fe sostiene mientras las atraviesas.
Cuando la fe se convierte en presión.
Existe algo que podemos llamar espiritualidad invalidante:
Cuando se usan argumentos espirituales para evitar el contacto con el dolor.
“Declara y ya”
“No pienses en eso”
“Eso es el enemigo”
Sin espacio para sentir, sin espacio para hablar, sin espacio para procesar.
Esto no sana.
Esto reprime.
Y lo reprimido… siempre encuentra la forma de salir.
Acompañar desde la fe, no desde el juicio.
Acompañar a alguien que sufre no requiere respuestas perfectas,
requiere presencia.
En lugar de decir:
“Eso es falta de fe”
Podríamos decir:
“Estoy contigo”
“No tienes que pasar esto sola”
“Dios no se aleja de ti en esto”
Porque la fe auténtica no juzga el proceso…
lo abraza.
Está bien no estar bien
Ser cristiana no te quita lo humano. No te hace inmune al dolor. No te convierte en alguien que siempre está fuerte.
Te convierte en alguien que, aun en medio del dolor, no está sola.
Puedes llorar… y creer.
Puedes sentirte perdida… y tener fe.
Puedes estar rota… y seguir siendo sostenida.
Dios no te exige dejar de sentir.
Tal vez una de las verdades más liberadoras es esta:
Dios no te pide que dejes de sentir… te invita a que no te alejes de Él mientras sientes.
Porque la fe no es la ausencia de dolor, es la presencia de Dios en medio de él.
Y si hoy estás triste, cansada o abrumada… no estás fallando.
Estás siendo humana. Y eso también forma parte de tu camino espiritual.
“Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus sendas.” Proverbios 3:5-6 (RVR1960)
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ACERCA DEL CORRESPONSAL
ELIZABETH RONDóN
Venezolana y actualmente residente en Cali, Colombia, cuenta con una amplia trayectoria en temas relacionados con el desarrollo personal y organizacional.
