Quería centrarme en el tema del discipulado en un aspecto: la esperanza del discípulo. Una persona cristiana es a alguien que tiene esperanza sobre todo. Un día de estos estaba haciendo oración muy pronto, eran antes de las 8 de la mañana después de una noche de no haber dormido demasiado, y era un día de estos con muchas cosas que hacer. Estaba bastante cansado la verdad, yo soy de las personas que madrugar no le sienta bien, entonces a esas horas no suelo estar nunca muy animado. Habrí el Nuevo Testamento al azar en mi despacho y encontré una lectura que me iluminó mucho y me ha iluminado mucho estos días. Es de la segunda carta a los corintios, en el capítulo 4 de san Pablo, y dice:
No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por Jesús. Pues el Dios que dijo: Brille la luz del seno de las tinieblas ha brillado en nuestros corazones, para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios reflejada en el rostro de Cristo. Pero llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Atribulados en todo, mas no aplastados; apurados, mas no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, mas no aniquilados, llevando siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Pues, mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De este modo, la muerte actúa en nosotros, y la vida en vosotros. Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: Creí, por eso hablé, también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará con vosotros ante él. Pues todo esto es para vuestro bien, a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios. Por eso, no nos acobardamos, sino que, aun cuando nuestro hombre exterior se vaya desmoronando, nuestro hombre interior se va renovando día a día. Pues la leve tribulación presente nos proporciona una inmensa e incalculable carga de gloria, ya que no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve; en efecto, lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno.
Yo creo que esta lectura es una lectura para leerla muchas veces ya que es muy importante. Pablo está definiendo todo un estilo de vida. Es muy difícil para los hombres saber cómo tienen que vivir. Últimamente estoy leyendo mucha filosofía, en concreto estaba leyendo unos textos de Heidegger sobre el ser, la antología, que es la parte de la filosofía que estudia el origen del ser, de por qué las cosas son o no son y de qué es el ser. Es muy complicado, pero después de leerlo pensaba, con todos mis respetos, que es una chorrada. Nosotros no necesitamos ninguna investigación sobre el ser porque tenemos un conocimiento que va más allá del ser; es un conocimiento que Dios nos ha revelado. El conocimiento muy intelectual y muy elevado es patrimonio de muy pocos, pero el conocimiento de la revelación es patrimonio de cualquiera porque Dios se revela a quien quiere. Pensaba hasta qué punto lo que nosotros creemos, la esperanza que nosotros tenemos, es mucho más que cualquier cosa que cualquier persona pueda pensar.
La luz que brilla en la oscuridad
La vida es algo terrible, tenemos que darnos cuenta de que la existencia humana por mucha suerte que tengamos en ella siempre tiene un lado terrible del que no nos podemos escapar y que reviste distintas formas. Están las injusticias del Tercer Mundo que algunos las habéis padecido bien. Cuando uno ha sufrido verdaderamente persecución, cuando uno ha tenido que dejar su tierra, su país, su cultura para buscarse la vida en otro sitio… Eso no es agradable, eso es muy difícil. Padecer una enfermedad es muy difícil, padecer la pérdida de gente a la que queremos es muy difícil. Leí una cita de Ignacio Larrañaga en un libro que se titula “Las fuerzas de la decadencia” sobre que en nosotros están patentes las fuerzas de la decadencia: llevamos la enfermedad en nosotros, llevamos la muerte en nosotros desde que nacemos y hay un componente dificultoso en la existencia. Todo lo que sea negar ese componente es una falsificación que impide al hombre vivir una vida verdaderamente humana. Por seguir con Heidegger, él decía que hay algo en el hombre que está derribado. Experimentamos un derribo que es fruto del temor que tenemos porque todos tenemos miedo. Esa es una realidad universal. Las personas tenemos miedo y todos los miedos vienen del miedo la muerte. Aristóteles decía que de todos los miedos que hay, el peor es el miedo a la muerte porque la muerte supone la negación más absoluta que cualquiera de nosotros tiene que es el propio ser.
La vida puede ser mala, pero es vida. La muerte, si la miras objetivamente, sin esperanza, sin trascendencia, es terrible porque niega lo más elemental que es el ser, es la existencia. El propio Heidegger decía que a pesar de eso, el hombre es un ser para la muerte y hasta que no eres consciente de que eres un ser para la muerte no vives una vida verdaderamente humana. Te escondes en los otros. La mayor parte de la gente vive escondiéndose en los otros, escondiéndose en la sociedad y viven existencias alienadas. Son auténticas existencias que no merecen el nombre de existencias humanas. Mucha gente que nos rodea vive este tipo de existencias. Una existencia que solamente piensa que la única gratificación que encuentra en la vida es la de comprar, comprar, comprar… Esa es una vida que no merece ser una vida humana: una vida que vive huyendo continuamente de la enfermedad, de la muerte, de la vejez, del sufrimiento de los otros, egoístamente… Para ser feliz tienes que encerrarte en una torre de marfil y no preocuparte por el sufrimiento de los demás porque si te preocupas por los demás, ya no puedes ser feliz. ¿Cómo voy a ser yo feliz plenamente si estoy en una super mansión en la que no me falta nada sabiendo que con lo que yo me gasto en aire acondicionado o en calentar o climatizar una piscina podrían comer cientos de niños en el tercer mundo y a lo mejor aquí también? Así no se puede ser feliz, pero aquí ya no hablo de religión sino de pura humanidad.
Más allá del sufrimiento y del miedo
Vivimos en un mundo cada vez más inhumano en el que cada vez los demás cuentan menos. En el que cada vez los problemas de la gente guárdatelos a mí no me cuentes películas, yo tengo bastante con mi vida. Entonces somos incapaces de establecer verdaderas relaciones pues ya no sabemos qué es la amistad. En la sociedad la que estamos si tú lees cualquier libro de principios del siglo 20 o del 19 o autobiografías te das cuenta de que la gente tenía relaciones muy distintas a las que tenemos ahora. Eran relaciones muchísimo más profundas, es decir, la amistad se valoraba extraordinariamente. ¿La amistad ahora qué es? Pasar el tiempo juntos sin compartir nada, sin abrir el corazón, sin compartir lo más hondo que uno tiene. No sabemos ser amigos, nos cuesta mucho consolar a los demás porque nadie nos ha enseñado. Esta sociedad oculta el sufrimiento porque lo teme, oculta la muerte porque la teme. Cuando hablaba con mis alumnos muchas veces ellos me decían: ¿pero tú has tocado un cadáver? Les contestaba: sí. Ellos se escandalizaban diciendo qué miedo, qué asco. En el fondo lo que produce miedo, lo que produce horror, es la idea de la muerte. Todo lo que recuerda la muerte está prohibido, está tapado. Hasta los tanatorios nos sirven para eso: hemos desterrado a los muertos de las casas. Los tanatorios tienen una cosa maravillosa y es que a las doce cierran y así ya no te tienes que quedarte porque nadie quiere quedarse. Lo peor es el miedo y el miedo siempre sale de la falta de esperanza. Los cristianos tenemos que ser muy conscientes de esto en el mundo en el que vivimos y adoptar una actitud crítica. Este mundo nos miente, nos manipula continuamente.
Es muy importante que un discípulo de Jesús tenga muy clara esta actitud y que la desarrolle con mucha insistencia. En el fondo es una apuesta, en esta vida todo el mundo tiene que apostar porque ninguno de nosotros tiene una conciencia absoluta salvo tal vez los místicos, de qué es lo que hay más allá de nosotros mismos. Ninguno de nosotros sabe empíricamente qué es lo que hay después de la muerte, qué es lo que hay en el fondo más fondo de nosotros mismos. Nadie lo sabe, creemos o no creemos, pero tanto si crees como si no crees, tienes que hacer una apuesta. Esto lo decía Pascal: creer es una apuesta, pero no creer también es una apuesta porque no hay evidencias. Los seres humanos no tenemos ninguna evidencia positiva de que las cosas son de una determinada manera. Yo puedo tener una vivencia positiva de que si tiro este móvil al suelo cae por la acción de la gravedad que es una ley universal, pero yo no puedo demostrar que existe vida después de la muerte, yo no puedo demostrar que Jesús es el Hijo de Dios, yo no puedo demostrar que la vida del hombre tiene sentido, pero tengo que apostar porque si no apuesto por eso, tengo que apostar por otra cosa.
La apuesta por la esperanza
Hay una canción de Bob Dylan de su época cristiana dice algo así: “puedes servir al dinero, puedes servir a Dios”. Tienes que servir a alguien y Bob Dylan es un profeta en muchos aspectos. Cuanto más libre te crees que eres más engañado estás porque tienes que elegir. Si tú no eliges, la vida elige por ti. Tú tienes que elegir a qué carta apuestas tu vida. Hay elecciones que son inevitables; la de la vida es una de ellas desde el momento en el que existencialmente nadie te ha llamado a vivir. Aquí tú tienes que elegir cómo vas a vivir, puedes elegir no vivir, pero eso ya es una elección. Tú puedes apostar por creer que lo único que hay en esta vida es esta vida sin esperanza y entonces esta vida no tiene sentido. Hay gente que dice: “no somos más que un montón de aminoácidos evolucionados por un montón de casualidades y por una combinatoria muy complicada hemos llegado a ser lo que somos, la única forma de vida consciente de sí misma en el universo por lo menos hasta ahora conocido y nada más”. Entonces la vida humana no tiene ningún sentido, el bien no tiene ningún sentido, el mal tampoco tiene ningún sentido. No hay esperanza en un mundo así, pero nosotros tenemos otra apuesta. Jesús creía lo mismo cuando decía “bienaventurados los que lloran porque reirán”. El discípulo tiene que apostar a que aquí hay esperanza. Yo no sé si siendo cristiano eres más feliz, lo que sí sé es que la vida no es una vida perdida. Yo creo profundamente eso y cuanto más leo más me convenzo porque en el fondo sabemos que todos nosotros, nos haya tocado la vida que nos ha tocado, la vida de un esclavo, la vida de un parado, la vida de una mujer maltratada, la vida de un huérfano, la vida de una niña prostituida… todas esas vidas están diseñadas para la gloria y para la victoria, para la felicidad y para el bien.
Y esa esperanza en este mundo no la puede aportar nadie. Es importante que como discípulos podamos aportar esperanza . Hasta Jesús mismo le decía a esa gente que le va tan mal “ten esperanza”. En la época de Jesús la gente estaba muy mal, sin embargo él les dice esas cosas tan bonitas. ¡Qué esperanza tiene que tener para decir esto! Predicar a estos grupos ricos de Beverly Hills es fácil, pero predicar esto en la Palestina de Jesús o en algunas zonas de África o América latina del sudeste asiático es mucho hoy en día y sin embargo Jesús lo hizo. Hay un texto de de san Pedro Crisólogo que dice: “¿Cuándo la debilidad de un mortal se atrevería a llamar a Dios Padre suyo, sino solamente cuando lo íntimo del hombre está animado por el Poder de lo alto?”. Esa es la esperanza que tenemos que transmitir a todo el mundo. Una de las características fundamentales del discípulo cristiano, haga mucho o haga poco, es llevar un poco de esperanza a alguien. Todos podemos hacer algo por alguien, y creo que a pesar de los malos momentos que tenemos y de la mala uva que tenemos, tenemos que pedirle a Dios que nos ayude a transformarnos en ejemplos de esperanza para el mundo y eso sólo se consigue a través de una vida de oración y de intimidad con él.
Josué Fonseca
Fuente de esta noticia: https://feyvida.com/blog/la-esperanza-del-discipulo/
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