
El estudio, realizado en modelos animales, permite reconocer qué áreas y tipos de células cerebrales muestran señales de envejecimiento antes que otras, lo que facilitaría una detección más temprana y el desarrollo de tratamientos para prevenir enfermedades como el Alzheimer
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que el envejecimiento poblacional representa uno de los mayores desafíos globales del siglo XXI. Según sus datos, la esperanza de vida mundial supera actualmente los 73 años y se prevé que, para 2050, más de 2.100 millones de personas tendrán más de 60 años.
En ese sentido, las enfermedades neurodegenerativas, que ya afectan a 57 millones de personas en todo el mundo, podrían duplicarse cada dos décadas, según estimaciones de la OMS. Ahora, un equipo internacional de científicos, coordinado por el Instituto Salk, centro líder en neurobiología, presentó el primer atlas epigenético unicelular del envejecimiento cerebral.
Publicado en la revista científica Cell y realizado en modelos animales, este trabajo desarrolló una herramienta que permite observar con una precisión sin precedentes cómo el envejecimiento cerebral activa fragmentos de ADN que antes permanecían silenciados en las células del cerebro.
Dicho de forma sencilla, este avance permite identificar qué partes y tipos de células del cerebro envejecen antes que otras, lo que permitirá detectar el deterioro cerebral de forma más temprana y diseñar tratamientos específicos para prevenir o retrasar enfermedades como el Alzheimer.

El director del estudio, Joseph R. Ecker, precisó: “Los cambios cerebrales relacionados con la edad, particularmente en regiones críticas para la atención, la memoria, la emoción y las funciones motoras, afectan gravemente la calidad de vida”. Es por eso que, según detalló, el atlas surge de un análisis masivo de más de un millón de células cerebrales de ratones.
Los científicos mapearon los cambios epigenéticos —las etiquetas químicas que activan o desactivan los genes— en 36 tipos celulares distribuidos en ocho regiones cerebrales. Los datos integran estudios de metilación, transcriptómica espacial y análisis tridimensional del genoma, permitiendo observar cómo las modificaciones moleculares varían según la edad, el tipo celular y la región anatómica.
Qué indica el primer atlas epigenético del envejecimiento cerebral
Uno de los hallazgos centrales es la reactivación de fragmentos de ADN conocidos como elementos transponibles, apodados “genes saltarines”. Estos segmentos constituyen aproximadamente la mitad del genoma humano y, en condiciones normales, permanecen reprimidos gracias a la metilación, un proceso epigenético que actúa como sello químico.

El atlas demostró que, con la edad, estos sellos se debilitan y los “genes saltarines” pueden activarse, lo que genera inestabilidad genómica e inflamación crónica, factores clave en la disfunción celular presente en enfermedades como el Alzhéimer y la esclerosis lateral amiotrófica.
Dicho de otro modo, la metilación funciona como un candado que mantiene cerradas ciertas partes del ADN para evitar que causen problemas. Cuando este se debilita con la edad, estos fragmentos —conocidos como “genes saltarines” porque pueden moverse o “saltar” de un lugar a otro dentro del genoma— se liberan y alteran el equilibrio celular.
El estudio identificó puntos calientes de desmetilación, especialmente en fragmentos retrovirales antiguos, con patrones que varían según la región cerebral y el tipo celular. La pérdida de estos “silenciadores” químicos no ocurre de manera uniforme; algunas áreas y tipos celulares son más vulnerables que otros.

La posibilidad de distinguir estos matices se debe a la resolución unicelular y espacial del atlas, disponible en plataformas como Amazon Web Services y Gene Expression Omnibus (GEO), repositorio de datos biomédicos de acceso abierto, que permite a laboratorios de todo el mundo comparar sus propios datos con los del atlas.
Con estos resultados, la investigación comprobó que el envejecimiento no es homogéneo en el cerebro. Tanto las neuronas como las células no neuronales —especialmente la glía, responsable de proteger, alimentar y dar soporte a las neuronas, además de regular el entorno cerebral y participar en la respuesta inmunitaria del sistema nervioso— muestran ritmos diferenciados de envejecimiento y vulnerabilidad epigenética.
Los cambios relacionados con la edad fueron más pronunciados en las células no neuronales. Por ejemplo, las células gliales localizadas en la parte posterior del cerebro exhiben mayor inflamación y desregulación genética que las situadas en el área frontal.
Es decir, entre las “plantas” del jardín cerebral, la glía —que no es la protagonista principal como las neuronas, pero sí fundamental para el equilibrio del entorno— resulta más sensible a las condiciones adversas del envejecimiento, y su vulnerabilidad varía según el “terreno” en el que se encuentra.

El estudio también identificó el fortalecimiento de los límites de los dominios de asociación topológica (TAD) como un biomarcador de alta precisión para el envejecimiento cerebral, siendo que estos son fragmentos de ADN que interactúan en el espacio tridimensional del genoma y cuya organización depende, entre otras proteínas, de la CTCF. En resumidas cuentas, la alteración en estos límites modifica la arquitectura interna del genoma, afectando la circulación y las conexiones entre las distintas regiones.
Para explicar este comportamiento de manera sencilla, es como si las paredes internas de un edificio se reforzaran o se debilitaran con el tiempo, cambiando así los pasillos y accesos entre habitaciones y alterando la forma en que las personas se comunican y se mueven dentro de la estructura.
La resolución espacial del atlas, lograda mediante la caracterización de casi 900.000 células por técnicas de transcriptómica espacial y más de 200.000 células por ensayos de metilación y conformación de la cromatina, permitió a los investigadores rastrear cómo el envejecimiento afecta de manera diferencial incluso a células del mismo tipo, dependiendo de su ubicación anatómica. Así, un mismo tipo celular puede mostrar un perfil joven en una región y signos de envejecimiento molecular avanzado en otra.
Modelos predictivos y oportunidades para la salud pública

El acceso público al atlas epigenético no solo democratiza el conocimiento, sino que también fomenta el desarrollo de nuevos modelos computacionales. El equipo del Instituto Salk creó modelos de aprendizaje profundo capaces de predecir cambios en la expresión génica asociados a la edad, a partir de datos epigenéticos multiómicos. Esta capacidad allana el camino hacia modelos virtuales de envejecimiento cerebral y, en el futuro, estrategias de intervención personalizadas.
El atlas ya se integra al ecosistema global de recursos abiertos, junto a referencias como el Atlas cerebral de Allen del Allen Institute for Brain Science y el Atlas de células cerebrales de la enfermedad de Alzheimer de Seattle. Esta infraestructura en la nube elimina barreras de acceso y almacenamiento y promueve la colaboración internacional.
Los hallazgos refuerzan que preservar la calidad de vida en la vejez depende, en gran parte, de la salud cerebral y de la adaptación de los sistemas sanitarios. El Instituto Salk subraya que desentrañar los mecanismos moleculares del envejecimiento “puede facilitar intervenciones preventivas y terapias personalizadas”.
La información reunida por el atlas ofrece un marco para identificar etiquetas químicas específicas que podrían ser el objetivo de futuras estrategias terapéuticas, incluso con la posibilidad de “reiniciar” el epigenoma y restaurar el funcionamiento neuronal antes de que el daño sea irreversible. Si se logra volver a colocar los “candados” sobre los fragmentos de ADN que producen inestabilidad genómica, se podría frenar la propagación del deterioro antes de que la alteración sea permanente. Sin embargo, aún resta un largo camino en la investigación.
infobae.com
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