
Caminar en cuatro patas puede parecer una expresión libre, creativa o incluso liberadora. En el caso de los therians, no se trata de un disfraz, sino de una identidad que conecta con un animal específico. Sin embargo, cuando esa conexión se traduce en movimiento físico prolongado, el cuerpo humano entra en territorio desconocido. La pregunta ya no es cultural, sino biológica: ¿qué ocurre realmente cuando una persona adopta de forma habitual una postura cuadrúpeda?
Therian y caminar en cuatro patas: identidad y expresión
Los therians describen su experiencia como una conexión profunda con un “teriotipo”, es decir, una especie animal con la que sienten afinidad psicológica o espiritual. No creen tener un cuerpo animal, pero sí afirman que ciertos rasgos internos —instinto, agilidad, territorialidad o lealtad— forman parte de su identidad. En algunos casos, esa vivencia se expresa físicamente al caminar o saltar en cuatro patas.
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Este fenómeno, visible desde los años 90 en foros digitales, ganó mayor presencia pública en 2024 y 2026 con encuentros en plazas y parques de ciudades como Ciudad de México y Buenos Aires. Lo que antes era una práctica privada ahora ocurre en espacios abiertos, generando curiosidad y debate. Pero más allá del fenómeno social, la biomecánica humana tiene límites claros.
El cuerpo humano no está diseñado para cuatro apoyos
Somos bípedos obligados. Nuestra columna vertebral tiene una forma en “S” diseñada para distribuir el peso de manera vertical. Al caminar en cuatro patas, esa arquitectura cambia. El peso que normalmente recae en la pelvis y las piernas se traslada a las muñecas y los hombros, articulaciones que evolucionaron para manipular objetos, no para absorber impacto constante.
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Las muñecas pueden desarrollar sobrecarga en los huesos del carpo, tendinitis o inflamación si soportan peso repetido. Además, para mirar hacia adelante en posición cuadrúpeda, es necesario hiperextender el cuello. Con el tiempo, esa postura genera tensión cervical y puede afectar la espalda alta. El cuerpo humano puede adaptarse a muchos movimientos, pero no está optimizado para sostener esa posición durante horas.
Diferencias clave entre humanos y animales cuadrúpedos
Un lobo o un felino tienen una columna diseñada como un puente horizontal, capaz de distribuir el peso entre cuatro extremidades de manera eficiente. En los humanos, el foramen magnum —el orificio en la base del cráneo por donde pasa la médula espinal— está ubicado en la parte inferior central, permitiendo equilibrio vertical. En animales, está más hacia atrás, lo que facilita mirar al frente con el cuerpo horizontal sin forzar el cuello.

También existen diferencias en proporciones. En la mayoría de los cuadrúpedos, las extremidades delanteras y traseras mantienen el lomo nivelado. En el ser humano, las piernas suelen ser más largas que los brazos, lo que eleva la cadera y aumenta la presión en manos y hombros al caminar en cuatro patas. Lo que para un animal es eficiencia energética, para el humano puede convertirse en desgaste mecánico.
Riesgos físicos si la postura se prolonga
Especialistas en anatomía coinciden en que mantener una postura cuadrúpeda durante largos periodos puede provocar esguinces de muñeca, inflamación en hombros, dolor lumbar por compresión y contracturas cervicales. Saltar y aterrizar apoyando brazos incrementa el riesgo de microlesiones, ya que el impacto no se disipa adecuadamente en esa zona.

No se trata de alarmismo, sino de principios básicos de biomecánica. El cuerpo humano concentra su resistencia estructural en la pelvis y las piernas. Cambiar esa distribución durante horas exige a músculos y articulaciones un esfuerzo para el que no fueron diseñados. La repetición sin técnica ni descanso es el verdadero detonante de lesiones.
¿Puede haber beneficios?
Movimientos en cuatro apoyos, realizados de forma breve y controlada, pueden fortalecer el core, mejorar la coordinación y activar la estabilidad del tronco. El problema aparece cuando esa postura se convierte en una forma habitual de desplazamiento o en desafíos prolongados. El equilibrio entre expresión personal y salud física es delicado.

En términos energéticos, caminar en cuatro patas resulta más costoso para el humano que para un cuadrúpedo natural. Eso significa mayor fatiga muscular y mayor demanda articular. El cuerpo puede adaptarse progresivamente, pero necesita técnica adecuada, superficies blandas y pausas frecuentes.

Los therians han abierto una conversación interesante sobre identidad y corporalidad en una era de nuevas formas de expresión. Sin embargo, la anatomía humana sigue siendo la misma que hace miles de años: bípedo, vertical y optimizado para distribuir el peso en las piernas. Caminar en cuatro patas puede ser una experiencia puntual o simbólica, pero mantener esa postura de forma prolongada implica riesgos biomecánicos reales. En un mundo donde la identidad se explora cada vez más a través del cuerpo, quizá la pregunta más importante no sea quién eres, sino cómo cuidas la estructura que te sostiene.
Carolina Gutiérrez Argüelles
Fuente de esta noticia: https://ecoosfera.com/medio-ambiente/natura/therians-caminar-cuatro-patas/
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