
El Cinturón Volcánico Transmexicano no es solo una cadena de montañas impresionantes: es una de las zonas geológicas más activas del continente. Cruza México de costa a costa y forma parte del Cinturón de Fuego del Pacífico, donde ocurre el 90% de la actividad sísmica mundial. Bajo ciudades como CDMX, Puebla o Guadalajara, esta franja concentra millones de años de energía acumulada. Entender qué es el Cinturón Volcánico Transmexicano y por qué representa un riesgo no es alarmismo, es cultura científica básica para vivir en un territorio que literalmente está en movimiento.
¿Qué es el Cinturón Volcánico Transmexicano y cómo se formó?
El Cinturón Volcánico Transmexicano, también conocido como Eje Neovolcánico, es una franja de aproximadamente 900 kilómetros que va desde Nayarit hasta Veracruz. Se formó por la subducción de las placas tectónicas de Cocos y Rivera bajo la placa de Norteamérica, un proceso que genera magma y origina volcanes como el Popocatépetl, el Nevado de Toluca y el Pico de Orizaba, el punto más alto del país.
No es una estructura del pasado: es un sistema activo y dinámico. El Popocatépetl mantiene actividad constante con exhalaciones de vapor, gases y ceniza. Además, esta región alberga miles de volcanes monogenéticos, como el Paricutín, que surgió en 1943 en Michoacán y transformó el paisaje en cuestión de días. El Cinturón Volcánico Transmexicano demuestra que la Tierra sigue cambiando frente a nosotros.
¿Por qué el Cinturón Volcánico Transmexicano representa un peligro?
El riesgo no se limita a la lava. El verdadero desafío es la combinación entre actividad geológica y alta densidad poblacional. En esta franja vive más del 50% de la población mexicana, es decir, más de 50 millones de personas. Grandes ciudades están asentadas sobre antiguos valles volcánicos, lo que convierte cualquier evento sísmico o eruptivo en un fenómeno de impacto masivo.

Investigaciones del Departamento de Sismología de la UNAM han documentado al menos seis terremotos históricos vinculados a esta región desde el siglo XV. Destacan el de 1912 (magnitud 6.9) y el de 1920 (magnitud 6.4), este último con más de 1,500 muertes. Aunque estos sismos no son tan frecuentes como los de la costa del Pacífico, su cercanía a zonas densamente pobladas los vuelve especialmente peligrosos.
Riesgos volcánicos más allá de la erupción
Cuando pensamos en volcanes, solemos imaginar explosiones espectaculares. Pero el peligro es más complejo. La ceniza volcánica puede afectar la salud respiratoria, contaminar fuentes de agua y paralizar aeropuertos, como ha ocurrido en Puebla y Ciudad de México por la actividad del Popocatépetl. Los lahares —mezclas de lodo y rocas— pueden descender por las laderas tras lluvias intensas y arrasar comunidades.

También existen los flujos piroclásticos, nubes de gas y material incandescente que avanzan a gran velocidad. Son poco frecuentes, pero extremadamente destructivos. Y están los volcanes monogenéticos: pequeños, impredecibles y capaces de surgir en zonas que hoy parecen completamente urbanizadas. El riesgo no siempre es explosivo; a veces es silencioso y acumulativo.
El Cinturón Volcánico Transmexicano dentro del Anillo de Fuego
El Cinturón Volcánico Transmexicano forma parte del Anillo de Fuego del Pacífico, una franja tectónica de aproximadamente 40,000 kilómetros que concentra el 75% de los volcanes activos del planeta. Países como Japón, Chile e Indonesia comparten esta condición geológica, marcada por terremotos y erupciones históricas. Durante años se consideró que el centro de México tenía menor riesgo sísmico comparado con la costa. Sin embargo, estudios recientes sugieren que la actividad local podría estar subestimada.

El Cinturón Volcánico Transmexicano es, al mismo tiempo, un motor de fertilidad y un recordatorio de nuestra vulnerabilidad. Gracias a él existen paisajes icónicos y suelos productivos, pero también es la fuente de algunos de los mayores riesgos naturales en México. Más de 50 millones de personas viven sobre esta estructura activa que forma parte del Cinturón de Fuego del Pacífico. Entenderlo no significa vivir con miedo, sino asumir que habitamos un territorio dinámico donde la ciencia, el monitoreo y la prevención son esenciales. En un país moldeado por volcanes, la pregunta no es si la Tierra volverá a moverse, sino qué tan preparados estaremos cuando ocurra.
Carolina Gutiérrez Argüelles
Fuente de esta noticia: https://ecoosfera.com/sci-innovacion/cinturon-volcanico-transmexicano/
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