
Correos de 2015 y 2018 desvelados en un juicio en Los Ángeles muestran que Instagram fijaba objetivos para aumentar el uso entre niños de 10 años. El CEO declaró por primera vez ante un juez y aseguró que “no recuerda” el contexto.
Mark Zuckerberg nunca había declarado ante un jurado. Lo había hecho ante el Congreso, ante el Senado, incluso había pedido perdón a familias afectadas en una audiencia televisada en 2024. Pero este miércoles, en la Corte Suprema de Los Ángeles, la situación era distinta: bajo juramento, con doce miembros del jurado escuchando cada una de sus palabras y el peso de más de 1.500 demandas similares acechando. El fundador de Meta llegó puntual, traje oscuro, corbata gris y gesto serio, para enfrentarse a la primera pregunta que miles de familias estadounidenses llevan años queriendo formularle directamente: ¿diseñó Instagram para enganchar a los niños?
La respuesta del empresario de 41 años fue tan medida como sus comparecencias políticas, pero con un matiz nuevo: por primera vez, admitió que su compañía llegó tarde. “Siempre deseo que hubiéramos podido llegar antes”, declaró al ser preguntado por los informes internos que ya en 2015 alertaban de que Instagram contaba con cuatro millones de usuarios menores de 13 años, lo que representaba el 30% de todos los niños estadounidenses de entre 10 y 12 años. Ese era precisamente el perfil de Kaley, la joven de 20 años cuya demanda ha logrado sentar al todopoderoso CEO en el banquillo.
La paradoja de la edad: “Mienten, pero no les preguntábamos”
El núcleo de la defensa de Zuckerberg fue el mismo que ha mantenido en apariciones públicas: la política de Meta prohíbe el acceso a menores de 13 años, y si hay niños en la plataforma es porque mienten sobre su edad. “Creo que hay un grupo de personas, potencialmente un número significativo, que mienten sobre su edad para usar nuestros servicios”, insistió. Pero el abogado de la demandante, el expeditivo Mark Lanier, tenía preparada una réplica devastadora: cuando Kaley se registró en Instagram con nueve años, la plataforma ni siquiera le preguntó su edad. Hasta diciembre de 2019, Instagram solo exigía a los nuevos usuarios que marcaran una casilla confirmando que eran mayores de 13 años, sin ninguna verificación adicional.
Lanier, que ha construido su carrera enfrentándose a grandes corporaciones, exhibió documentación interna de Meta que evidenciaba una estrategia mucho menos ingenua. Un documento de 2015 establecía como objetivo aumentar el tiempo que los niños de 10 años pasaban en Instagram. Otro, fechado en 2018, afirmaba sin ambages: “Si queremos tener un gran éxito entre los adolescentes, debemos incorporarlos cuando son preadolescentes”. Zuckerberg, ante estas revelaciones, optó por la estrategia del olvido: “No recuerdo el contexto de esos documentos de hace más de diez años”, respondió.
El giro estratégico: Zuckerberg señala a Apple y Google
En un momento del interrogatorio que pasará a los anales del juicio, Zuckerberg introdujo un elemento inesperado. Cuando Lanier le preguntó por qué Meta no había implementado antes sistemas efectivos de verificación de edad, el CEO respondió que el problema debería resolverse en origen: “Hacerlo a nivel del teléfono es mucho más claro que hacerlo por separado en cada aplicación. Apple y Google, las empresas detrás de los sistemas operativos, deberían implementar la verificación de edad a nivel del dispositivo. Sería bastante fácil para ellos”. Una declaración que, más que una defensa, sonó a intento de compartir responsabilidades con los dos gigantes que controlan el acceso a las aplicaciones móviles.
El ambiente en la sala era eléctrico. Frente al juzgado, desde las siete de la mañana, una decena de padres que perdieron a sus hijos por problemas derivados de la adicción a las redes se manifestaban. Entre ellos estaba Tammy Rodríguez, cuya hija Selena se suicidó con once años en 2021 tras una supuesta adicción a Instagram y Snapchat. Rodríguez fue la primera persona en presentar una demanda civil contra las plataformas, y ahora observaba desde la audiencia. “No tengo ninguna satisfacción”, declaró al salir. “Me siento igual que cuando me fui ese día en 2024, pero estamos aquí y en un tribunal, así que eso es algo importante”.
Filtros de belleza y libertad de expresión
Uno de los intercambios más tensos se produjo cuando Lanier sacó a relucir los filtros de belleza de Instagram. El abogado argumentó, apoyado en estudios de expertos contratados por la propia Meta, que estos filtros —capaces de simular cirugías estéticas o moldear cuerpos de forma irreal— contribuyen a alimentar problemas de imagen corporal entre las niñas.
La respuesta de Zuckerberg reveló la compleja posición de la compañía: decidieron no prohibir los filtros, sino simplemente no recomendarlos. “Dejar que la gente usara los filtros si quería. Ese fue el equilibrio al que llegamos para que la gente se expresara como quiera”, explicó, añadiendo que prohibirlos habría sido “paternalista” . “Creo que debemos tener cuidado cuando decimos, ‘oye, hay una restricción sobre lo que la gente puede decir o expresarse’. Creo que necesitamos tener pruebas bastante claras de que las cosas saldrán mal”.
Lanier contraatacó mostrando un correo electrónico enviado por una empleada de Meta, madre de dos adolescentes, que advertía directamente a Zuckerberg sobre el impacto de los filtros. “Respeto su decisión y la apoyo, pero quiero dejar constancia de que no creo que sea la decisión correcta”, rezaba el mensaje.
El correo de 2015 y la obsesión por el tiempo
La acusación se sostiene sobre una premisa simple pero difícil de demostrar: que las plataformas están diseñadas específicamente para generar adicción, más allá del contenido que alojan. Funciones como el scroll infinito, la reproducción automática de vídeos, los algoritmos de recomendación hiperpersonalizados y la llegada constante de notificaciones operarían, según los demandantes, como “un golpe químico”.
Lanier recuperó un correo electrónico de 2015 en el que Zuckerberg marcaba como objetivo para su equipo aumentar un 10% el tiempo que los usuarios pasaban en la red. También exhibió un documento de 2022 que proyectaba que el tiempo promedio en Instagram crecería de 40 minutos diarios en 2023 a 46 minutos en 2026. El CEO de Meta reconoció que “antes sí teníamos objetivos relacionados con el tiempo”, pero matizó: “Si construyes una comunidad y la gente no se siente segura, eso no es sostenible y al final la gente se une a otra comunidad”.
En un momento de especial tensión, Lanier preguntó a Zuckerberg si consideraba aceptable que una empresa se “aproveche” de personas con menos oportunidades educativas o que vienen de entornos difíciles. “Creo que una empresa razonable debería intentar ayudar a las personas que utilizan sus servicios”, respondió el directivo.
El fantasma de las demandas millonarias
El caso de Kaley —identificada como K.G.M., una joven de 20 años de Chico, California, que comenzó a usar YouTube a los seis años, Instagram a los nueve y más tarde TikTok y Snapchat— es solo el primero de una serie de juicios que podrían reconfigurar el panorama legal de las redes sociales en Estados Unidos. TikTok y Snapchat ya llegaron a acuerdos extrajudiciales con la demandante el mes pasado, un movimiento que muchos interpretan como un intento de evitar el escrutinio público que ahora soportan Meta y Google.
La trascendencia del caso es tal que el resultado podría afectar a alrededor de 1.600 demandantes, incluyendo familias, distritos escolares y estados que acusan a las plataformas de alimentar una epidemia de depresión, ansiedad, trastornos alimenticios y suicidios entre los jóvenes. La querella se centra exclusivamente en el diseño de las aplicaciones porque la legislación estadounidense (Sección 230) concede a las plataformas inmunidad casi total frente a responsabilidades derivadas del contenido generado por los usuarios.
El hombre detrás del mito
Durante el interrogatorio, Lanier intentó perforar la armadura corporativa de Zuckerberg mostrando documentos internos sobre su entrenamiento en comunicación, donde se le recomendaba ser “auténtico, directo, humano, perspicaz y real”, evitando parecer “falso, robótico, corporativo o cursi”. Zuckerberg, conocido por sus apariciones públicas a menudo calificadas de rígidas, respondió con un destello de autoconciencia: “Creo que en realidad soy bastante conocido por ser un tanto malo en esto”.
Pero más allá de las anécdotas sobre su puesta en escena, lo que estaba en juego era mucho más profundo. Los abogados de Meta defienden que los problemas de salud mental de Kaley derivan de una infancia complicada y que las redes sociales fueron para ella una “vía de escape creativa”. La compañía sostiene que los adolescentes representan menos del 1% de los ingresos de Instagram, argumentando que “la mayoría de los adolescentes no tienen ingresos disponibles, por lo que no son valiosos para los anunciantes”.
Los demandantes replican que el valor de los jóvenes no reside en su poder adquisitivo inmediato, sino en su conversión en usuarios a largo plazo. Y mientras el jurado deliberará hasta finales de marzo, una imagen quedó grabada en la retina de los presentes: el cartel tan largo que necesitó siete personas para sostenerlo, repleto de cientos de fotografías extraídas de la cuenta de Instagram de Kaley, testimonio visual de las incontables horas que, según la acusación, la plataforma le robó a su infancia.
Redacción
Fuente de esta noticia: https://www.xn--lamaana-7za.uy/actualidad/los-archivos-ocultos-de-meta-zuckerberg-se-enfrenta-a-la-justicia-por-adiccion-de-ninos-y-adolescentes-a-las-redes/
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