HSBC estudia 20.000 recortes por la IA y activa una reestructuración que puede cambiar el corazón operativo del banco en toda la red global.
HSBC estudia un recorte potencial de unas 20.000 posiciones, el equivalente a cerca del 10% de su plantilla mundial, dentro de un plan que mezclaría automatización, reorganización interna y reducción de costes en los próximos tres a cinco años. El movimiento, adelantado por Bloomberg y recogido después por Reuters, no está formalmente aprobado, pero sí dibuja con bastante nitidez la dirección que ha tomado el banco bajo el mando de Georges Elhedery: menos estructura, más tecnología y un escrutinio feroz sobre todo lo que no toca al cliente de forma directa. No es un matiz menor. Lo más expuesto no serían, en principio, las oficinas de calle, sino las funciones de middle y back office, ese mecanismo silencioso que sostiene la banca por detrás y que ahora empieza a parecerle demasiado caro a casi todo el sector.
Lo relevante de esta noticia no está solo en la cifra, que impresiona porque impresiona y no hace falta disfrazarla, sino en cómo podría ejecutarse. Reuters señala que el ajuste aún está en una fase inicial de evaluación y que una parte de ese recorte podría llegar por salidas no reemplazadas, cierres de negocios, ventas de activos o desaparición gradual de funciones duplicadas. Dicho de otro modo: no todo tendría la forma clásica del despido con comunicado seco y llamada de recursos humanos; parte llegaría por la vía más fría, la que convierte un puesto en una casilla que simplemente deja de rellenarse. En la jerga corporativa eso suele llamarse simplificación. En la práctica, suele significar que alguien decide que el trabajo sigue existiendo, pero ya no hace falta pagárselo a la misma cantidad de gente.
Un recorte gigantesco que todavía no está firmado
La escala ayuda a entender por qué el asunto ha sacudido al mercado. En su informe anual de 2025, HSBC declaró una fuerza laboral equivalente a 209.000 empleados a tiempo completo, frente a 211.000 un año antes. Sus principales centros de empleo estaban en India, con unos 47.000 trabajadores, y en Reino Unido y China continental, con unos 33.000 en cada caso. Eso convierte cualquier poda del 10% en algo muy serio incluso para un banco acostumbrado a reorganizarse. Tras publicarse la información sobre el posible plan, las acciones de HSBC en Hong Kong cayeron un 2,2%, una reacción bastante elocuente: el mercado entendió enseguida que no se trataba de una ocurrencia pasajera ni de una filtración pintoresca de pasillo, sino de una hipótesis coherente con la estrategia reciente del grupo.
Aun así, conviene no vender como cerrado lo que el propio banco no ha cerrado. HSBC no ha confirmado oficialmente el recorte de 20.000 puestos y ha evitado comentar el detalle del plan. Esa cautela importa, porque entre una evaluación preliminar y una ejecución real hay mucha política interna, mucha contabilidad y bastante resistencia orgánica. Pero también conviene no caer en la ingenuidad contraria. Cuando una entidad de este tamaño estudia durante años un ajuste vinculado a IA, productividad y simplificación, no está jugando con escenarios de laboratorio. Está calculando el coste laboral que considera prescindible, el calendario más soportable y los territorios donde el golpe sería menos visible. El hecho de que se hable de varios años no resta gravedad; al contrario, sugiere una cirugía diseñada para dejar menos ruido y más efecto.
La cirugía de Georges Elhedery ya venía en marcha
Nada de esto nace de la nada. Georges Elhedery, que asumió como consejero delegado en septiembre de 2024, lleva desde entonces acelerando una reconfiguración de HSBC con una idea bastante clara: hacer un banco más simple, más concentrado y menos tolerante con las duplicidades. En octubre de 2024 el grupo anunció una nueva estructura en cuatro negocios —Hong Kong, Reino Unido, banca corporativa e institucional, y banca internacional de patrimonio y premier— y al mismo tiempo rediseñó su cobertura geográfica entre mercados del Este y del Oeste. La lógica era reducir capas de decisión, ordenar mejor las responsabilidades y dejar más a la vista las áreas que rendían poco. Un día después de presentar esa reforma, Elhedery avisó al personal de que serían inevitables redundancias en puestos directivos duplicados. Era una forma elegante, muy de banco global, de decir que empezaba la descompresión.
Desde entonces, la reestructuración ha tenido contenido muy concreto. HSBC decidió replegar partes de su banca de inversión fuera de sus áreas más fuertes, con la retirada de actividades de asesoramiento en fusiones y adquisiciones y de algunas líneas de mercados de capitales y renta variable en Europa, Reino Unido y América. En febrero, Reuters resumía el proceso de Elhedery como una secuencia de reorganización por ejes geográficos, salida de unidades de inversión poco rentables en Estados Unidos y Europa, y recorte de mandos superiores. El propio banco admitió en sus resultados anuales que en 2025 inició 11 salidas de distintos negocios en todo el mundo. A eso se ha sumado la revisión, y después el proceso de venta, de su negocio de seguros de vida en Singapur, dentro de una política cada vez menos sentimental con las actividades que no encajan del todo en la nueva foto del grupo. El banco ya no está afinando. Está podando.
La IA no entra por la puerta, entra por el pasillo de servicio
Por eso la noticia de los 20.000 puestos encaja tan bien. No abre una etapa completamente nueva; la acelera. Lo que Reuters describe como los roles más vulnerables —los que no tienen contacto directo con el cliente y se concentran en centros globales de servicios— coincide con el terreno donde la inteligencia artificial tiene más posibilidades de sustituir, recortar o absorber tareas. No es el banquero de ventanilla lo que primero mira una hoja de cálculo agresiva. Es la parte menos visible del banco: procesamiento de documentación, revisiones internas, traducción y resumen de expedientes, soporte operativo, preparación de información, controles de rutina, tareas administrativas repetidas. Todo eso que durante años hizo falta multiplicar con miles de personas porque el volumen crecía más rápido que la automatización. Y todo eso que, en cuanto una herramienta empieza a hacerlo aceptablemente bien, pasa de ser “infraestructura humana” a convertirse en “coste optimizable”. La expresión no es agradable. Tampoco suele fallar.
La propia documentación oficial de HSBC ayuda a entender por qué el banco mira precisamente ahí. En su informe anual explica que su HSBC Productivity Suite, basada en grandes modelos de lenguaje, ayuda a analizar y traducir documentos, resumir información y generar ideas. Ese repertorio no sustituye por sí solo una cadena entera de operaciones, claro, pero sí erosiona el volumen de trabajo que justificaba ciertas plantillas. Si una parte creciente del tiempo que antes se dedicaba a leer, clasificar, condensar o preparar papeles pasa a resolverse en segundos o en minutos, la dirección acaba haciéndose la pregunta que ya se está haciendo: cuántas personas siguen siendo necesarias para producir la misma salida. Y ahí aparece la trampa verbal de la época. Se habla de ganar productividad, como si la productividad cayera del cielo. En realidad suele caer sobre algún organigrama.
La presión por los costes ya estaba escrita en los números
Incluso sin entrar en la filtración sobre los 20.000 empleos, el balance reciente de HSBC ya mostraba una obsesión muy marcada por el coste. En los resultados de 2025, el banco informó de 29.900 millones de dólares de beneficio antes de impuestos, con 23.100 millones de beneficio después de impuestos, y explicó que sus gastos operativos habían subido hasta 36.400 millones, entre otras cosas por provisiones legales, inversión tecnológica y 1.000 millones en costes de reestructuración y conceptos relacionados. Al mismo tiempo, defendió que había logrado contener el crecimiento del gasto “objetivo” en el 3%, y que el impacto de la simplificación ya había supuesto 600 millones de dólares de ahorro en 2025. Más aún: dejó escrito que iba encaminado a entregar 1.500 millones de reducción anualizada de costes antes de finales de junio de 2026, seis meses antes de lo previsto. Con ese telón de fondo, pensar que la IA se iba a usar solo como adorno de PowerPoint era, siendo benévolos, demasiado optimista.
Hay otro detalle que redondea la escena. Para 2026, HSBC ha guiado al mercado hacia un crecimiento de costes en base objetivo de apenas un 1%, mientras sigue invirtiendo en tecnología y mantiene ambiciones de rentabilidad más altas, con un objetivo de RoTE del 17% o superior entre 2026 y 2028. Esa combinación —más inversión, más disciplina, más presión sobre la rentabilidad— rara vez sale gratis en una organización con más de doscientas mil personas. El dinero para financiar la transición no aparece por generación espontánea. Sale de vender negocios, de simplificar capas, de exprimir procesos y, tarde o temprano, de reducir plantilla allí donde la máquina hace suficiente trabajo como para que el puesto empiece a parecer redundante. En la banca contemporánea, la palabra mágica ya no es solo crecimiento; es apalancamiento operativo. Y detrás de esa expresión técnica suele haber menos sillas.
HSBC ya no está probando la IA: la está desplegando
Aquí está el punto decisivo. HSBC no está experimentando con la IA como quien prueba una aplicación de moda durante dos semanas. En su informe anual afirma que en 2025 aceleró la adopción de IA generativa y pasó de la experimentación al despliegue a escala. Dice tener más de 100 soluciones de GenAI en uso, mantener una cartera amplia de casos en desarrollo y haber dado acceso a su herramienta de productividad basada en modelos de lenguaje a alrededor del 85% de sus empleados. Además, selló en diciembre una alianza estratégica plurianual con Mistral AI para acelerar el uso de inteligencia artificial generativa en todo el grupo. El lenguaje oficial es suave, casi balsámico: mejorar procesos, ahorrar tiempo, servir mejor al cliente. Todo eso es verdad. También lo es que, cuando una tecnología se incrusta de esa manera en el corazón operativo de un banco, acaba alterando la cantidad y el tipo de trabajo humano que hacen falta para moverlo.
El propio banco ya ha explicado que durante 2026 quiere expandir la adopción de estas herramientas a escala empresarial e incrustarlas más a fondo en sus procesos nucleares. Esa frase vale oro porque revela que no estamos ante un chatbot simpático para contestar dudas internas ni ante un juguete para programadores. Se está hablando de procesos centrales, de piezas estructurales. Cuando una dirección formula así su hoja de ruta, la discusión deja de ser si habrá impacto laboral y pasa a ser dónde, cuándo y cuánto. HSBC no ha dicho todavía que tal departamento va a desaparecer o que tal centro perderá tantos cientos de puestos. Pero ha dejado claro que quiere un banco capaz de producir más con menos fricción operativa. En una entidad tan grande, la fricción operativa casi siempre tiene nombre y apellido: personas, equipos, turnos, capas de supervisión, tareas repetidas, reportes que antes consumían horas y ahora caben en una pantalla.
No es un caso aislado: la banca lleva tiempo preparándolo
HSBC tampoco está sola en este giro. A finales de 2025, Reuters informó de que ejecutivos de grandes bancos estadounidenses como JPMorgan Chase, Wells Fargo, PNC y Citigroup ya hablaban abiertamente de mejoras de productividad impulsadas por IA y admitían que ese salto acabaría traduciéndose en menos empleo en determinadas áreas. JPMorgan llegó a explicar que en algunos frentes había duplicado la productividad; Wells Fargo reconocía que estaba haciendo mucho más sin aumentar plantilla; PNC describía la IA como un acelerante de una automatización que venía de años atrás; Citigroup presumía de avances notables en programación y autoservicio. Incluso Goldman Sachs comunicó recortes potenciales y una desaceleración de contrataciones dentro de una estrategia más amplia para usar IA en ventas, alta de clientes, préstamos o reporting regulatorio. Es decir, la banca ya ha dejado de fingir que esto va solo de asistencia inteligente. Va también, y cada vez más, de repartir menos trabajo humano por cada unidad de actividad.
Lo singular de HSBC es la mezcla de escala, velocidad y franqueza implícita. Escala, porque sigue siendo uno de los mayores bancos europeos y opera con una huella global gigantesca. Velocidad, porque Elhedery ha comprimido en poco más de un año una secuencia intensa de reorganizaciones, salidas de negocios y ajustes jerárquicos. Y franqueza implícita porque, aunque el banco no ha confirmado el plan de 20.000 puestos, todo lo que ha hecho desde 2024 empuja en esa dirección: recortar duplicidades, salir de áreas subescala, elevar rentabilidad, contener gastos, desplegar IA en procesos centrales y reducir la dependencia de trabajo administrativo masivo. No hay un volantazo. Hay una línea recta bastante nítida. La filtración solo le ha puesto número.
La factura laboral de la banca automática
La noticia, al final, no consiste solo en que HSBC podría recortar hasta 20.000 empleos. Consiste en que uno de los grandes bancos del mundo ya está lo bastante avanzado en su reestructuración tecnológica y organizativa como para contemplar ese volumen sin que parezca una fantasía de consultora con diapositivas de color azul. La plantilla total, la expansión del uso de GenAI, la alianza con Mistral, los ahorros ya capturados, la presión por la rentabilidad, la retirada de negocios menos competitivos y la poda de mandos forman una misma historia. Falta saber qué parte del ajuste acaba ejecutándose, en qué geografías y con qué calendario real. Falta, también, medir cuánta resistencia interna encuentra. Pero la dirección de viaje ya está marcada. Y lo que marca esa dirección no es una rebelión de robots, que queda bien en titular pero explica poco. Es algo más prosaico y quizá más duro: el banco ha decidido que una porción creciente de su trabajo interno puede hacerse con menos gente. En la banca del siglo XXI, muchas veces el despido no llega con estruendo. Llega envuelto en palabras como eficiencia, simplificación, productividad. Suenan limpias. Dejan cicatriz igual.
Alessandro Elia
Fuente de esta noticia: https://donporque.com/hsbc-esta-pensando-reemplazar-20-000-empleados-por-ia/
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