
Es necesario que los cristianos hablemos de los antidepresivos. Esta es mi convicción luego de analizar, rumiar y recopilar un sinnúmero de historias y evidencias dentro y fuera de mi consultorio.
Si bien es un tema extenso y tiene muchos matices, lo que quiero compartirte nace del interés de aprender a discernir con sabiduría, a la luz de la Palabra, ciertos signos de alarma que pueden surgir por el uso regular de antidepresivos.
Mi intención no es cuestionar la eficacia o necesidad de estos medicamentos en ciertos casos. Más bien, quisiera animarte a mirar este tema tan vital desde un punto de vista integral, bíblico y prudente (Pr 4:7). Estoy convencida de que la iglesia no debe vivir en ignorancia al respecto, sino que los creyentes necesitamos aprender a ser sabios y astutos en un mundo que ha desplazado a Dios del centro.
12 señales de alarma para considerar con sabiduría
Basándome en mi experiencia en consejería, te comparto doce ocasiones en las que el uso de los antidepresivos debe alarmarnos y hacernos reflexionar. Espero que estas señales te ayuden a considerar con mayor cuidado las opciones que tienes para el cuidado de tu alma y, si usas antidepresivos, espero que estas advertencias te animen a caminar mejor, mientras el Señor sigue trabajando en tu corazón y te acompañas de hermanos en la fe.
1. Ver el fármaco como el primer recurso.
Nuestra cultura ha pasado del escepticismo hacia los antidepresivos, a convertirlos en la primera opción ante todo malestar emocional que «afecte el bienestar del paciente».
La persona que sufre, en vez de requerir un fármaco, podría necesitar un proceso de acompañamiento, arrepentimiento, consuelo o disciplina espiritual
Sin embargo, si no estás lidiando con una condición grave como bipolaridad, esquizofrenia o riesgo suicida, es posible que, antes de recurrir a los fármacos, necesites abordar primero otro tipo de tratamiento.
2. Asumir que todo sufrimiento humano es una patología.
Por la sobreinformación y desinformación en temas de salud mental, hoy es común que las personas llamen depresión a adversidades comunes de la vida misma. Sufrimientos que acontecen al ser humano, lo que la Biblia llama tribulación, prueba o aflicción, hoy rápidamente reciben el diagnóstico de depresión y se recetan medicamentos sin considerar que quizás la persona que sufre, en vez de requerir un fármaco, podría necesitar un proceso de acompañamiento, arrepentimiento, consuelo o disciplina espiritual.
3. Adoptar una idea peligrosa y antibíblica de “malestar”.
Mientras que la Biblia nos habla de pruebas, sufrimientos, perseverancia y dependencia de Dios, muchos han adoptado una postura secular e idealista en la que se debe eliminar todo tipo de malestar de sus vidas.
Esto lleva a las personas, una y otra vez, a reportar a sus psiquiatras «nuevos malestares», que son traducidos como «síntomas» y que los mantienen con el mismo patrón (o aumentado) de fármacos.
4. Caer en el aplanamiento emocional.
Por estar regularmente bajo los efectos secundarios de algunos medicamentos, las personas muchas veces no aprenden a lidiar, entender y conducir más sabiamente sus emociones.
A esto se le llama «aplanamiento emocional» o «embotamiento afectivo», es decir, el paciente vive las emociones con menor intensidad, obstaculizando la posibilidad de cultivar prácticas que le permitan conducir sus emociones de manera más consciente y piadosa.
5. Evitar confrontar el corazón.
La Palabra de Dios nos anima una y otra vez a examinar nuestro corazón:
Escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón;
Pruébame y conoce mis inquietudes.
Y ve si hay en mí camino malo,
Y guíame en el camino eterno (Sal 130:23-24).
Sin embargo, en algunos casos, el paciente podría acomodarse a los efectos temporales de alivio de la medicación, llevándolo a abandonar todo autoexamen y la confrontación de su corazón.
6. Usar el medicamento como “curita para el pecado”.
Este ha sido uno de los peligros más graves que he visto en consulta. Los efectos de los medicamentos son usados por algunas personas como una «curita» contra los estragos del pecado en sus vidas. Lo que buscan es acallar sus conciencias o atenuar la culpa por convicción que trae el Espíritu Santo, sin tratar el verdadero problema.
El Señor usa la convicción de nuestros pecados para salvarnos
Ya que se sienten mejor por el efecto de los antidepresivos, dejan de sentir la urgencia de correr a la confesión, el arrepentimiento y la restauración, olvidando que el Señor usa la convicción de nuestros pecados para salvarnos (Jn 16:8).
7. Dejar de buscar ayuda bíblica
Cuando se sienten mejor por el uso de los antidepresivos, algunas personas dejan de orar y suplicar a todo pulmón por la ayuda de Dios (Fil 4:6), porque «ya se siente mejor anímicamente».
Otros abandonan la consejería formal o dejan de buscar el consejo de creyentes maduros, porque concluyen que «ya no lo necesitan»; poco a poco empiezan a actuar «conforme a su propia sabiduría» (Pr 3:7).
8. Adoptar un concepto de bienestar secular.
Un peligro de usar antidepresivos sin discernimiento es que el paciente puede empezar a valorar más la mejoría del estado de ánimo, que el estado del corazón. Sin darse cuenta, algunos empiezan a llamar al pecado según los términos que usa el mundo, como «sombras», «inconvenientes», «limitaciones» o «retos».
9. Depender emocionalmente del medicamento.
Algunos pueden vivir una fuerte angustia de tan solo imaginar que deberán atravesar toda la ansiedad o la tristeza sin la medicación. En esos momentos necesitamos recordar que Dios camina con nosotros en medio del valle de la sombra de la muerte (Sal 23:4).
10. Negarse a realizar cambios en el estilo de vida.
Muchos prefieren que el psiquiatra les aumente la dosis, antes de considerar la posibilidad de realizar cambios en su forma de pensar, en su estilo de vida y en las luchas del corazón. De este modo, mientras dependen del medicamento, se mantienen con prácticas que están deteriorando su alma y su cuerpo.
11. Ver la genética desde el temor, no desde la prevención.
En los casos donde los pacientes han recibido noticias de que tienen importantes antecedentes genéticos sobre enfermedades, pueden interpretar esos datos como un predictor exacto de lo que les sucederá. Esto puede llevarlos a vivir en el temor, en vez de usar esta información para crear planes preventivos que les permitan vivir de manera más sobria, siendo prudentes, conscientes y dependientes del Señor.
12. Aumentar los pensamientos suicidas.
Principalmente al empezar a usar medicamentos antidepresivos, en mi experiencia he visto cómo es común el aumento de pensamientos suicidas. Aunque es frecuente en pacientes menores de 25 años, es un efecto secundario que puede afectar a personas de todas las edades.
Necesitamos recordar que Dios camina con nosotros en medio del valle de la sombra de la muerte
Por eso, te animo a que, si luego de orar y discernir con el consejo de otros creyentes de tu iglesia, has decidido que debes tomar antidepresivos, procures estar bien acompañado en este proceso.
Una invitación para tu alma
Compartir lo que preocupa y ocupa mi mente con respecto a los antidepresivos es parte de mi invitación a considerar todo esto de la mano del Señor: siendo honestos, con discernimiento, caminando con un equipo médico y consejeros sabios alrededor, preferiblemente creyentes. No es un llamado a rechazar la medicina, si llega a ser necesaria.
Pero te animo a que no seas solo un receptor pasivo del consejo secular, temiendo cualquier tipo de diagnóstico. Participa, pregunta, cuestiona, busca opciones y, sobre todo, empieza por lo básico de lo básico:
- ¿Estás durmiendo temprano?
- ¿Has reducido el uso de pantallas? ¿Debes eliminar por completo las redes sociales?
- ¿Estás caminando y tomando aire fresco? ¿Estás comiendo con conciencia? ¿Tomas sol o te suplementas con vitamina D? ¿Tienes rutinas saludables?
- ¿Estás sirviendo a alguien, además de ti mismo?
- ¿Estás escuchando a Dios o te estas escuchando a ti mismo? ¿Cómo lucen tus súplicas y ruegos a Dios? ¿Qué está mostrando Dios de tu corazón?
- ¿Ya hablaste con un hermano maduro en la fe sobre tu situación?
Estas preguntas no son simplistas o superficiales. Son vitales para vivir como templos del Espíritu Santo (1 Co 6:19-20). Nos recuerdan que el mal sale del corazón (Mt 15:19), pues cual es tu pensamiento en tu corazón, así eres (Pr 23:7). Como dijo Jesús: «La lámpara del cuerpo es el ojo», así que es importante lo que dejamos pasar a través de ellos (Mt 6:22-23).
Además, recuerda que no fuimos hechos para ser llaneros solitarios (Gá 6:2) y que «más bienaventurado es dar que recibir» (Hch 20:35), pues en el servicio nuestras almas se expanden y aprendemos a poner nuestra mirada en lo eterno (He 20:35).
Pido al Señor de todo corazón que si tú, o alguien cercano a ti, estás caminando en medio de la tristeza profunda, llegue la pronta ayuda que necesitas. Que en medio de este valle de sufrimiento, puedas conocer y ver al gran Yo Soy, sosteniéndote de maneras gloriosas.
Paola Infante
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/antidepresivos-con-discernimiento/
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