Has contado con la participación de Juanjo Artero como uno de los actores principales. ¿Cómo fue el proceso de trabajo con él y qué aporta su interpretación al mensaje del corto?
Trabajar con Juanjo fue una delicia. Un sueño hecho realidad. Él fue el culpable de que naciera en mí la vocación de la interpretación. Yo, desde pequeña, estaba enamorada de Javi, de la serie Verano Azul, del gran Antonio Mercero. Yo quería estar allí con él y ser otra componente de aquel grupo de adolescentes. Jamás pensé que, pasados los años, yo escribiría un guion y él y yo, juntos, daríamos vida a dos de sus personajes.
Esto se lo conté a Juanjo y se emocionó (se le escapó la lagrimilla).
¿Qué puedo decir? Que es un actor de primer orden, un compañero extraordinario y una grandísima persona.
Además del equipo artístico, el proyecto ha contado con el apoyo del Ministerio de Igualdad. ¿Qué ha supuesto este respaldo institucional para la producción y la visibilidad del cortometraje?
Pues me encontré con gente muy amable y entregada que nos ayudaron, permitiendo que varias escenas las rodásemos en sus instalaciones, pero nada más.
Como productora, ¿cuáles han sido los principales retos a la hora de sacar adelante un proyecto independiente con una temática social tan contundente?
Pues hoy, lamentablemente, existe una censura, a veces autoimpuesta por influencias sociales, escondida en una apariencia de libertad y, dentro del cine, siendo un campo tan visible a nivel social, cómo no.
Este trabajo, como tú bien dices, tan contundente, se ha encontrado de frente con este problema, pues hoy la tendencia en el cine es contar historias con miradas intensas, todo dulcificado y sugerente, aunque se esté tratando un problema atroz, dejando el argumento, a veces, a la imaginación del espectador para que no haga daño, donde no pasa nada o lo que pasa está muy velado y no escuece.
Sin embargo, lo que se cuenta y cómo se cuenta la historia de Un niño escucha ha dolido, pues está basada en hechos que han sucedido de verdad y así se han contado, tal cual, desde la cruda realidad.
Por ello, nos hemos encontrado con que, especialmente, el final del corto ha removido muchos estómagos, lo que nos lo ha puesto difícil.
Desde mi humilde opinión, decir que los problemas sociales, y más uno tan grave como es este del maltrato, tan actual y vivo en nuestra sociedad hoy y que cuesta la muerte a tantas mujeres e hijos cada año, se tienen que plantear “sin paños calientes” para que no se nos olvide que están ahí y su gravedad, y qué mejor arma para hacerlo que el lenguaje del cine.
Aunque se ha avanzado a nivel social e institucional en pro de este problema del maltrato a las mujeres, sobre todo dentro del entorno familiar, siempre habrá cosas por hacer mientras siga habiendo víctimas y por lo cual no debemos olvidarlo, y Un niño escucha, repito, lo que cuenta ocurrió según se muestra. Una mujer y su hijo, de carne y hueso, sufrieron esta situación tan dura y, precisamente por su dureza, hay que contarla tal como fue.