
«Solo los necios y los locos son categóricos en su interpretación del Apocalipsis». La advertencia de Charles Spurgeon llegó en medio de un auge de especulaciones a mediados del siglo XIX sobre los detalles de la segunda venida de Cristo. Esta sigue siendo una advertencia útil. Los creyentes a menudo se han visto tentados a rastrear el orden preciso de «las cosas que deben suceder pronto» (Ap 1:1) con mayor claridad de la que ofrece la Escritura.
La accidentada historia del posmilenialismo —la creencia de que Cristo regresará después de un período milenario (mil años) de expansión del evangelio, conversión masiva y florecimiento humano— ofrece una ilustración reveladora de esta tendencia. Brinda la oportunidad de reflexionar sobre cómo las circunstancias personales e históricas pueden influir sutilmente en nuestra comprensión de lo que dice la Escritura sobre la consumación de la historia redentora.
¿Problema posmilenial?
Aunque los cristianos siempre han estado unidos en la creencia de que Cristo «volverá en gloria para juzgar a los vivos y a los muertos, y Su reino no tendrá fin», se han desarrollado diversas perspectivas sobre las «cosas postreras» dentro de esos amplios límites bíblicos. Tres puntos de vista han llegado a definir los debates modernos sobre la escatología: el posmilenialismo, el amilenialismo y el premilenialismo. Cada uno representa una convicción diferente sobre el momento del regreso de Cristo en relación con su reinado milenario descrito en Apocalipsis 20:1-4.
El posmilenialismo fue especialmente influyente en el siglo XIX y contribuyó a alimentar los primeros movimientos evangélicos de avivamiento. Su influencia comenzó a disminuir en el tiempo alrededor de la Guerra Civil estadounidense (c. 1861-1865) y decayó rápidamente a principios del siglo XX. Aunque experimentó un ligero resurgimiento a finales del siglo XX y sigue siendo una fuerza potente en algunos ámbitos del evangelicalismo, el posmilenialismo todavía no ha recuperado la popularidad de la que gozaba en el pasado.
La perspectiva positiva del posmilenialismo hace que la huella de la influencia histórica sea especialmente visible
Un cierto optimismo escatológico distingue al posmilenialismo tanto del amilenialismo como del premilenialismo. Debido a que anticipa un arco ascendente de progreso del evangelio y la prosperidad temporal antes del regreso de Cristo, su popularidad a menudo ha fluctuado al ritmo de los acontecimientos mundiales. Pero este fenómeno no es único en el posmilenialismo. Las trayectorias de todas las posturas escatológicas han reflejado, en mayor o menor grado, el curso de la historia. Aun así, la perspectiva positiva del posmilenialismo hace que la huella de la influencia histórica sea especialmente visible.
Auge y declive
Algunas de sus primeras semillas se sembraron en el fervor milenarista de la Inglaterra del siglo XVII. Si bien la lectura figurativa de Agustín de Apocalipsis 20 había moldeado la comprensión de la iglesia desde el siglo V hasta la Reforma, a principios del siglo XVII algunos teólogos reformados comenzaron a ofrecer interpretaciones diferentes.
Clérigos ingleses como Thomas Brightman (1562-1607) y Joseph Mede (1586-1638), por ejemplo, defendieron un milenio orientado al futuro. Puritanos influyentes como William Perkins (1558-1602) también comenzaron a apoyar las lecturas historicistas de la profecía y a expresar una confianza creciente en el futuro de la Iglesia.
La escatología puritana de este periodo llegó a enfatizar dos temas relacionados: la conversión de los judíos y el triunfo global del evangelio. El primero, derivado de las palabras de Pablo en Romanos 11, fue probablemente, como ha señalado Iain Murray, la esperanza «dominante» a lo largo de la década de 1640. A partir de entonces, siguió siendo un hilo conductor que unía débilmente gran parte de las creencias que surgieron en este período. En un siglo marcado por la guerra civil y la agitación religiosa y política, la expectativa milenarista se extendió, ya que muchos veían en los acontecimientos actuales señales del avance del reino de Cristo.
Los elementos de las tres principales posiciones escatológicas actuales estaban sin duda presentes en este entusiasmo. Pero debido a que estos términos son relativamente recientes (la palabra «posmilenalismo» probablemente surgió a mediados del siglo XIX), es difícil situarlos con precisión en un período que fue testigo del desarrollo de opiniones sorprendentemente diversas. Sin embargo, los elementos básicos de lo que hoy llamamos posmilenalismo estaban tomando forma. A pesar de que el puritanismo fracasó en su intento de asegurar una posición perdurable en la Iglesia de Inglaterra después de 1662, estas convicciones perduraron hasta el evangelicalismo de principios del siglo XVIII.
El posmilenialismo se entrelazó con el espíritu activista del evangelismo del siglo XIX, ofreciendo una justificación teológica para una reforma social radical
Esto fue especialmente cierto en Estados Unidos. Jonathan Edwards, por ejemplo, aunque algo cauteloso en sus declaraciones públicas, se mostraba optimista sobre las perspectivas para el avivamiento y el avance del reino de Cristo antes de Su regreso. En privado, prestaba mucha atención a los acontecimientos actuales, siempre dispuesto a encajarlos en un marco cronológico derivado de su lectura del Apocalipsis. Además, como era de esperar, el Primer y el Segundo Gran Despertar provocaron el tipo de expectativa en las conversiones que desde entonces ha caracterizado al posmilenialismo.
A medida que se desarrollaba en una posición teológica más coherente y distintiva, el posmilenialismo pronto se entrelazó con el espíritu activista del evangelismo del siglo XIX, ofreciendo una justificación teológica para una reforma social radical. También resonó con los ideales de progreso de la Ilustración y moldeó las respuestas a una era dinámica de revolución, industrialización y descubrimientos científicos. A su vez, una forma secularizada de posmilenalismo surgió junto a su primo evangélico, moldeada por diferentes suposiciones, pero animada en parte por visiones similares de una transformación histórica positiva.
El posterior declive del posmilenalismo fue fruto del terreno cultural que impulsó su crecimiento. El progreso científico y la creciente secularización de finales del siglo XIX y principios del XX desafiaron los fundamentos bíblicos del posmilenalismo. Adicionalmente, con el auge de la crítica bíblica alemana, los eruditos comenzaron a mirar con escepticismo la veracidad histórica de la Biblia, así como la noción misma de una trayectoria histórica ordenada por Dios. El tumulto del siglo XX, con sus depresiones económicas, guerras mundiales, regímenes totalitarios y la carrera armamentista nuclear, erosionó aún más la confianza en la idea del progreso inevitable.
Premilenialismo, modernidad y renovación
El auge del premilenialismo dispensacionalista en el siglo XIX, con su énfasis en el inminente regreso de Cristo y un período de tribulación antes del milenio, ofreció una alternativa radical al posmilenialismo. Popularizado por figuras como John Nelson Darby y D. L. Moody en el siglo XIX y C. I. Scofield, Hal Lindsey, Jerry B. Jenkins y Tim LaHaye en el siglo XX, este movimiento ayudó a la gente a aceptar el declive percibido de la civilización occidental y la creciente hostilidad hacia el cristianismo. La promesa de escapar de un mundo que parecía estar cayendo en espiral hacia la destrucción resonó en muchos evangélicos que se sentían cada vez más marginados por una cultura moderna cada vez más secularizada.
Sin embargo, el posmilenialismo ha experimentado una especie de resurgimiento. A mediados del siglo XX, R. J. Rushdoony encabezó un avivamiento del pensamiento posmilenial, aunque con un enfoque más marcado que sus versiones anteriores. Este posmilenialismo enfatizaba la aplicación de la ley del Antiguo Testamento a todos los ámbitos de la vida, abogando por una transformación radical de la sociedad.
Como insinuó Spurgeon, debemos tener cuidado de mantener nuestras opiniones sobre el Apocalipsis dentro de los límites bíblicos
Aunque controversiales, sus ideas encontraron una audiencia receptiva entre los evangélicos preocupados por la erosión de la moralidad y la supuesta conformidad del premilenialismo dispensacionalista ante este tipo de degradación social. Del mismo modo, es difícil sobreestimar la influencia de Douglas Wilson, la Iglesia de Cristo de Moscú (Idaho) y el New Saint Andrews College en un posmilenarismo revitalizado con una vanguardia social, cultural y política. En esta forma renovada, el posmilenalismo puede estar recuperando algo de terreno, incluso si carece de la preeminencia de la que gozaba entre los evangélicos hace más de un siglo.
Lo que realmente importa
Hoy en día, el panorama escatológico dentro del evangelicalismo sigue siendo diverso. Aunque ha perdido fuerza, el posmilenialismo perdura, y su historia es instructiva. Su auge durante las épocas de avivamiento y reforma, y su posterior declive a medida que el racionalismo, la secularización y la guerra remodelaban el mundo occidental, deben recordarnos que debemos tener cuidado de no permitir que nuestra escatología se vea excesivamente influenciada por nuestros contextos.
Como insinuó Spurgeon, debemos tener cuidado de mantener nuestras opiniones sobre el Apocalipsis dentro de los límites bíblicos. Debemos estar atentos a cómo el contexto puede moldear nuestra lectura de la Palabra de Dios. También debemos buscar el tipo de equilibrio interpretativo en estas cuestiones que Cristo nos ilustra en Mateo 24. Durante la mayor parte de ese capítulo, nos da indicios específicos de su regreso, al tiempo que deja claro que «nadie», excepto «solo el Padre», sabe cuándo tendrán lugar estos acontecimientos (v. 36).
A continuación, al final del capítulo, centra nuestra atención en lo que realmente importa: la preparación espiritual. Como escribe el apóstol Pablo en 1 Tesalonicenses 5:6, no debemos «dormir como los demás», sino «estar alerta», llevando a cabo la obra de la Gran Comisión y viviendo vidas santificadas —y santificadoras— y piadosas, porque «no nos ha destinado Dios para ira, sino para obtener salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo» (v. 9). Al final, esta verdad debería llevarnos a decir con alegre expectación, y tal como concluye el apóstol Juan en Apocalipsis: «¡Ven, Señor Jesús!» (22:20).
Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga.
Jonathan Baddley
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/que-habra-sido-posmilenalismo/
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