
En toda nuestra planificación y oración sobre nuestro futuro, Salomón nos dice cuál es la mejor manera de vivir, seamos graduados o abuelas: «Sé que no hay nada mejor para ellos que regocijarse y hacer el bien en su vida» (Ec 3:12). En todas nuestras temporadas y estaciones, la manera de navegar la vida aquí, bajo el sol, es alegrarse y hacer el bien mientras vivamos.
Este trabajo suena divertido; felizmente nos anotamos en la lista de «alégrate». Pero no estamos seguros de cómo lograrlo exactamente. ¿Será que alegrarse es algo que realmente puedes elegir hacer? ¿Cómo podemos alegrarnos cuando todos nuestros planes se desmoronan?
Esta es la cuestión, dice Salomón, la alegría no es algo que vaya de la mano de una beca universitaria o la remodelación de la cocina. No es el resultado de ningún esfuerzo o logro en tu vida. No terminas el trabajo ni cumples tus sueños y luego te alegras. No puedes trabajar para alcanzar la alegría.
Alegrarse es el trabajo. Es la encantadora tarea que debemos cumplir hoy, mañana y todos los días por el resto de nuestras vidas. Es un trabajo diario para cada temporada. Por eso Salomón percibió que «no hay nada mejor para ellos… en su vida» (Ec 3:12).
¿Cómo podemos alegrarnos? Disfrutando de los dones de Dios. Como reitera Salomón: «además, sé que todo hombre que coma y beba y vea lo bueno en todo su trabajo, que eso es don de Dios» (Ec 3:13).
Nuestro trabajo de «alegrarnos» es bastante sencillo. Simplemente necesitamos buscar los dones ordinarios de Dios y disfrutarlos diariamente, tal como vienen. Un comentador bíblico nos anima a «afrontar la vida de manera receptiva y disfrutar de los buenos dones de Dios a medida que se manifiestan».1
Para abordar la vida de manera receptiva debemos abordar cada día de manera receptiva. Comienza con la oración. Piensa en el día anterior y agradécele a Dios por las bendiciones de la comida y la bebida, el trabajo y el descanso, los amigos y familiares, la sabiduría, la fortaleza y cada oración contestada. Escríbelos si lo deseas. Luego pídele a Dios más de los mismos regalos de gracia para el nuevo día. A medida que avanza el día, observa y disfruta cada buen regalo a medida que llega.
No importa cuán bajas estén tus circunstancias actuales o cuán difícil sea tu camino actual, Dios te está dando regalos para que los disfrutes hoy.
No importa cuán bajas estén tus circunstancias actuales o cuán difícil sea tu camino actual, Dios te está dando regalos para que los disfrutes hoy
Cuando la calumnia invadió su iglesia, Carolyn creó una lista diaria de dones de Dios y la compartió con su familia para animarla. Todos estaban sorprendidos por la cantidad de regalos llenos de bondad y gracia que Dios les estaba dando, incluso en medio de sus situaciones infelices.
En los malos tiempos, no siempre percibimos los dones de Dios, y en los buenos tiempos, podemos olvidar Sus beneficios (Sal 103:2). Incluso podemos suponer (¡respira profundo!) que hemos ganado o logrado alguna bendición gracias a nuestros propios esfuerzos o nuestra fuerza.
Por eso Santiago —quien seguramente estudió a Salomón—, nos dice: «no se engañen» acerca de dónde vienen las buenas dádivas: «Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces» (Stg 1:16-17). Cada semestre con excelentes calificaciones y cada noche de ocho horas de sueño ininterrumpido y cada flor que te da tu nieto vienen de arriba, y debemos disfrutarlo adecuadamente, como si descendiera del Padre de las luces.
Cuando empiezas a vivir la vida de forma receptiva, descubres que cada día es realmente como Navidad. Tiene sentido, entonces, por qué Salomón dice: «no hay nada mejor… que regocijarse» (Ec 3:12).
La sabiduría de Salomón elimina las conjeturas sobre lo que significa vivir verdaderamente. En lugar de seguir un plan a diez años —que, siendo realistas, no suele durar ni un año— deberíamos «hacer el bien» hoy (Ec 3:12).
Deberíamos ver lo bueno de todo nuestro trabajo, pues «eso es don de Dios» (Ec 3:13). Seamos honestos: el trabajo no suele ser la actividad que preferimos hacer por placer. De hecho, a menudo pensamos que nuestro trabajo es la parte más desagradable de nuestra vida.
Pero Salomón dice todo lo contrario. Dios no solo llena nuestras vidas de cosas buenas para hacerlas hoy, sino que además llena de placer todo nuestro trabajo. Nos da un sentido de propósito al tener un trabajo que hacer y nos da placer para completar ese trabajo.
Podemos encontrar satisfacción en un cesto de ropa sucia vacío o en una bandeja de entrada de correo electrónico sin pendientes, en una despensa reabastecida o en un informe terminado. Dios nos da alegría y deleite al hacer el bien.
De hecho, el trabajo es a menudo lo que nos ayuda a superar los momentos desagradables de la vida. El trabajo es un regalo especial en épocas de dificultad o incertidumbre. Ya sea que estemos ansiosos o afligidos, esperando noticias o enfrentando una gran decisión, siempre hay algo bueno que hacer frente a nosotros. Organizar la cama. Hacer la tarea. Lavar la ropa.
No importa cuántas preguntas llenen nuestra mente o cuántas lágrimas llenen nuestros ojos, experimentaremos la gracia simplemente por ser fieles. Como compartió una vez Elisabeth Elliot:
«Haz lo siguiente». No conozco ninguna fórmula más sencilla para tener paz, para aliviar el estrés y la ansiedad, que esta sabia frase tan práctica y realista. ¡Haz lo siguiente que tengas que hacer! Eso me ha ayudado a superar más agonías que cualquier otra cosa que pudiera recomendar.
Hacer lo siguiente también comienza con la oración. Pregúntale a Dios: «¿Qué sigue? ¿Qué bien quieres que haga hoy?». Como Pablo explica en el Nuevo Testamento: «Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas» (Ef 2:10).
Los desórdenes, las equivocaciones y las interrupciones pueden no estar en nuestros planes, pero todos son parte del hermoso plan de Dios
A menudo sabemos en qué buenas obras debemos caminar cada día: Es el deber que tenemos frente a nosotros. Empacar el almuerzo de tu esposo. Alimentar y limpiar a tu hijo. Hacer mandados. Reunirte con un cliente. Visitar a un vecino anciano. Estudiar para tus exámenes. Ora y haz lo siguiente.
Pero tenemos que estar atentas, porque a Dios le gusta repartir tareas de último minuto. Si bien ha preparado todas nuestras buenas obras con anticipación, no siempre nos dice lo que ha preparado. Los desórdenes, las equivocaciones y las interrupciones pueden no estar en nuestros planes, pero todos son parte del hermoso plan de Dios.
Hacer el bien puede parecer ordinario, mundano e incluso servil, razón por la cual a veces lo evitamos. ¿Seguramente este no puede ser el bien que Dios me ha llamado a hacer? ¿No tiene Dios una obra más importante que yo pueda realizar? Muchas mujeres asumen que necesitan un puesto o una plataforma antes de poder hacer algo bueno; o piensan que hacer el bien es algo que deben prepararse para hacer algún día. Pero no necesitamos alcanzar una posición importante para realizar un trabajo importante.
Dios ha preparado buenas obras importantes para que cada uno de nosotros las realicemos, todos los días, mientras vivamos a la luz de Su evangelio en Cristo. Hacer el bien puede no ser glamoroso, pero sí glorioso, porque es un regalo de Dios para nosotros. Lo servil se vuelve significativo cuando Dios lo corona con propósito y placer.
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Carolyn Mahaney, Nicole Whitacre
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/regocijarse-hacer-bien-mujer/
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