
¡Qué gloriosa verdad! Dios declara justas a personas pecaminosas que ponen su fe en la obra de Cristo; salvos por la fe sola. Así lo enseña la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Este ha sido el testimonio de la iglesia desde el inicio y durante todas las épocas, con una claridad especial durante y a partir de la Reforma protestante.
Martín Lutero afirmó que la justificación es el artículo de la fe sobre el cual la iglesia se mantiene o cae. Esto es así en parte porque responde a la pregunta más urgente del ser humano pecador: ¿Cómo puedo estar bien con Dios? Sin embargo, durante años estudiando la Biblia, Dios me ha llevado a ver que la justificación tiene implicaciones que van mucho más allá de la aceptación legal ante Dios.
A continuación, resumo cinco de ellas:
1. Aumenta la seguridad
Una implicación de la justificación por la fe sola es la manera en que el creyente se presenta delante de Dios. Si uno espera ser recibido favorablemente en la vida eterna sobre la base de una justicia propia, es normal vivir con inseguridad. Después de todo, ¿quién alcanza la perfección en esta vida? (Stg 2:10).
En cambio, si uno confía en ser recibido por Dios sobre la base de los méritos de Cristo, atribuidos a uno por la fe, entonces se tiene un fundamento firme y seguro. Esto nos libera para vivir la vida cristiana ya no como esclavos, sino como hijos, seguros del favor Dios y la aceptación en Su familia (Gá 4:7).
2. Lleva a la santificación
¿Llevará esta seguridad en la gracia de Dios a una vida de pecado? «¡De ningún modo!», responde Pablo (Ro 6:15).
Quienes no creen en la justificación por la fe sola suelen argumentar que esta doctrina socava los esfuerzos por crecer en santidad en la vida cristiana. «Si nuestras obras no cuentan para el juicio final, ¿para qué esforzarse en hacerlas?». Aunque a primera vista esta objeción parece tener peso, al reflexionar con más profundidad vemos que la justificación por la fe, lejos de estorbar la santificación, en realidad la estimula.
La justificación es una manifestación del amor de Dios, y esto inspira amor y alabanza hacia Él en nuestros corazones
Por ejemplo, si pienso que mi justificación depende, aunque sea en parte, de mis obras, estaré sujeto a dos tendencias equivocadas. Una es valorarme a mí mismo de manera excesivamente favorable, creyendo que cumplo con las exigencias de Dios mejor de lo que realmente lo hago, lo cual me lleva al orgullo. La otra tendencia es caer en la desesperación al darme cuenta de que nunca alcanzaré la perfección, lo que me hace más susceptible a la tentación: Si no puedo lograr ser santo, ¿para qué intentarlo?
La justificación por la fe sola, en cambio, me permite ser honesto conmigo mismo y reconocer lo lejos que estoy del estándar divino. Me llena de esperanza porque sé que mi destino no depende de mis pobres esfuerzos, sino de mi Salvador perfecto. Gracias a Jesús, incluso el pecado que aún mancha mis mejores obras queda perdonado, de modo que Dios las recibe con agrado. ¡Este es el único fundamento para una vida de servicio gozoso y humilde!
3. Inspira el amor
Amamos a Dios porque Él nos amó primero (1 Jn 4:19). Este amor divino se manifiesta de forma más evidente en la entrega de Jesús a nuestro favor, lo cual conduce a nuestra justificación (Ro 5:6-11). La justificación es una manifestación del amor de Dios, y esto inspira amor y alabanza hacia Él en nuestros corazones.
Asimismo, la justificación me facilita amar al prójimo. Si pienso que debo hacer buenas obras para mantener o aumentar mi justificación, seré propenso a utilizar a mi prójimo como un medio para ganar más favor ante Dios. Difícilmente podré amarlo por sí mismo. En cambio, si mi aceptación con Dios es segura por la obra de Cristo, puedo olvidarme de mí mismo y de mi proyecto de acumular méritos. Solo entonces podré enfocarme en agradar a Dios (Gá 2:19). A su vez, también puedo pensar en mi prójimo, hallando gozo en servirle por su bien, no porque eso me haga «ganar puntos» con Dios, sino por la simple alegría de verle feliz.
4. Promueve la obediencia
¿Qué es lo que motiva la obediencia sostenida en la vida cristiana? La respuesta es la confianza en Dios. La justificación por la fe sola convence al creyente de que Dios está de su lado. Esto incrementa el deseo de obedecer, porque confía en que Dios cuidará de él aun cuando la obediencia tenga un costo alto.
Abraham es un claro ejemplo de esto. ¿Por qué estaba dispuesto a sacrificar a su hijo Isaac? No fue porque pensara que debía hacerlo para conservar su justificación. Más bien, fue porque confiaba en la provisión divina (He 11:19). Nosotros también estaremos más dispuestos a obedecer al Señor de maneras radicales si confiamos profundamente en Su favor.
5. Abre el paso a las demás bendiciones salvíficas
¿Es posible enfocarse demasiado en la justificación por la fe sola? Tal vez sí. La justificación no es la única bendición de la vida cristiana, ni su culminación. En su libro Conociendo a Dios, el teólogo J. I. Packer argumentó que la bendición suprema de la vida cristiana —es decir, el privilegio más alto del creyente— no es la justificación, sino la adopción.
Estaremos más dispuestos a obedecer al Señor de maneras radicales si confiamos profundamente en Su favor
Packer explica que esto es así porque, en la justificación, el creyente conoce a Dios como Juez, mientras que en la adopción lo conoce como Padre. Estará eternamente agradecido a Dios como Juez por la justificación, pero tiene comunión tierna con el Padre.
Pero esto no es, de ningún modo, un desprecio a la justificación. La justificación es fundamental porque en ella se elimina la barrera legal y se da paso a la recepción de todo lo que pertenece a la vida eterna. No obstante, debemos avanzar desde la declaración legal hacia el disfrute de todos los demás privilegios que hallamos en nuestra unión con Cristo.
Una vida transformada
Todas las doctrinas de la fe cristiana están interconectadas y el entendimiento que tengamos de una de ellas afecta, de manera más o menos directa, nuestra percepción de las demás.
La justificación por la fe sola es una doctrina fundamental, no solo porque responde a la pregunta esencial: ¿cómo puedo salvarme?, sino también porque influye decisivamente en la manera en que entendemos otras enseñanzas clave, como la adopción, la santificación, la seguridad y la unión con Cristo. Por tanto, procuremos no solo afirmar esta doctrina, sino también permitir que transforme profundamente la manera en que vivimos la vida cristiana. Este es el artículo de la fe sobre el cual nuestras vidas se mantienen o se caen.
Matthew Leighton
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/justificacion-implicaciones-practicas/
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