
Imagina un grupo de inmigrantes y estudiantes reunidos en una cálida sala de iglesia, tomando té y entablando conversaciones en su inglés. Así es el ministerio de 2:19 Teach to Reach (Enseñar para alcanzar), un programa de conversación en inglés que es mucho más que una clase de idiomas. Utilizando proverbios de todo el mundo, los voluntarios apoyan a los estudiantes de idiomas y propician conversaciones sobre las preguntas más profundas de la vida relacionadas con la familia, el propósito y lo que da sentido a la vida.
La sala, llena del habitual murmullo nervioso que se produce cuando se reúnen grupos de desconocidos, se convirtió en un espacio diferente: un espacio magnético, un oasis en un mundo que parecía estar separándonos a todos. Los espacios magnéticos son entornos que pueden promover la cortesía y también el evangelio de Jesucristo. En estos tiempos fracturados y llenos de ira, necesitamos desesperadamente lugares como este para recuperar el aliento y encontrar nuestro camino.
Crisis de cortesía
Digamos lo obvio: nuestro momento cultural se siente singularmente roto. Ya sea por las luchas políticas internas, las protestas interminables o las cicatrices persistentes de la pandemia, la incivilidad parece estar en todas partes. Agravado por las formas en que la vida en línea nos divide (he visto los términos «ciberbalcanización» y «splinternet» por todas partes), nuestra postura hacia los demás es menos abierta y más defensiva.
Un estudio realizado en Estados Unidos en 2022 con 7000 participantes analizó cómo el COVID-19 ha afectado nuestra personalidad. El estudio se centró en los «cinco grandes» rasgos de la personalidad: extroversión frente a introversión, amabilidad frente a antagonismo, consciencia frente a falta de dirección, neurosis frente a estabilidad emocional y apertura frente a una actitud cerrada a las experiencias. Los hallazgos son aleccionadores. Somos menos amables y empáticos, más cerrados a las nuevas ideas, nos alejamos de las personas y nos cuesta mantener la motivación para alcanzar nuestros objetivos. En otras palabras, nos estamos volviendo peores para convivir unos con otros.
Tanto dentro como fuera de la iglesia, hablamos sin escucharnos, etiquetamos a las personas con las que no estamos de acuerdo y caricaturizamos sus opiniones. Todos sentimos la presión: la presión del tiempo que se necesita para tener una conversación real y la exclusión de los espacios saludables donde solían tener lugar esas conversaciones. Tenemos miedo de ser malinterpretados o «cancelados», y ese miedo solo empeora las cosas. Este clima hostil afecta a nuestros cuerpos, nuestras mentes y nuestras relaciones.
Los espacios magnéticos abren las puertas a una esperanza duradera al dirigirnos hacia el evangelio
Todos anhelamos el regreso de la cortesía básica, pero hay un problema: eso no es suficiente por sí solo. Necesitamos a Jesús en el centro, a Aquel que repara lo que está profundamente roto. Ahí es donde los espacios magnéticos encajan a la perfección. Alivian la presión inmediata sobre nuestro tiempo al crear espacio para conversaciones honestas y amables. Al mismo tiempo, los espacios magnéticos abren las puertas a una esperanza duradera al dirigirnos hacia el evangelio.
De los atrios a los porches
En uno de sus últimos artículos, «Lemonade on the Porch» [Limonada en el porche], el pastor y teólogo Tim Keller sugirió que la cultura occidental ya no puede considerarse un «atrio» donde podemos presentar la fe cristiana de forma natural.
En cambio, argumentó que las iglesias necesitan construir un nuevo tipo de porche delantero. Se trata de espacios sin presión donde «podemos servirles limonada a los forasteros que aún no están listos para entrar en la “casa”, pero donde pueden prepararse para hacerlo». Son lugares donde las personas pueden conectarse sin sentirse como un proyecto.
Keller se basa en mi propio trabajo sobre la realización subversiva, una forma de comprometerse con la cultura, que, según él, será una de las principales características de un porche efectivo para la iglesia:
En resumen, significa que debe haber un balance de crítica y confrontación clara de la incredulidad («subversiva») junto a un gran respeto y aprecio por los buenos valores, compromisos y aspiraciones de los no creyentes («realización») […]. La «realización subversiva» evita los dos errores del sincretismo o la irrelevancia. El pecado no solo debe ser denunciado en general, sino en las formas idólatras particulares que se encuentran en la cultura. La salvación no solo debe ser declarada en general, sino como el cumplimiento de las esperanzas mismas que la cultura pone erróneamente en sus ídolos.
Los espacios magnéticos brindarían un alivio temporal de las tormentas de la vida, un lugar para reflexionar sobre los problemas actuales de nuestro tiempo. Estos espacios serían similares a los antiguos hospiciums que, antes del siglo XIX, eran lugares de descanso para los viajeros y no lugares para cuidar a los moribundos.
Puntos magnéticos
Los espacios que construya cada iglesia serán diferentes, pero compartirán la misma estructura sólida: los «puntos magnéticos» de J. H. Bavinck. Esta era la forma en que Bavinck describía el anhelo universal que tiene todo ser humano.
Bavinck dice que todos conocemos y no conocemos a Dios; todos corremos hacia Dios y huimos de Él
He popularizado sus ideas en mi libro Una fe magnética, que comienza con la interpretación de Bavinck sobre la visión bíblica de la humanidad. Bavinck sostenía que todos los seres humanos, debido a la caída, tienen una conciencia religiosa deteriorada. Los hombres y las mujeres son portadores de la imagen de Dios, pero suprimen la verdad y se vuelven hacia los ídolos (Ro 1:18). Bavinck dice que todos conocemos y no conocemos a Dios; todos corremos hacia Dios y huimos de Él.
Bavinck sugiere entonces cinco puntos magnéticos que nos atraen a todos:
- Totalidad: ¿Hay alguna forma de conectar? Todos queremos sentirnos conectados a algo más grande que nosotros mismos.
- Normas: ¿Hay alguna forma de vivir? Todos buscamos reglas y normas por las cuales regirnos.
- Liberación: ¿Hay alguna salida? Todos queremos escapar del quebrantamiento de este mundo.
- Destino: ¿Hay alguna forma de controlarlo? Todos nos preguntamos si tenemos un propósito y si tenemos el control de nuestras vidas.
- Poder superior: ¿Hay una forma de ir más allá? Todos nos preguntamos si hay algo más allá.
Tratamos de responder a estas preguntas por nuestra cuenta, buscando la realización en nuestras carreras, relaciones o pasatiempos, pero solo Jesús las subvierte y las realiza por completo.
Espacios magnéticos
Me encanta lo adaptables que son los puntos de Bavinck: los he compartido a nivel mundial y las ideas simplemente fluyen. Imaginemos una clase para padres que profundiza en las normas y el destino con una mezcla de proverbios y Escrituras, o un círculo de salud mental que aborda la liberación de la confusión interior con historias sobre la esperanza de Jesús. Los grupos de niños pequeños podrían abordar la totalidad, ese anhelo universal de pertenencia. ¿Clubes de lectura o noches de cine? Son perfectos para lidiar con el poder superior, tamizando los ídolos culturales con gracia y determinación.
El espacio magnético más desarrollado que he visto es el del ministerio 2:19 Teach to Reach, que describí anteriormente. Han creado un recurso llamado Utter Wisdom (Sabiduría absoluta), basado en sesenta proverbios de diferentes idiomas y culturas. Los voluntarios facilitan actividades breves en inglés y dirigen debates sobre cómo los temas de esos proverbios nos ayudan a reflexionar sobre las preguntas más profundas de la vida. Cada tema (el tiempo, el éxito y el fracaso, los animales, el dolor y el sufrimiento) se basa en los «puntos magnéticos». Y cada lección termina con un breve estudio en el que los alumnos pueden ver cómo estos temas profundos se conectan y se enfrentan a Jesús, el «Yo soy».
A través de la conversación, creamos un espacio para la conversión. Estos espacios magnéticos son un punto de entrada a la familia de Cristo
Los ministerios como este no son innovaciones descabelladas: muchas iglesias ya realizan una labor similar. El objetivo no es reinventar la rueda, sino darles a estas iniciativas un camino para navegar cuidadosamente entre atender las necesidades prácticas de las personas y compartir la verdad transformadora del evangelio. Cuando ayudamos a la gente a pensar sobre la vida a través de los puntos magnéticos, ellos descubren sus propios compromisos más profundos, lo que la Biblia llama idolatría.
Los espacios magnéticos ayudan a las personas a detenerse y reflexionar sobre los objetos de su adoración. Esperamos y oramos para que, por el Espíritu de Dios, comiencen a ver la inutilidad de los ídolos y la belleza de una vida construida sobre Cristo, el único poder superior que nos da totalidad, norma, liberación y destino en Él.
La Persona magnética
Se pueden imaginar otros espacios magnéticos diseñados y construidos sobre este marco de «puntos magnéticos»: clases para padres, grupos de niños pequeños, grupos de apoyo para la salud mental y el duelo, clubes de lectura, clubes de cine, grupos de estudiantes universitarios, grupos de debate sobre temas de actualidad.
Estos fomentarían y promoverían la cortesía entre los portadores de la imagen de Dios. Nos encantaría que todos los ciudadanos de nuestra cultura hostil y conflictiva, tanto cristianos como no cristianos, cultivaran la cortesía que mejora la comprensión de uno mismo, la consciencia y la escucha al otro. A través de la conversación, creamos un espacio para la conversión. Estos espacios magnéticos son un punto de entrada a la familia de Cristo.
Tales espacios pueden ser tanto «iglesia reunida» (como nuestros servicios dominicales, que siguen siendo el espacio magnético por excelencia) como «iglesia dispersa» en nuestra vida cotidiana. En nuestro mundo descortés, estos lugares ofrecen a los viajeros cansados un momento de descanso y reflexión. Al mismo tiempo, apuntan a la Persona magnética por excelencia: el Señor Jesús, el único lugar en el que realmente encontramos descanso.
Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga.
Daniel Strange
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/iglesias-necesitan-espacios-magneticos/
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