
El Escándalo Silencioso: Parlamentarios Argentinos en el Mercosur Trabajan Gratis Desde Hace 18 Años
Mientras los diputados nacionales cobran millones, 43 legisladores electos por voto popular representan a Argentina en el Parlasur sin recibir un peso. Con Milei, la situación pasó de escandalosa a inhumana: ahora ni siquiera les pagan los viaticos.
Hay escándalos que explotan en los medios. Y hay otros que transcurren en silencio, normalizados por la indiferencia y la hipocresía institucional. El caso de los parlamentarios argentinos en el Mercosur pertenece a esta segunda categoría: una vergüenza nacional que lleva 18 años sin resolverse y que, con la llegada de Javier Milei a la presidencia, alcanzó niveles de crueldad kafkiana.
Imaginemos la escena: 43 legisladores argentinos, electos por voto popular en las urnas, viajan mensualmente a Montevideo para representar a su país en el Parlamento del Mercosur (Parlasur). Debaten proyectos de integración regional, negocian con sus pares de Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia, y ejercen funciones diplomáticas en nombre de Argentina. ¿Cuánto cobran por este trabajo? Exactamente cero pesos.
Pero la cosa no termina ahí. Desde su creación en 2007, el Estado argentino al menos cubría los gastos de traslado y viáticos. Era lo mínimo: pasajes, hotel, comidas. Hasta que llegó la motosierra de Milei. En septiembre de 2024, la Cancillería suspendió incluso esos pagos básicos. Ahora los parlamentarios deben viajar a Uruguay y pagar de su bolsillo hoteles, comidas y transporte. O simplemente no ir.
Bienvenidos al país donde la democracia es un privilegio de ricos y donde el Estado exige trabajo gratis a representantes elegidos por el pueblo. Bienvenidos al escándalo que nadie quiere contar.
¿Qué es el Parlasur y Por Qué Debería Importarnos?
El Parlamento del Mercosur no es un club de amigos. No es un organismo decorativo. Es la única institución con representación ciudadana directa en todo el bloque regional, y sus miembros son elegidos por voto popular igual que los diputados nacionales.
La Historia de una Institución Ignorada
El Parlasur nació en 2007 como órgano político del Mercosur, ese bloque económico que Argentina ayudó a fundar en 1991 junto a Brasil, Paraguay y Uruguay. Su función: representar a los ciudadanos del Mercosur (más de 260 millones de personas) en los procesos de integración regional.
Tiene 186 parlamentarios en total: 43 de Argentina, 37 de Brasil, 18 de Paraguay, 18 de Uruguay y 9 de Bolivia (país incorporado posteriormente). Sesiona una vez al mes en su sede permanente en Montevideo, Uruguay.
Pero aquí viene el primer dato demoledor: mientras Brasil, Paraguay y Uruguay eligen directamente a sus representantes en el Parlasur mediante sufragio universal, Argentina fue el primer país en hacerlo, incorporando este cargo a las boletas electorales desde 2015.
Sí, leyó bien. Los argentinos votan en las urnas para elegir a estos parlamentarios. Marcan con una cruz su preferencia, igual que cuando eligen diputados o senadores nacionales. Estos representantes tienen legitimidad democrática directa. No son designados a dedo. No son cargos honoríficos. Son funcionarios electos por el pueblo soberano.
¿Qué Hacen Exactamente?
El Parlasur elabora proyectos de normas, emite dictámenes sobre iniciativas del bloque, supervisa los órganos ejecutivos del Mercosur y promueve la integración. Sus funciones incluyen:
- Velar por el respeto a la democracia y los derechos humanos en la región
- Fomentar la participación ciudadana en procesos de integración
- Contribuir a armonizar legislaciones entre los países miembros
- Realizar misiones de observación electoral
- Promover políticas de desarrollo sustentable
¿Es un órgano con poder de aprobar leyes vinculantes? No todavía. Su capacidad es principalmente consultiva y de recomendación. Pero representa un pilar fundamental del único proyecto de integración genuinamente sudamericano, en un momento donde China y Estados Unidos pelean por influencia en la región.
Y Argentina, país fundador del Mercosur, país que impulsó la creación del Parlasur, país que eligió democráticamente a sus representantes… los tiene trabajando gratis desde hace casi dos décadas.
La Promesa Incumplida: 18 Años de Engaño Institucional
El problema no es que Argentina nunca haya prometido pagarles. El problema es que lo prometió por ley y nunca cumplió.
La Ley que Nadie Respeta
En 2013, el Congreso argentino sancionó la Ley 26.854, que en su artículo 5° establece de manera cristalina: «Los representantes argentinos en el Parlamento del Mercosur serán asimilados en el derecho interno a los diputados nacionales».
¿Qué significa «asimilados»? Significa que deberían tener el mismo estatus, las mismas prerrogativas y, crucialmente, la misma remuneración que un diputado de la Cámara Baja argentina.
Un diputado nacional en Argentina cobra actualmente entre $5.000.000 y $6.000.000 de pesos mensuales (aproximadamente USD 5,000-6,000 dólares al tipo de cambio oficial), más gastos de representación, servicios de salud, combustible y otros beneficios. Son legisladores que trabajan en Buenos Aires, en su propio país, muchos desde sus provincias.
Los parlamentarios del Parlasur, en cambio, deben viajar mensualmente a Montevideo, negociar en nombre de Argentina con representantes de cuatro países, ejercer diplomacia parlamentaria internacional… y no cobran un centavo.
El Argumento del Cinismo
Durante años, los sucesivos gobiernos argentinos esgrimieron el mismo argumento burocrático: «El Parlasur debería pagarles, no Argentina». Es decir, el organismo regional, con presupuesto limitado financiado por aportes de los Estados miembros, debería asumir los salarios.
Esto es como que una empresa envíe a un empleado a trabajar al exterior y le diga: «Que te pague la oficina de allá». Salvo que la «oficina de allá» no tiene presupuesto para pagarle porque los países miembros no lo aportan.
Brasil resolvió este problema hace años: sus parlamentarios del Parlasur son legisladores federales que cumplen funciones duales. Cobran su sueldo completo como congresistas brasileños y además representan al país en Montevideo. Uruguay y Paraguay tienen sistemas similares de compensación.
Solo Argentina mantiene a sus representantes en servidumbre democrática: les exige trabajar, les reconoce legitimidad electoral, les asigna funciones institucionales… y no les paga.
Los Reclamos Judiciales Ignorados
En 2023, parlamentarios de distintos bloques políticos llevaron el caso ante la Justicia. El diputado Walberto Allende, entre otros, presentó reclamos exigiendo el cumplimiento de la Ley 26.854. El caso llegó hasta la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
A principios de 2025, el tema sigue sin resolución judicial definitiva. La Corte, desbordada o simplemente desinteresada, no ha emitido un fallo que obligue al Estado a cumplir su propia legislación.
Mientras tanto, los parlamentarios continúan su trabajo gratuito. Porque resulta que en Argentina, hay leyes que se cumplen y leyes que son letra muerta. Y cuando se trata de pagar a quienes representan al país en foros internacionales, la ley es apenas un bonito adorno.
De Malo a Peor: La Motosierra Llegó al Parlasur
Si trabajar sin sueldo durante 18 años ya era escandaloso, la gestión de Javier Milei elevó la humillación a niveles grotescos. En septiembre de 2024, la Cancillería argentina comunicó oficialmente que suspendía el pago de pasajes y viáticos para los parlamentarios del Parlasur.
Leamos esto nuevamente, porque parece increíble: el gobierno de Milei no solo mantiene la política de no pagarles salarios, sino que ahora tampoco cubre los gastos básicos de traslado para que puedan ejercer sus funciones.
La Motosierra que Mutila la Democracia
La medida se enmarca en el famoso «ajuste» y la «licuadora» que Milei prometió en campaña. Recortar el Estado, eliminar el gasto público, la famosa «motosierra». Suena épico en un discurso televisivo. En la práctica, significa que legisladores electos democráticamente deben decidir entre pagar de su bolsillo un viaje internacional mensual o directamente no representar a su país.
¿Cuánto cuesta un viaje a Montevideo? Un pasaje de ida y vuelta Buenos Aires-Montevideo oscila entre USD 200 y USD 400 según la temporada. El alojamiento por tres o cuatro días ronda los USD 300-500. Comidas, transporte local, otros gastos: otros USD 200-300. Total por sesión: entre USD 700 y USD 1,200 dólares.
Multipliquen eso por 12 sesiones anuales. Estamos hablando de USD 8,400 a USD 14,400 dólares al año que cada parlamentario debe pagar de su propio bolsillo para ejercer el cargo al que fue electo por voto popular.
¿Y qué pasa si no tienen ese dinero? Simple: no van. Y Argentina queda sin representación en el órgano parlamentario del bloque comercial más importante de Sudamérica.
El Amparo Judicial y la Indiferencia Oficial
El 11 de noviembre de 2024, un grupo de parlamentarios del Parlasur presentó un amparo ante la jueza federal María Servini. La acción judicial llevaba las firmas de legisladores de Unión por la Patria (Mariano Arcioni, Teresa Parodi, Gabriel Fuks, Franco Metaza) y del bloquelibertario (Rodolfo Eiben), evidenciando que el reclamo trasciende grietas políticas.
El argumento es contundente: la suspensión de viáticos viola el derecho al ejercicio de funciones públicas de representantes electos democráticamente. Es, literalmente, impedirles trabajar.
La respuesta del gobierno de Milei fue fría: que el Parlasur se haga cargo. El mismo argumento de siempre, elevado ahora a política oficial. Con un agregado: la Cancillería informó que el presupuesto 2025 directamente no incluye partidas para gastos del Parlasur.
No es recorte. Es eliminación total.
Testimonios del Abandono
Según trascendidos periodísticos, varios parlamentarios han tenido que recurrir a estrategias creativas para continuar asistiendo:
- Algunos viajan en auto particular para ahorrar en pasajes aéreos (un viaje de 8-10 horas)
- Otros se hospedan en casas de amigos o familiares en Montevideo
- Varios han dejado de asistir directamente a sesiones consideradas «menos importantes»
- Algunos parlamentarios con mayor capacidad económica cubren gastos de colegas con menos recursos
En marzo de 2025, el diputado Fabio José Quetglas presentó un proyecto de resolución (0580-D-2025) instando al Poder Ejecutivo a «asegurar el cumplimiento de la Disposición N° 03/2022 del Parlasur en relación al pago de los viáticos correspondientes a la participación de los representantes de la República Argentina».
El proyecto fue enviado a comisiones. Donde, previsiblemente, dormirá el sueño de los justos junto a cientos de iniciativas ignoradas.
La Paradoja Cruel
Aquí está la ironía más dolorosa: mientras Milei suspende USD 700 dólares mensuales de viáticos para parlamentarios que representan a Argentina en el exterior, su gobierno gasta millones en viajes presidenciales, giras internacionales y eventos protocolares.
El presidente ha viajado a Estados Unidos, España, Italia, Israel y decenas de otros destinos, con comitivas, seguridad, protocolo y gastos que se cuentan en cientos de miles de dólares por viaje.
Pero los USD 700 dólares para que un parlamentario electo por el pueblo pueda ir a Montevideo a representar al país… eso sí es gasto público intolerable. Eso sí requiere motosierra.
Los Números que Avergüenzan: Comparación Regional
Para entender la magnitud de la vergüenza argentina, conviene mirar cómo manejan este tema los otros países del Mercosur. La comparación es devastadora.
Brasil: Profesionalismo y Presupuesto
Brasil, la mayor economía del bloque, resolvió el tema con pragmatismo. Sus 37 parlamentarios en el Parlasur son legisladores federales en ejercicio que cumplen funciones duales: trabajan en el Congreso brasileño y además representan al país en Montevideo.
Cobran sus salarios completos como congresistas (aproximadamente USD 12,000 mensuales), más dietas, gastos de representación y todos los beneficios que corresponden. Cuando viajan a sesiones del Parlasur, el Estado brasileño cubre pasajes, alojamiento y viáticos internacionales sin problema.
Presupuesto anual estimado de Brasil para su bancada del Parlasur: USD 5-7 millones de dólares. ¿Es mucho? Es lo que cuesta tener representación seria en un organismo regional.
Uruguay: Pequeño pero Digno
Uruguay, con una economía 15 veces más pequeña que la argentina, también paga a sus 18 parlamentarios del Parlasur. La mayoría son legisladores nacionales que reciben compensaciones por su trabajo en Montevideo (donde, convenientemente, está la sede del organismo).
Salario promedio de un parlamentario uruguayo del Parlasur: USD 4,000-5,000 mensuales, más gastos cuando deben movilizarse. El presupuesto uruguayo contempla estas erogaciones sin chistar.
Paraguay: El Más Pobre Cumple
Paraguay, el país más pobre del Mercosur, con un PBI per cápita de apenas USD 6,000 anuales, también paga a sus 18 representantes. Sus parlamentarios del Parlasur reciben compensaciones equivalentes a las de legisladores nacionales: aproximadamente USD 3,000-4,000 mensuales.
Incluso Bolivia, incorporada posteriormente al bloque y con serias limitaciones presupuestarias, provee algún tipo de retribución a sus 9 parlamentarios.
Argentina: Líder en Hipocresía
Y luego está Argentina. País fundador del Mercosur. Segunda economía del bloque. Nación que presume de tradición democrática. País que eligió a sus parlamentarios del Parlasur por voto directo antes que nadie.
Aporte salarial a sus 43 parlamentarios: CERO pesos.
Viáticos desde septiembre 2024: CERO pesos.
Pasajes desde septiembre 2024: CERO pesos.
El costo de pagarles dignamente sería ínfimo en el presupuesto nacional. Si Argentina abonara a sus 43 parlamentarios el equivalente a un diputado nacional (USD 5,000 mensuales), el costo anual sería de USD 2,58 millones de dólares. Con viáticos incluidos, digamos USD 3-3,5 millones anuales.
¿Es mucho? El presupuesto nacional argentino para 2025 supera los USD 120,000 millones de dólares. Estamos hablando del 0,0029% del presupuesto total. No llega ni al 0,003%.
Menos de tres milésimas del presupuesto nacional. Eso es lo que Argentina se niega a invertir en tener representación digna en el Parlamento del Mercosur. Es como una persona que gana USD 100,000 al año y se niega a gastar USD 3 dólares en algo esencial.
No es problema de dinero. Es problema de voluntad política, de respeto institucional y de vergüenza.
Trabajo Ad Honorem en el Parlamento Regional: Las Voces del Silencio
Detrás de los números y las leyes incumplidas hay personas. Legisladores que, contra toda lógica, continúan asistiendo a Montevideo mes tras mes, pagando de su bolsillo y ejerciendo funciones para las que fueron democráticamente electos. ¿Por qué lo hacen? ¿Cómo sobreviven?
La Realidad Invisible
Aunque los parlamentarios del Parlasur raramente hablan públicamente del tema (por pudor, por vergüenza institucional o por temor a ser acusados de «mercenarios»), la realidad es conocida en los pasillos del Congreso argentino:
La mayoría de los parlamentarios del Parlasur son también diputados o senadores nacionales. Esta superposición no es casualidad: es la única manera de financiar el cargo. Un legislador nacional cobra su sueldo millonario en Buenos Aires y usa parte de esos fondos para cubrir sus gastos en el Parlasur.
Es, en la práctica, un subsidio cruzado perverso: el Estado paga sueldos completos a diputados nacionales que luego usan ese dinero para ejercer otro cargo público para el cual el Estado se niega a pagar.
Otros parlamentarios del Parlasur tienen actividades privadas lucrativas: empresarios, abogados con estudios exitosos, profesionales con buenos ingresos. Pueden darse el lujo de trabajar gratis para el Estado un par de días al mes.
¿Y los Que No Pueden?
Aquí emerge la pregunta incómoda: ¿Qué pasa con ciudadanos capaces, comprometidos, pero sin recursos económicos suficientes? ¿Puede un maestro de escuela ser parlamentario del Parlasur? ¿Puede un trabajador promedio? ¿Puede alguien de clase media que depende de su único salario?
La respuesta es no. Rotundamente no.
El sistema actual opera como un filtro de clase implícito: solo quienes tienen independencia económica pueden permitirse el cargo. Es democracia en teoría, plutocracia en la práctica.
Teresa Parodi, cantante y ex ministra de Cultura, hoy parlamentaria del Parlasur por Unión por la Patria, es uno de los pocos casos públicos que ha verbalizado el problema. En declaraciones de 2024, señaló la «situación insostenible» y la necesidad de que el Estado cumpla con la ley. Pero incluso ella puede solventar los gastos gracias a su carrera artística y sus recursos personales.
La Dignidad como Privilegio
El ex gobernador de Chubut, Mariano Arcioni, también parlamentario del Parlasur, tiene patrimonio y contactos suficientes para ejercer el cargo sin colapsar económicamente. Lo mismo vale para varios de sus colegas con trayectorias políticas largas o actividades empresariales paralelas.
Pero esta no debería ser la condición para representar a Argentina en un organismo regional. Un cargo electivo democráticamente no debería requerir solvencia económica previa como requisito de facto.
Imaginemos aplicar la misma lógica a otros cargos: «Sea diputado nacional, pero le pagamos solo si le sobra plata». «Sea intendente, pero trabaje gratis porque esperamos que tenga otra fuente de ingresos». Sería un escándalo insostenible.
Sin embargo, con el Parlasur esto se ha naturalizado durante casi dos décadas. Es normal. Es aceptable. Es cómo funcionan las cosas.
El Costo Personal
Algunos parlamentarios han compartido off the record los costos concretos:
- Viajes mensuales que consumen 3-4 días (traslado, sesiones, comisiones)
- Gastos personales de USD 700-1,200 por sesión
- Tiempo quitado a actividades remuneradas
- Desgaste familiar y personal de viajes constantes
- Trabajo de gabinete, informes, estudios legislativos… todo sin remuneración
Un parlamentario que asiste regularmente al Parlasur invierte entre 40 y 50 días al año en esa función, gastando entre USD 8,000 y USD 15,000 dólares anuales de su bolsillo. Eso sin contar el trabajo preparatorio, las reuniones virtuales, la lectura de documentos y la elaboración de proyectos.
Es, literalmente, un trabajo de tiempo parcial no remunerado. O, dicho sin eufemismos: trabajo esclavo institucionalizado.
El Doble Estándar: Congreso Nacional vs. Parlasur
La hipocresía del sistema argentino alcanza su punto máximo cuando comparamos el trato que reciben los legisladores nacionales versus los parlamentarios del Parlasur. Ambos son electos por voto popular. Ambos representan al pueblo argentino. Pero ahí terminan las similitudes.
Los Privilegiados del Congreso
Un diputado nacional argentino en 2025 cobra aproximadamente $5.500.000 pesos mensuales (unos USD 5,500 al cambio oficial), que incluyen:
- Dieta básica
- Gastos de representación
- Viáticos automáticos
- Pasajes aéreos ilimitados dentro del país
- Combustible subsidiado
- Servicio de salud de primer nivel (cobertura médica completa para el legislador y su familia)
- Personal de apoyo (asesores pagados por el Estado)
- Oficinas equipadas
- Telefonía e internet
- Seguro de vida
Además, tienen acceso a comedores subsidiados, estacionamiento gratuito, seguridad personal cuando corresponde, y una serie de beneficios adicionales que elevan el costo real por legislador a cifras considerablemente superiores.
Un senador nacional cobra aún más: cerca de $6.000.000 de pesos mensuales con beneficios similares o superiores.
Los Parias del Parlasur
Un parlamentario del Parlasur electo por el mismo sistema democrático recibe:
- Dieta básica: $0
- Gastos de representación: $0
- Viáticos: $0 (suspendidos desde septiembre 2024)
- Pasajes internacionales: $0 (suspendidos desde septiembre 2024)
- Combustible: $0
- Servicio de salud: $0
- Personal de apoyo: $0
- Oficinas: $0
- Telefonía e internet: $0
- Seguro de vida: $0
Total de beneficios: absolutamente nada.
La Misma Legitimidad, Distinto Trato
Ambos cargos se votan en la misma boleta electoral. Cuando un argentino va a votar en elecciones legislativas, marca opciones para:
- Diputados nacionales
- Senadores nacionales (en años correspondientes)
- Parlamentarios del Mercosur
Los tres cargos tienen idéntica legitimidad democrática. Los tres aparecen en la misma papeleta. Los tres son contados por las mismas autoridades electorales. Los tres requieren el mismo acto de soberanía popular: el voto.
Pero uno de esos tres cargos es tratado como si fuera un hobby voluntario.
El Argumento Falaz de las «Funciones Diferentes»
Algunos defensores del status quo argumentan que los parlamentarios del Parlasur «no tienen las mismas responsabilidades» que los legisladores nacionales. Que el Parlasur es «consultivo» mientras que el Congreso argentino legisla con poder vinculante.
Este argumento es intelectualmente deshonesto por varias razones:
Primero, el Parlasur tiene funciones específicas y relevantes: supervisión de órganos del Mercosur, promoción de políticas regionales, observación electoral, armonización legislativa. No son funciones menores.
Segundo, si el cargo fuera irrelevante, ¿por qué Argentina lo somete a voto popular? ¿Por qué gastar recursos en elecciones para un cargo decorativo?
Tercero, la Ley 26.854 equipara explícitamente a los parlamentarios del Parlasur con los diputados nacionales. No dice «son parecidos» o «tienen funciones análogas». Dice que son asimilados. Es el propio Estado argentino el que estableció esa equivalencia.
Cuarto, incluso si aceptáramos que las funciones son «menores» (lo cual es discutible), ¿eso justifica pagarles literalmente cero? ¿No merecen al menos una fracción del salario de un diputado? ¿Un 30%? ¿Un 20%? ¿Algo?
La Obscenidad de los Números
Hagamos un ejercicio simple. El Congreso argentino tiene:
- 257 diputados nacionales
- 72 senadores nacionales
- Total: 329 legisladores nacionales
Costo salarial anual estimado (sin contar personal de apoyo, infraestructura, etc.): aproximadamente USD 220-250 millones de dólares.
Los 43 parlamentarios del Parlasur, con salarios equivalentes, costarían USD 2,8 millones anuales. Es el 1,2% del costo del Congreso nacional.
Argentina puede pagar a 329 legisladores que trabajan en el país, pero no puede pagar a 43 que representan al país en el exterior. La lógica es inexistente. La voluntad política, también.
¿Democracia de Ricos? La Exclusión Silenciosa
El sistema actual no solo es injusto: es estructuralmente excluyente. Opera como un mecanismo de selección inversa que garantiza que solo ciertos perfiles puedan acceder y permanecer en el cargo de parlamentario del Mercosur.
El Filtro Económico Invisible
Preguntémonos: ¿quién puede permitirse ser parlamentario del Parlasur en Argentina?
Opción A: Un legislador nacional que ya cobra un sueldo millonario y puede usar parte de esos fondos para financiar sus viajes a Montevideo. Es decir, alguien que ya está en el poder.
Opción B: Un empresario exitoso, un profesional con ingresos altos, alguien con patrimonio personal significativo. Es decir, alguien de elite económica.
Opción C: Un dirigente político o social con fuentes de financiamiento partidario o de organizaciones que puedan cubrir sus gastos. Es decir, alguien con poder institucional previo.
¿Quién NO puede ser parlamentario del Parlasur?
- Un maestro con sueldo promedio
- Un trabajador industrial
- Un empleado de comercio
- Un profesional independiente con ingresos modestos
- Un joven sin capital acumulado
- Una madre soltera que depende de su único ingreso
- Un jubilado con pensión básica
- Básicamente, el 85% de la población argentina
La democracia requiere que los cargos públicos estén abiertos a todos los ciudadanos en igualdad de condiciones. Que una maestra de Tucumán o un mecánico de La Plata puedan, si tienen la vocación y el apoyo popular, representar a su país.
Pero cuando un cargo electivo requiere gastar entre USD 8,000 y USD 15,000 dólares anuales de tu bolsillo, se convierte en un privilegio de clase. No importa cuántos votos obtengas: si no tienes el dinero, no puedes ejercer.
La Reproducción de Elites
Este sistema garantiza que el Parlasur argentino esté compuesto mayoritariamente por:
- Legisladores nacionales que acumulan cargos – Cobran millones como diputados/senadores y usan esos fondos para el Parlasur
- Políticos de carrera con recursos – Gobernadores, ex ministros, dirigentes con patrimonios consolidados
- Profesionales de elite – Abogados con estudios exitosos, empresarios, figuras mediáticas con buenos ingresos
Es un círculo vicioso: como el cargo no paga, solo los ricos o los ya poderosos pueden ejercerlo. Y como solo ellos lo ejercen, nunca generan la presión suficiente para que el sistema cambie.
La Traición al Espíritu Democrático
La Constitución Argentina establece en su artículo 16: «Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad».
El sistema actual del Parlasur viola este principio en su esencia. La «condición» implícita no es la idoneidad: es la solvencia económica. Puedes ser el ciudadano más capaz, preparado y comprometido, pero si no tienes USD 1,000 dólares mensuales sobrantes, no puedes ejercer un cargo para el que fuiste democráticamente electo.
Esto no es democracia representativa. Es plutocracia electoral: votamos entre todos, pero solo los ricos pueden servir.
El Silencio Cómplice
Lo más perturbador es el silencio generalizado sobre este tema. No hay movilizaciones. No hay escándalos mediáticos. No hay presión social.
¿Por qué? Porque los afectados son precisamente quienes tienen tribuna: legisladores, políticos, figuras públicas. Y la mayoría de ellos puede solventar los gastos. Los realmente excluidos —ciudadanos comunes que podrían aspirar al cargo pero saben que es económicamente imposible— ni siquiera intentan postularse.
Es una exclusión que opera antes de la elección. Es un mensaje implícito que el sistema envía: «Este cargo no es para vos. No tenés los recursos. Ni te molestes en intentar».
Comparación Internacional Devastadora
En la Unión Europea, el Parlamento Europeo tiene 705 parlamentarios de 27 países. Todos cobran el mismo salario: aproximadamente €9,000 euros mensuales (USD 9,800), más generosos gastos de representación, viáticos, personal de apoyo y otros beneficios.
Un maestro español, una enfermera polaca, un carpintero alemán pueden postularse y, si son electos, ejercer el cargo con dignidad económica. No necesitan ser millonarios previos.
El Mercosur, bloque regional que aspira a niveles de integración similares, tiene en su Parlamento una bancada argentina que funciona con trabajo voluntario forzado.
Es una vergüenza que ninguna cantidad de gimnasia retórica puede disimular.
La Paradoja Argentina: Fundadores que Desprecian su Creación
Hay una ironía histórica particularmente dolorosa en esta situación: Argentina fue uno de los países fundadores del Mercosur en 1991, impulsó activamente la creación del Parlasur en 2007, y fue el primer país en elegir democráticamente a sus parlamentarios mediante voto directo en 2015.
Y sin embargo, es el único país del bloque que trata a sus representantes como si fueran un estorbo prescindible.
De la Visión a la Negligencia
En los años 90, Argentina bajo Carlos Menem fue protagonista clave en la fundación del Mercosur junto a Brasil, Paraguay y Uruguay mediante el Tratado de Asunción (1991). La visión era clara: construir un espacio de integración económica y política en Sudamérica, con libre circulación de bienes, servicios y eventualmente personas.
Durante la década de 2000, bajo los gobiernos kirchneristas, Argentina impulsó la creación del Parlamento del Mercosur como órgano de representación ciudadana directa. La idea era democratizar el bloque, darle legitimidad popular, construir instituciones supranacionales similares a las europeas.
En 2014, la Ley 26.854 estableció que Argentina elegiría a sus parlamentarios del Parlasur por voto popular directo, siendo el primer país del bloque en hacerlo. Fue presentado como un hito democrático. Un ejemplo para la región.
Y luego… nada. Silencio. Abandono. Desidia.
El Mensaje Contradictorio
¿Qué mensaje envía Argentina al mundo cuando:
- Proclama la importancia del Mercosur en discursos oficiales
- Negocia tratados comerciales en nombre del bloque
- Exige a otros países respeto por las instituciones regionales
- …pero se niega a pagar a sus propios representantes en el organismo parlamentario?
Es como tener un hijo, inscribirlo en la escuela, celebrar públicamente su educación… y luego negarse a comprarle útiles escolares. La contradicción es obscena.
La Geopolítica del Abandono
Este desprecio no ocurre en el vacío. Tiene consecuencias geopolíticas concretas:
Primero, debilita la posición argentina en negociaciones regionales. Cuando tus propios parlamentarios deben mendigar para asistir a sesiones, tu credibilidad como socio estratégico se evapora.
Segundo, envía una señal clara a Brasil y otros socios: Argentina no toma en serio las instituciones del Mercosur. ¿Por qué deberían hacerlo ellos?
Tercero, en un momento donde China, Estados Unidos y la Unión Europea compiten por influencia en América Latina, Argentina está abandonando las únicas instituciones regionales genuinas que tiene.
Cuarto, valida los discursos anti-Mercosur de sectores ultraliberales que consideran al bloque un «fracaso progresista». Si el propio país fundador lo trata con desdén, ¿para qué defenderlo?
La Hipocresía del Discurso Integracionista
Gobiernos de todos los colores políticos han pronunciado en Argentina encendidos discursos sobre «integración latinoamericana», «unidad regional» y «fortalecimiento del Mercosur». Fernández, Macri, los Kirchner, ahora Milei… todos hablan de la importancia del bloque.
Pero a la hora de poner dinero donde está el discurso, el compromiso desaparece. Tres millones de dólares anuales es demasiado para pagar la representación parlamentaria en el proyecto de integración más importante de Sudamérica.
No es que Argentina no tenga el dinero. El país gastó en 2024:
- USD 1,200 millones en subsidios energéticos
- USD 8,000 millones en el déficit de empresas estatales
- USD 300 millones en publicidad oficial
- Millones en viajes presidenciales, eventos protocolares y gastos de representación
Pero USD 3 millones para el Parlasur es un lujo inaceptable. La escala de prioridades no podría ser más clara.
El País que No se Respeta a Sí Mismo
Quizás el aspecto más triste de esta historia es que refleja un problema argentino más profundo: la falta de respeto por las propias instituciones.
Argentina crea leyes y no las cumple. Establece organismos y no los financia. Elige representantes y los abandona. Firma tratados internacionales y los ignora cuando conviene.
Es un país que funciona en perpetuo estado de emergencia, donde todo es provisorio, donde las instituciones son apenas decorados que se mantienen mientras no cuesten dinero real.
El Parlasur es solo un síntoma. Pero es un síntoma revelador de una patología nacional: la incapacidad de sostener compromisos de largo plazo, de construir institucionalidad seria, de respetar lo que uno mismo construye.
Conclusión: Un País que No Respeta su Propia Democracia
Dieciocho años. Casi dos décadas de incumplimiento sistemático. Cuatro gobiernos distintos: Kirchner, Fernández, Macri, Fernández otra vez, y ahora Milei. Diferentes ideologías, diferentes estilos, diferentes discursos. La misma traición institucional.
El caso de los parlamentarios argentinos en el Mercosur no es una anécdota burocrática. No es un tecnicismo presupuestario. Es un espejo brutal que refleja las patologías más profundas de Argentina como democracia.
Lo Que Este Escándalo Revela
Revela que las leyes argentinas son opcionales. El Congreso sanciona la Ley 26.854 que equipara a los parlamentarios del Parlasur con diputados nacionales. El Estado la ignora durante 18 años. Sin consecuencias. Sin sanciones. La ley existe en el papel, pero no en la realidad.
Revela que la democracia argentina tiene castas. Hay representantes electos de primera (diputados y senadores nacionales) que cobran millones. Y hay representantes electos de segunda (parlamentarios del Parlasur) que trabajan gratis. Misma legitimidad electoral. Distinto valor institucional.
Revela que la integración regional es retórica vacía. Argentina habla de Mercosur, firma tratados, participa en cumbres presidenciales… pero se niega a invertir 0,003% de su presupuesto en su representación parlamentaria. Las palabras sobran. El compromiso falta.
Revela que el acceso a cargos públicos depende de la clase social. Solo quienes tienen recursos previos pueden ejercer como parlamentarios del Parlasur. La democracia representativa se convierte en plutocracia electoral. Los maestros, trabajadores y ciudadanos comunes quedan afuera.
Revela que el ajuste libertario tiene destinatarios selectivos. La motosierra de Milei cae sobre los USD 700 dólares mensuales de viáticos para parlamentarios electos, pero no sobre los millones en viajes presidenciales, subsidios a empresas amigas o gastos protocolares. El criterio no es la eficiencia: es el desprecio.
La Normalización de lo Inaceptable
Quizás lo más perturbador de este escándalo es que no es escandaloso. No hay marchas. No hay trending topics. No hay indignación pública. Se ha naturalizado completamente.
Políticos, periodistas, ciudadanos: todos aceptamos como normal que representantes electos democráticamente trabajen sin cobrar. Que deban financiar de su bolsillo el ejercicio de funciones públicas. Que solo los ricos o los ya poderosos puedan ejercer ciertos cargos.
Lo hemos normalizado tanto que este artículo probablemente se lea como una curiosidad, como un problema menor en un país con crisis económicas, inflación y pobreza. «Hay cosas más importantes», dirán algunos.
Pero no las hay. Porque cuando una democracia no respeta a sus propios representantes electos, cuando las leyes son papel mojado, cuando los compromisos internacionales se incumplen sin vergüenza, cuando el acceso al poder público depende del dinero privado… todo el edificio institucional colapsa.
Lo Que Se Necesitaría (Pero No Sucederá)
La solución es técnicamente simple:
- Cumplir la Ley 26.854: Asimilar efectivamente a los parlamentarios del Parlasur con los diputados nacionales en términos salariales
- Asignar presupuesto: Incluir en el presupuesto nacional una partida anual de USD 3-3,5 millones para salarios y gastos del Parlasur
- Reglamentar la función: Establecer claramente derechos, obligaciones y beneficios del cargo
- Supervisión y transparencia: Crear mecanismos de rendición de cuentas para garantizar que los fondos se usen correctamente
Costo total: 0,003% del presupuesto nacional. Menos que el error de redondeo en cualquier ministerio.
¿Sucederá? No. Porque ningún gobierno quiere. Porque no hay presión social. Porque los afectados son precisamente quienes tienen voz pero pueden solventar el problema individualmente. Porque en Argentina, hay leyes para cumplir y leyes para simular.
El Veredicto Final
Argentina tiene 43 parlamentarios electos democráticamente que representan al país en el Parlamento del Mercosur. Trabajan sin salario desde hace 18 años. Desde septiembre de 2024, ni siquiera tienen viáticos para viajar.
Esto no es un fallo administrativo. Es un fallo moral. Es un país que no se respeta a sí mismo. Es una democracia que trata a algunos de sus representantes electos como mano de obra gratuita.
Y lo peor no es que suceda. Lo peor es que nadie parece importarle lo suficiente como para cambiarlo.
Dieciocho años y contando. La vergüenza continúa.
