Capilla del Monte es, a simple vista, una localidad serrana más del norte del Valle de Punilla. Calles tranquilas, ritmo pausado y un paisaje que impone respeto. Sin embargo, desde hace casi cuatro décadas, el pueblo convive con una fama que lo desborda y lo distingue del resto de las localidades cordobesas. Para miles de visitantes, es el lugar donde “algo” sucede. Donde el cielo parece distinto. Donde los relatos sobre objetos voladores no identificados dejaron de ser anécdotas aisladas para convertirse en identidad colectiva.
Ubicada a unos 74 kilómetros de Villa Carlos Paz y conectada por la Ruta Nacional 38, Capilla del Monte recibe cada año turistas que no llegan solo por sus ríos o su clima serrano. Buscan respuestas, señales o, al menos, la sensación de estar cerca de un misterio. El cartel de bienvenida no disimula esa impronta: un extraterrestre saluda al visitante y anticipa que aquí el fenómeno OVNI no es una rareza, sino parte del relato cotidiano.
El protagonista silencioso de esta historia es el Cerro Uritorco, el punto más alto de las Sierras Chicas, con 1.979 metros sobre el nivel del mar. Mucho antes de que se hablara de platillos voladores, el cerro ya ocupaba un lugar central en la cosmovisión de los pueblos originarios. Para los Comechingones, habitantes ancestrales de la región, se trataba de un espacio sagrado, asociado al agua, a los ciclos naturales y a fuerzas que no siempre podían explicarse con palabras.
Esa lectura simbólica del territorio se fue diluyendo con la colonización española. Capilla del Monte debe su nombre a una pequeña capilla levantada hace unos 500 años, considerada por algunos historiadores como una de las primeras del país. Durante siglos, el Uritorco fue apenas un telón de fondo imponente, sin un protagonismo especial más allá de su valor paisajístico.
Todo eso cambiaría de manera abrupta en la década de 1980.
Enero de 1986: la huella que encendió la mecha
El punto de inflexión llegó durante el verano de 1986. En la Sierra del Pajarillo, una elevación cercana al Uritorco, apareció una marca inusual en la vegetación. Era una huella ovalada, de pastos quemados, de aproximadamente 70 metros por 120. La noticia se propagó rápido entre los pobladores. Algunos aseguraron haber visto luces intensas la noche anterior; otros hablaron de un objeto suspendido sobre el cerro.
El contexto ayudó a amplificar el impacto. La Argentina de los años 80 vivía una etapa de fuerte presencia televisiva, y los noticieros buscaban historias capaces de captar la atención del público. El programa Nuevediario dedicó informes completos al caso. Las imágenes de la huella recorrieron el país y, casi sin transición, Capilla del Monte quedó asociada para siempre a los OVNIs.
Las explicaciones no tardaron en aparecer. Desde la hipótesis de un aterrizaje extraterrestre hasta versiones más racionales que atribuían la marca a un incendio intencional o a un fenómeno natural. Nunca hubo un dictamen definitivo. Esa falta de cierre fue, paradójicamente, el combustible perfecto para que el mito creciera.
Con el correr de los meses, comenzaron a multiplicarse los testimonios. Vecinos y turistas aseguraban ver luces blancas, rojas o anaranjadas que se desplazaban de manera errática en el cielo. Algunos hablaban de movimientos imposibles para aeronaves convencionales. Otros describían fallas en cámaras fotográficas o interferencias en radios y brújulas.
No todos los relatos eran iguales, ni todos tenían la misma credibilidad. Pero el volumen de testimonios empezó a llamar la atención de investigadores aficionados y estudiosos del fenómeno OVNI. Capilla del Monte se convirtió en un punto de peregrinación para curiosos y ufólogos, muchos de ellos llegados desde otras provincias.
La creación del Centro de Informes OVNI
Frente a ese flujo constante de historias, surgió la necesidad de ordenar la información. Así nació el Centro de Informes OVNI (CIO), una organización sin fines de lucro dedicada a recopilar, documentar y analizar los casos reportados en la zona.
Desde el CIO se insiste en una postura prudente. No todo lo que se observa en el cielo es un objeto de origen desconocido. Satélites, meteoritos, aviones y fenómenos atmosféricos suelen confundirse con naves extraterrestres, especialmente en un lugar con cielos tan despejados y baja contaminación lumínica. Aun así, reconocen que existen observaciones difíciles de clasificar con las herramientas habituales.
Uno de los argumentos más repetidos para explicar la recurrencia de avistamientos es la supuesta “energía” del Uritorco. Desde el punto de vista científico, el cerro presenta grandes concentraciones de cuarzo, feldespato y mica, además de mantos de agua subterránea. Esta combinación puede generar campos electromagnéticos que, según algunos especialistas, influyen en instrumentos sensibles.
No hay estudios concluyentes que vinculen directamente estas condiciones con la aparición de luces en el cielo. Sin embargo, sí existe consenso en que el entorno natural favorece la observación astronómica. En noches despejadas, el cielo serrano ofrece un espectáculo poco común para quienes llegan desde grandes ciudades. En ese contexto, la línea entre lo conocido y lo extraño puede volverse difusa.
Erks y la dimensión simbólica del cerro
Dentro del universo de creencias asociadas al Uritorco, hay una historia que sobresale: la supuesta existencia de Erks, una ciudad intraterrena o multidimensional ubicada dentro del cerro. Según el relato, se trataría de una civilización avanzada que solo se manifiesta en determinados momentos y a personas “preparadas”.
No existen registros históricos ni evidencias materiales que respalden esta versión. Tampoco aparece en relatos anteriores a los años 80. Aun así, Erks se convirtió en un elemento central del imaginario local y en un atractivo más para el turismo místico. Para muchos visitantes, la experiencia no pasa por ver una nave, sino por sentir algo difícil de explicar.
Más allá del mito, el cerro es una reserva natural con normas estrictas. El acceso se realiza cruzando el río Calabalumba y registrándose en la base. El ascenso, de dificultad media, demanda alrededor de cuatro horas, con cinco descansos establecidos. No está permitido pernoctar en la cima ni desviarse de los senderos habilitados.
Quienes llegan hasta arriba describen una experiencia exigente, pero gratificante. La vista abarca gran parte del Valle de Punilla y, en días claros, parece no tener fin. Algunos esperan encontrar señales en el cielo. Otros solo buscan silencio, paisaje y una conexión distinta con la naturaleza.
Con el paso de los años, el fenómeno OVNI se transformó en motor económico. Hoteles, cabañas, ferias esotéricas y congresos de ufología pasaron a formar parte de la oferta turística. Capilla del Monte encontró en el misterio una forma de diferenciarse y sostener su actividad durante todo el año.
Eso sí, no faltaron las polémicas. Un exbombero local declaró en su momento que algunas evidencias, incluida la famosa huella del Pajarillo, habrían sido exageradas o incluso escenificadas para atraer visitantes. Esa versión nunca fue probada, pero sembró dudas y alimentó el debate entre creyentes y escépticos.
Hoy, casi 40 años después de aquella huella que lo cambió todo, el Uritorco sigue siendo un imán. No ofrece certezas ni promesas. Cada visitante se lleva su propia lectura: para algunos, un lugar cargado de energía; para otros, un caso ejemplar de construcción de mitos contemporáneos.
El cerro permanece inmóvil, ajeno a las discusiones. No confirma ni desmiente. Tal vez ahí radique su fuerza. En tiempos donde todo parece tener una explicación inmediata, el Uritorco sigue invitando a dudar, a mirar el cielo un poco más de lo habitual y a aceptar que, en ocasiones, no saber también forma parte de la experiencia.
*Si ha tenido alguna experiencia paranormal, de cualquier tipo, no dude en comunicarse conmigo. Investigaré gratis su caso (como siempre lo hago) y trataré de ofrecerle respuestas: contacto@josemanuelgarciabautista.net
ACERCA DEL CORRESPONSAL
JOSé MANUEL GARCíA BAUTISTA
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