En entrevista con Diario La R habló de su condena en Ecuador a la que calificó como un “montaje” para destruir al “correísmo” y “destruir la democracia” en su país y confía en que ganará el juicio. Aseguró que no hay pruebas reales en su contra y que la principal acusación se basa en un supuesto soborno de 6.000 dólares, que en realidad fue “un préstamo personal que está completamente documentado y pagado”. “Se han fabricado pruebas, manipulado testimonios y negado peritajes independientes. Es un montaje”, afirmó.
Refugiado en Bélgica, Correa visita por estos días y hasta el domingo Uruguay junto a su equipo de Rusia Today. En su rol como periodista para su programa “Conversando con Correa” ayer fue el turno de la vicepresidenta Carolina Cosse. También entrevistó a la exviepresidenta Lucía Topolansky y al senador Rafael Michelini, además de dos legisladoras paraguayas. La entrevista estaba pautada para veinte minutos pero se extendió por más de una hora.
– ¿Cuál es el motivo de su visita a Uruguay?
– Por trabajo. Yo tengo un programa de entrevistas, Conversando con Correa, que se transmite por streaming y ya está en su séptima temporada. Es un proyecto que disfruto muchísimo; de hecho, siempre digo que pagaría por hacerlo, aunque afortunadamente también me permite ganarme la vida, lo cual es importante en mi situación actual.
En ese marco, organizamos una serie de entrevistas en Uruguay. Logramos contactos muy interesantes y concretamos encuentros relevantes, como con la vicepresidenta Carolina Cosse, a quien le agradezco profundamente su tiempo y disposición. También entrevistamos a Lucía Topolansky y al senador Rafael Michelini. Además, invitamos a dos legisladoras paraguayas, Esperanza Martínez y Johana Ortega. Inicialmente, estaba prevista la participación de referentes de Argentina, pero por un inconveniente de último momento no pudieron asistir.
En total, realizamos cinco entrevistas. También mantuvimos una reunión con Fernando Pereira, presidente del Frente Amplio. En principio, esta iba a ser una visita de bajo perfil, pero terminó teniendo una dimensión política mayor. No era algo que buscáramos, pero se dio naturalmente. Para mí fue un honor poder compartir con compañeros del Frente Amplio.
– ¿Tuvo oportunidad de entrevistar a Yamandú Orsi?
– Me hubiera gustado mucho, pero entiendo perfectamente las prioridades de un presidente. Yo mismo lo fui, y sé que cuando alguien llega y te dice “quiero entrevistarlo”, esa solicitud probablemente queda en el lugar número mil uno de la agenda. Era algo difícil desde el inicio. De hecho, ya haber conseguido la entrevista con la vicepresidenta es un privilegio.

– ¿Cómo fue la conversación con Carolina Cosse?
– Me deprimió (se ríe). Me dejó una sensación agridulce, y lo digo porque inevitablemente la comparo con nuestro vicepresidente actual en Ecuador. Carolina es una mujer brillante, muy preparada, con claridad conceptual. Coincido mucho con su visión, por ejemplo, en temas como productividad, eficiencia, tecnología y desarrollo. Es el tipo de liderazgo que uno espera ver en la región.
Además, me sorprendió su capacidad de análisis sobre los desafíos contemporáneos: la revolución tecnológica, la inteligencia artificial, el rol del Estado en la economía del conocimiento. Son discusiones que muchas veces están ausentes en nuestros países, donde seguimos atrapados en debates más básicos. Por eso digo que, al compararlo con la realidad ecuatoriana actual, genera cierta frustración.
– ¿Sigue la actualidad política de Uruguay?
– No en profundidad. Vivo en Bélgica y estoy completamente absorbido por la situación ecuatoriana. Es muy difícil seguir todos los procesos políticos de la región con detalle. Sin embargo, antes de venir a Uruguay me preparé, me informé y actualicé sobre la coyuntura.
Siempre he tenido una mirada muy positiva sobre Uruguay. Es un país institucionalmente sólido, con una cultura política muy rica. Eso no significa que no tenga problemas, pero hay una base democrática que en otros países está mucho más erosionada.
– ¿Qué impresión tiene del actual gobierno del Frente Amplio?
– En términos generales, lo veo como una gran esperanza. Uruguay es, a mi juicio, la democracia más madura de América Latina. Además, es el país con mayor desarrollo relativo en la región. Que en cinco elecciones recientes, el Frente Amplio haya ganado cuatro, es algo muy significativo. Habla de una base social sólida y de un proyecto político consistente.
También habla de una ciudadanía que valora la estabilidad, la coherencia y la continuidad de ciertas políticas públicas. Eso es clave para el desarrollo. No se puede construir un país si cada cinco años se destruye todo lo anterior.
– ¿Qué es el desarrollo para usted?
Es una pregunta compleja. El desarrollo no tiene una única definición; hay múltiples enfoques. Desde mi formación en economía del desarrollo, puedo decir que es un concepto integral.
El desarrollo debe centrarse en la persona: en toda la persona y en todas las personas. No se trata solo de lo material, sino del bienestar integral, de la realización humana, de la felicidad. Pero también implica que las necesidades básicas estén satisfechas y que exista conciencia social.
Además, el desarrollo debe ser inclusivo: no puede dejar afuera a mujeres, pueblos originarios, jóvenes, adultos mayores o futuras generaciones. Por eso también debe ser sostenible.
Y algo fundamental: el desarrollo no es lo mismo que riqueza. Un país puede tener petróleo o gas y ser rico circunstancialmente, pero eso no implica desarrollo real. El verdadero desarrollo surge de las capacidades, tanto individuales como colectivas. Es la construcción de un proyecto basado en el talento, la educación y la organización social.
Esto implica invertir en ciencia, en tecnología, en educación de calidad, en salud. Implica construir instituciones fuertes. Y también implica tener un proyecto nacional claro, algo que hoy en muchos países está ausente.

– En América Latina hubo un ciclo progresista importante. ¿Por qué se revirtió tan rápido?
– Quizás pecamos de optimismo. Creímos que los avances eran irreversibles, y la historia demuestra que casi nada lo es. Me sorprendió la velocidad con la que se desmantelaron conquistas sociales y políticas.
No recuerdo una destrucción tan rápida en un país en tiempos de paz. Sin embargo, también es cierto que no volvimos al punto de partida. Si comparamos con los años 90, hoy hay avances. Pero respecto a principios del siglo XXI, sí hay un retroceso.
También hay que reconocer que hubo errores propios. Tal vez no se consolidaron suficientemente ciertos procesos, o no se logró una transformación cultural más profunda. Porque al final, si la sociedad no internaliza ciertos valores, los cambios pueden revertirse con relativa facilidad.
– ¿No eran sólidas las bases? ¿Qué cambió en la izquierda latinoamericana?
– Bueno, es que a nosotros nos endilgan todo, por un lado nos acusan de autoritarios y totalitaristas y por otro lado nos acusan de ser hasta guías espirituales. En realidad, es la labor de toda la sociedad, no solo de los políticos, de los maestros, de los padres de familia, de todos los segmentos sociales. Sin embargo, yo creo que no se vuelve al punto inicial. En un momento dado de 10 países latinoamericanos, ocho tenían gobiernos progresistas. Y muy coordinados, con mucha armonía. Ahora como que hay cierta incomunicación, nos falta comunicación entre esos gobiernos. Pero compara con los 90, o sea, si comparas con el principio del siglo tal vez hemos retrocedido. Y si comparas con los 90, hemos avanzado porque no había gobiernos de izquierda en los 90.
Pero incluso ahora las tres principales economías latinoamericanas que es casi el 60% de la población son de izquierda, Brasil, México y Colombia. Lo que yo sí veo es que hay una izquierda menos radical y eso conversábamos con la vicepresidenta. No se trata solo de lograr el desarrollo, sino de lograrlo rápido. Hemos perdido siglos para el desarrollo, eso significa generaciones perdidas, pobreza que continúa. Debemos apurar y también enfrentar a una derecha que no tiene límites ni escrúpulos. No quiero ser maniqueísta. No quiero decir que la izquierda tiene el patrimonio de las virtudes y la derecha el patrimonio de los vicios porque sería mentir. Pero sí hoy enfrentamos una derecha de otra naturaleza. Yo compartí con un presidente de derecha, Alan García, Piñera, etc. Compartíamos mínimos comunes, democracia, derechos humanos, voluntad de integración. Hoy no existen esos límites comunes, hoy atentan contra la integración, no tienen escrúpulos. O sea, la voluntad no es de integración, sino que es por todos los medios evitarla. Hay entreguismo, hay simplismo. Hay incluso falta de visión, carencia de verdaderos líderes, sobre todo en la derecha.
– ¿Cómo se enfrenta este nuevo contexto global?
– Con más integración. No hay otra salida. Pero el problema es que hay actores internos que boicotean esa integración.
Hoy vemos un debilitamiento de los organismos regionales. Antes existían instancias como UNASUR o CELAC, donde los conflictos podían resolverse institucionalmente. Hoy, en muchos casos, se recurre directamente a Estados Unidos. Eso es un retroceso enorme.
La integración no es solo un ideal político; es una necesidad práctica en un mundo cada vez más competitivo. Si América Latina no actúa de manera coordinada, va a seguir siendo marginal en el escenario global.
– ¿Cuál es la situación actual de Ecuador?
Ecuador atraviesa un colapso institucional. Para destruir al correísmo, destruyeron el país. No existe democracia real.
No basta con elecciones periódicas; estas deben ser libres y justas. En Ecuador, eso ya no ocurre. Las instituciones han sido capturadas, los medios de comunicación manipulan en lugar de informar y el Estado de derecho ha desaparecido.
Mi partido fue proscrito sin base legal. No hay garantías jurídicas. Se aplican sanciones antes de que existan sentencias. Es un sistema completamente arbitrario.
Además, hay una persecución sistemática contra la oposición. No es solo mi caso; hay decenas de dirigentes afectados. Se ha instalado una lógica de miedo que es incompatible con cualquier democracia.
– Usted afirma que Ecuador es un narcoestado. ¿Por qué?
– Porque el narcotráfico ha penetrado todas las estructuras del Estado: justicia, fuerzas de seguridad, sistema político y sector financiero.
El debilitamiento del Estado fue deliberado. Se desmantelaron instituciones clave, especialmente en materia de seguridad. Las cárceles, por ejemplo, fueron entregadas a organizaciones criminales.
Hoy Ecuador es uno de los países más inseguros del mundo. Y esto no lo digo solo yo; lo han señalado medios internacionales.
Cuando el crimen organizado tiene capacidad de influir en decisiones políticas, cuando hay lavado de dinero a gran escala, cuando las instituciones no pueden controlar el territorio, estamos ante un narcoestado.
– ¿Cree que el presidente Daniel Noboa está involucrado?
– Tengo la convicción de que sí. Y no solo yo. Hay demasiadas coincidencias. La droga se exporta en contenedores vinculados a su entorno empresarial.
He hecho estas denuncias públicamente. Son graves, pero están sustentadas en hechos.

– ¿Cómo describe su situación judicial?
– Es una persecución política evidente. Fui condenado en un proceso lleno de irregularidades, basado en una figura absurda como el “influjo psíquico”.
No hay pruebas reales. La principal acusación se basa en un supuesto soborno de 6.000 dólares, que en realidad fue un préstamo personal que está completamente documentado y pagado.
Se han fabricado pruebas, manipulado testimonios y negado peritajes independientes. Es un montaje.
Además, se han violado principios básicos del derecho, como la presunción de inocencia o el debido proceso. Es un caso que, en cualquier sistema judicial serio, se caería en minutos.
– ¿Qué espera de los organismos internacionales?
Hemos recurrido al sistema de Naciones Unidas. Espero una resolución favorable este año. Si se reconoce la violación de derechos, el proceso debería anularse. Existen precedentes. Pero en Ecuador la justicia está completamente cooptada.
Más allá de mi caso personal, lo importante es que se siente un precedente contra este tipo de persecuciones.
– Si pudiera volver a Ecuador, ¿sería candidato?
No lo sé. Volver implicaría un riesgo enorme. La situación de inseguridad es extrema. No hay límites para quienes están en el poder. Mi prioridad es que se restablezca la democracia. Luego se verá quién debe liderar ese proceso.
– ¿Teme por su vida?
– Sí, absolutamente. No solo en Ecuador, también en el exterior. Hay una falta total de escrúpulos.
Cuando se rompen todos los límites institucionales, también se rompen los límites éticos. Y eso es muy peligroso.
– ¿Tiene guardaespaldas, custodias?
Me la quitaron del Estado, pero tengo una seguridad mínima. En esto me ayudaron los empresarios también. Es carísimo.
– ¿Viajó al Uruguay con custodia?
Si, pero esto con Rusia Today ya saben, yo viajo en business, en mi vida he comprado un ticket en business, viajo con un acompañante, seguridad y mi asistente
– ¿Cómo es su vida en Bélgica?
Agradezco profundamente el refugio que me brindaron. Es una situación inédita para un expresidente. Trabajo en múltiples actividades para sostenerme, pero gran parte de mis ingresos se destinan a pagar abogados. La persecución ha tenido un costo económico enorme.
También es una vida de cierta soledad, lejos de la tierra de uno. Pero trato de mantenerme activo, productivo.
Es la primera vez que se lo dan un expresidente. Y estuvieron como 3 años en mi caso. Lo empecé felizmente antes de la condena por los sobornos porque ya estaba siendo perseguido, incluso tenía una prisión preventiva por un supuesto secuestro. Por eso también está tan avanzado lo de Naciones Unidas porque empezamos antes, luego se fue añadiendo casos Yo tengo 59 denuncias penales, más que el Chapo Guzmán, Pinochet y Al Capone juntos. Trabajo para pagar abogados y no me alcanza. El estatus de refugio te digamos te blinda sí, incluso yo podría ser ciudadano belga, pero me brinda más protección ser refugiado político. En todo caso, si hay problema, porque con refugiado político no tienes pasaporte, tienes lo que se llama documento de viaje.
– ¿Tuvo problemas para ingresar a Uruguay?
– Ninguno. Para Uruguay yo no necesito como ecuatoriano sacar visa. Pero con el documento de viaje necesita visa para todos lados. ¡Y qué trámite!. Te piden hasta la partida de defunción. Pero digamos que todo bien.
– ¿ Pero aun teniendo el estatuto refugiado, no teme que pueda emitirse una orden de captura internacional, ahora por ejemplo, y lo detengan acá?.
– Es que eso es lo otro importante. El organismo que mejor se ha portado en esto paradójicamente es Interpol, porque digo paradójicamente porque es policía. Pero felizmente hace unos años, me parece que fue 2018 para evitar estos abusos, persecución política, crearon lo que se llama la comisión de ficheros, que es como un filtro de expertos, creo que son juristas que examinan los casos. Y nuestros casos son tan escandalosos, que han rechazado absolutamente todo. Entonces, sin esa alerta roja de Interpol, no existe orden de captura. Pero además vamos a estados donde hay gobiernos amigos. Hay que saber dónde se va. Por ejemplo, en Uruguay sabíamos que no había peligro.
– ¿Qué extraña de Ecuador?
Todo. Es mi país, mi gente, mi identidad. Aunque mi familia tiene raíces en Bélgica, mi patria es Ecuador. Se extraña el clima, la comida, los paisajes, pero sobre todo la gente. Esa conexión no se pierde nunca.
– ¿Cómo ve la situación de Cuba y Venezuela?
El caso de Cuba es escandaloso, inaudito. O sea, están matando de hambre a todo un pueblo. Ya hay 60 años de bloqueo. Eso es criminal. Pero ahora el bloqueo es mucho más duro, no tienen energía, no tienen electricidad, no tienen electricidad para los hospitales, no pueden comprar medicina. ¿Qué nos pasa? ¿Qué nos pasa? Volvimos a la época de la barbarie. Y escuchamos a un Trump, yo puedo hacer lo que, lo que quiera con Cuba. Nadie discute eso, puede hacer lo que quiera en cualquier parte del mundo. Lo que estamos hablando es que la civilización es precisamente que no puede hacer lo que quiera con el otro en función de la fuerza. Y volvimos pues a la época de los primates más o menos. No, pues, a la época de las cavernas.
– ¿Y sobre Venezuela?
– Sobre Maduro, no se trata de ser amigo, enemigo, que me caiga bien o mal. Si hubiese pasado lo mismo con Milei, estaría diciendo exactamente lo mismo. Y tú puedes ver mis declaraciones, en Ecuador yo tengo un pecado capital para un político que es ser coherente. Por ejemplo, alguna vez destituyeron a Abdala Bucaram. Yo siempre dije que estaba mal destituido, que eso fue un golpe de Estado. No se trata de Bucaram, se trata de que no es correcto. ¿Se entiende? No se puede secuestrar a un presidente de un país soberano, por amor de Dios, ¿qué nos pasa? Y peor con cien muertos pero que ya ni se mencionan eso.
– ¿Cómo se combate la desigualdad en América Latina?
América Latina es el continente más desigual del mundo, y también uno de los más religiosos, decía Mujica. Esa contradicción es profunda.
La solución pasa por políticas redistributivas, inversión en educación, fortalecimiento del Estado y un compromiso real con la justicia social.
Pero también requiere un cambio cultural. No se puede aceptar la desigualdad como algo natural. Es una construcción histórica, y como tal, puede transformarse. Por eso soy de izquierda.
“La verdad en disputa: poder, medios y construcción de realidad”
Para Rafael Correa, uno de los ejes centrales de la crisis democrática que denuncia en Ecuador —y que extiende como fenómeno regional— es el rol de los medios de comunicación en la construcción de sentido público. Según su mirada, ya no se trata simplemente de líneas editoriales o posicionamientos ideológicos, sino de un sistema de poder que incide directamente en la política y en la calidad de la democracia.
“El problema no es solo que haya medios con determinada orientación. Eso es normal en cualquier sociedad. El problema es cuando esos medios dejan de informar para convertirse en actores políticos, en operadores de intereses concretos”, sostiene. En ese marco, introduce el concepto de “mafia mediática”, una expresión que ha utilizado en reiteradas ocasiones para referirse a conglomerados que, a su juicio, actúan de manera coordinada para influir en la opinión pública.
Desde su perspectiva, la verdad deja de ser un valor en sí mismo y pasa a ser una construcción funcional a determinados intereses. “Sin información veraz no hay democracia. Es imposible que un ciudadano tome decisiones libres si está siendo manipulado”, afirma. Para Correa, este es uno de los elementos más graves del deterioro institucional: la pérdida de un debate público basado en hechos.
El exmandatario sostiene que en Ecuador los grandes medios jugaron un papel clave en la persecución política en su contra y en la deslegitimación del correísmo. “Se instala una narrativa, se repite hasta el cansancio y termina convirtiéndose en ‘verdad’ para amplios sectores. Aunque después se demuestre que era falso, el daño ya está hecho”, señala.
En ese sentido, advierte sobre un fenómeno más amplio que trasciende fronteras: la articulación entre poder mediático, poder económico y poder político. “No es casualidad. Hay intereses muy claros detrás. Y cuando esos intereses se ven amenazados, se activan todos los mecanismos posibles para defenderlos, incluidos los mediáticos”, dice.
Correa también cuestiona lo que considera una doble vara en el tratamiento de la información. Según su visión, ciertos actores políticos son sistemáticamente protegidos, mientras que otros son permanentemente atacados. “No es periodismo, es propaganda. Y eso erosiona profundamente la confianza en las instituciones”, agrega.
Para el ex presidente, la disputa por la verdad se ha convertido en uno de los campos centrales de la política contemporánea. En un contexto de sobreabundancia de información, redes sociales y nuevas tecnologías, la capacidad de instalar relatos cobra una relevancia inédita. “Hoy no basta con tener razón; hay que poder comunicarla. Y ahí hay una enorme asimetría”, advierte.
Finalmente, plantea que la reconstrucción democrática pasa necesariamente por recuperar la credibilidad de la información. “Sin verdad no hay libertad. Y sin libertad no hay democracia. Por eso este no es un tema menor, es estructural”, concluye.
El ocaso del multilateralismo: “Sin integración, manda la fuerza”
Para Rafael Correa, América Latina atraviesa una etapa de retroceso en materia de integración y cooperación regional, lo que marca, a su entender, el fin del multilateralismo tal como se conocía en las últimas décadas. En la entrevista, sostiene que los mecanismos regionales han sido debilitados deliberadamente, dejando a los países más expuestos a presiones externas.
El exmandatario cuestiona con dureza el papel de la Organización de los Estados Americanos, a la que define como un organismo sin peso real y subordinado históricamente a los intereses de Estados Unidos. En esa línea, retoma una vieja crítica del progresismo latinoamericano al calificarla como un “ministerio de colonias”, incapaz de actuar con independencia frente a conflictos regionales.
Correa advierte que, ante la ausencia de instituciones fuertes como UNASUR o una CELAC consolidada, los países terminan recurriendo directamente a Washington para resolver disputas, lo que refleja —según su visión— una pérdida de soberanía. Para él, este escenario responde a una estrategia política más amplia: debilitar la integración para facilitar la injerencia externa.
En ese contexto, plantea que la única alternativa para la región es reconstruir mecanismos de unidad que permitan equilibrar el poder global y evitar que “la fuerza” sustituya al derecho en las relaciones internacionales.
Marcelo Falca
Fuente de esta noticia: https://grupormultimedio.com/rafael-correa-ecuador-es-un-narcoestado-id189433/
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