La presa fantasma de Montejaque se llena un siglo después, activa aliviaderos y desalojos y reabre el debate sobre seguridad en la Serranía.
La presa de Montejaque, conocida durante décadas como la “presa fantasma” porque nunca llegó a embalsar agua de forma estable, ha empezado por fin a desaguar tras alcanzar su límite, un episodio insólito que llega cien años después de su construcción. La imagen —hormigón curvado, lámina marrón verdosa arriba, y el agua buscando salida por donde siempre quiso— se ha convertido en el símbolo de una semana de lluvia intensa, suelos saturados y vigilancia permanente en la Serranía de Ronda.
Lo esencial, hoy, es esto: el embalse se ha llenado hasta rozar la coronación y el sistema de alivio ha entrado en funcionamiento bajo control, con un operativo que vigila el nivel del agua, el comportamiento del terreno y el caudal aguas abajo en el río Guadiaro. El riesgo que se está gestionando no es una película de catástrofes de presa “reventando” sin más, sino el escenario mucho más terrestre y frecuente: una crecida rápida que obligue a desalojos preventivos y mantenga la zona en tensión hasta que el tiempo afloje y el nivel baje.
La presa que nació para dar luz y se quedó muda
La historia empieza con una ambición de principios del siglo XX: aprovechar un salto de agua para producir electricidad donde la luz todavía era, en muchos pueblos, una promesa. La obra —la llamada Presa de los Caballeros— se levantó en los años veinte como presa de bóveda, con un diseño que entonces se veía casi futurista: curvatura, hormigón y una idea clara de potencia. El proyecto lo firmaron la empresa suiza Electrowatt y el ingeniero helvético Henri Édouard Gruner; la bóveda llegó a citarse como la mayor de Europa en su momento, con 83 metros de altura, y el plan apuntaba a una producción de 20.000 kilovatios. Eso era, dicho sin épica, una pequeña revolución eléctrica para el entorno.
La presa se construyó rápido para los estándares de una obra así, y el relato local lo recuerda como un esfuerzo enorme: se habla de seis meses y de 725 trabajadores en plena garganta caliza, entre dos macizos de roca. La intención, según esas crónicas, era abastecer de energía a decenas de miles de personas, pero el desenlace fue el contrario al soñado: el agua se iba. Se iba siempre. Con el tiempo, la titularidad acabaría en manos de Endesa, y la presa, sin utilidad hidroeléctrica real, se quedaría como un lugar raro: parte ruina industrial, parte mirador buscado por curiosos, parte escenario de actividades puntuales cuando el vaso estaba seco, que era casi siempre. Un gigante parado.
Por qué el agua siempre se escapaba
Aquí no hay misterio romántico, sino geología: la presa se asienta en un terreno kárstico, de roca caliza, con oquedades y conductos que funcionan como una red de drenaje natural. En un macizo así, el agua no se comporta como en un cuenco de barro; se comporta como en un queso lleno de galerías. Embalsas, sí, pero el subsuelo te responde con filtraciones, con fugas y con rutas subterráneas que no salen en el dibujo limpio de un plano. Por eso se la llamó “fallida”: porque el embalse, en condiciones normales, no retenía.
La presa está ligada, además, a un paisaje muy concreto: gargantas, cuevas y sumideros. En ese tramo, el cauce acaba entrando en la Cueva del Hundidero, y el agua se interna en un sistema subterráneo que conecta con la Cueva del Gato, un lugar donde el río reaparece, a veces con calma, a veces como una boca que exhala agua con fuerza. Esa “carretera de abajo” es clave para entender el presente: cuando el embalse se llena demasiado, el agua tiende a buscar esa salida natural hacia el Guadiaro. En estos días, el desagüe se está viendo precisamente ahí, con un aumento claro del caudal saliendo por la Cueva del Gato. La presa y las cuevas forman un mismo mecanismo, aunque parezca un contrasentido.
La semana en que el embalse se llenó de golpe
El cambio de guion llega con el tipo de lluvia que no “moja”, sino que satura. En la Serranía de Ronda y el entorno de Grazalema, febrero se ha presentado con acumulados que no son un chubasco largo, sino una persistencia que va llenando todo: campos, arroyos, laderas… y el subsuelo. En esa zona se han citado registros por encima de 1.000 litros por metro cuadrado desde el 1 de febrero, y más de 2.000 en lo que va de 2026, cifras que explican por qué el terreno deja de “tragar” como antes. Cuando el acuífero está cargado, lo que normalmente se filtra empieza a comportarse de otra manera: se queda más arriba, empuja, rebosa por salidas inesperadas.
En ese contexto, la presa —capaz de 36 hectómetros cúbicos, es decir, 36 millones de metros cúbicos— llegó a una cota histórica. En la jornada del 12 de febrero se hablaba de apenas 30 centímetros para alcanzar la coronación, y de un control exhaustivo a la espera de nuevas lluvias, con el suelo “colmatado” y el perímetro monitorizado para comprobar también el nivel del acuífero. Esa presión por arriba y por abajo explica la frase repetida estos días en la zona: una gota que cae, sale; no hay margen para la confianza fácil. Y por eso se sostienen desalojos preventivos en núcleos cercanos al cauce, porque el problema real no es la presa como postal, sino el agua cuando corre con prisa hacia el río.
La Sima de la Olla y el tapón del subsuelo
En este episodio aparece un nombre casi de novela espeleológica: la Sima de la Olla. Es un punto del sistema kárstico donde el agua puede caer hacia el acuífero con un desplome de unos 200 metros, y funciona como válvula natural… hasta que deja de funcionar bien. Se ha explicado que ese sumidero puede colmatase —barro, arrastres, sedimentos— y entonces el agua, en vez de desaparecer hacia abajo con la eficacia habitual, se queda “en superficie” más tiempo, acumulándose. No es la primera vez que ocurre: se mencionan episodios similares en los años cuarenta, pero la magnitud actual está marcada por un febrero de acumulados extraordinarios y por un terreno ya empapado desde antes. En paralelo, el comportamiento de la presa se mira con lupa: escenarios de rebose controlado, alivio progresivo o, en el peor caso, problemas estructurales que los técnicos intentan anticipar con instrumentación y vigilancia continua. En estas jornadas han opinado especialistas como Juan José Durán o Bartolomé Andreo, precisamente para aterrizar lo que puede pasar cuando un sistema kárstico se “atasca” y la presión del agua cambia de manera brusca.
Desaguar por arriba: aliviaderos, sifones y cuevas
El 13 de febrero, con la presa al límite, la palabra clave dejó de ser “si rebosa” y pasó a ser “cómo rebosa”. La novedad es que el desagüe se está haciendo de forma controlada, por los aliviaderos, y con un elemento técnico que ha centrado muchas conversaciones: los sifones del aliviadero superior. Según se ha explicado estos días, esos sifones han entrado en funcionamiento y están cumpliendo su cometido, algo que sorprende porque la presa llevaba un siglo sin ponerse realmente a prueba en un escenario de llenado completo. La idea es sencilla de contar, aunque el sistema sea complejo: el agua empieza a salir, se encauza hacia el recorrido subterráneo y se reduce el golpe del caudal antes de reaparecer.
Ese recorrido subterráneo —“casi ocho kilómetros” en la Cueva del Hundidero, según se ha descrito— actúa como una especie de amortiguador natural: el agua pierde parte de su energía, y cuando sale por la Cueva del Gato lo hace con menor violencia de la que tendría si bajara de golpe por el cauce superficial. Aun así, el efecto es visible: el desagüe ha disparado el caudal en la boca del Gato y mantiene la vigilancia activa en el Guadiaro, especialmente por la posible afección a viviendas cercanas al río en puntos concretos. En otras palabras: no es un grifo doméstico, es un sistema de montaña, roca y agua que se regula… pero que sigue siendo agua a mucha escala.
¿Es peligroso? Lo que vigilan río abajo
La respuesta honesta no cabe en un sí o un no, y no debería caber: lo que se está manejando es un riesgo dinámico. A nivel institucional, el mensaje dominante ha sido de tranquilidad y control, con alcaldes pidiendo calma y la Junta insistiendo en que el aliviadero está funcionando sin suponer riesgo inmediato, mientras el operativo no se mueve un milímetro de la prudencia: guardias civiles, UME y técnicos de la titular vigilan la evolución del embalse y del río, y a nivel geológico se sigue el perímetro y el acuífero. El delegado del Gobierno en Andalucía, Pedro Fernández, ha llegado a hablar de no “bajar la guardia” aunque el tiempo diera un pequeño respiro, porque el suelo continúa saturado y las previsiones mantienen lluvia.
El indicador que manda, sobre todo, es el caudal aguas abajo y la rapidez con la que puede crecer. De ahí los desalojos preventivos: más de 150 personas en Benaoján y en un barrio de Jimera de Líbar, y medidas puntuales como el desalojo de 12 personas en el entorno de la Estación de Cortes, en Cortes de la Frontera, ante la posibilidad de aumento del caudal durante la noche. En el conjunto de Málaga se ha citado una cifra total de 257 desalojados, y en Andalucía 3.118, con Cádiz acumulando la mayor parte. Esa fotografía regional importa porque muestra el contexto: no es una presa “en un vacío meteorológico”, es una comunidad entera con episodios de crecidas, carreteras dañadas, puntos críticos en ríos como el Guadalquivir, Guadalete, Guadiaro o Genil, y decisiones de protección civil tomando forma casi a diario.
Lo que viene, si no hay un giro brusco del tiempo, es una fase menos espectacular y más importante: descenso progresivo del nivel, verificación de que el desagüe mantiene un comportamiento estable, y vuelta segura de quienes han tenido que salir. En Málaga Hoy se hablaba de avanzar hacia el realojo “en los próximos días” cuando el nivel lo permita; en la SER, el alcalde de Montejaque, Diego Sánchez, insistía en que la presa está funcionando correctamente, y la maquinaria institucional se agarra a esa idea, sin venderla como certeza eterna. Mientras, la zona se protege también de un riesgo paralelo que siempre aparece cuando hay agua “histórica” en un sitio fotogénico: la afluencia de curiosos. Se han visto cortes y controles para evitar que el espectáculo termine en accidente.
Cuando baje el nivel, el debate seguirá ahí
Este episodio deja una pregunta incómoda, pero muy concreta: qué hacer con una infraestructura centenaria que, por su propia naturaleza, es más paisaje kárstico que herramienta hidráulica. La presa no es solo hormigón; está inserta en un entorno protegido y en un corredor de cuevas con valor ambiental y cultural. En el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía se publicó en 2023 la incoación del procedimiento para inscribir la Presa de los Caballeros en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como Bien de Interés Cultural, con tipología de Lugar de Interés Industrial, y en ese mismo texto se recuerda el estatus de la cueva del Hundidero como BIC y Monumento Natural de Andalucía. Traducido a lenguaje de obra pública: cualquier decisión futura no va solo de ingeniería, también va de patrimonio, de restauración ecológica y de cómo se gestiona un espacio que atrae por su rareza.
Y, en paralelo, la historia de Montejaque no puede leerse como anécdota aislada del país. España tiene más de 1.200 grandes presas, una parte considerable anterior a 1960, lo que obliga a dedicar esfuerzos continuos de conservación, rehabilitación y seguridad. No todas están “en la misma situación” que Montejaque —esa mezcla de presa fallida, karst, cueva y llenado excepcional es bastante única—, pero sí existe un patrón compartido: infraestructuras envejecidas que, cuando llegan episodios de lluvia intensa o incidencias técnicas, exigen planes y manos rápidas. Ahí están casos recientes como el del embalse de Rialb, donde una filtración llevó a activar un escenario de emergencia y a movilizar trabajos y comunicaciones oficiales antes de volver a la normalidad. Lo de Montejaque, en ese mapa, se queda como recordatorio de algo básico y nada grandilocuente: el agua siempre encuentra un camino, y el trabajo público consiste en anticiparlo, medirlo y —cuando toca— desalojar a tiempo para que un suceso histórico no se convierta en desgracia.
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Este artículo ha sido redactado basándose en información procedente de fuentes oficiales y confiables, garantizando su precisión y actualidad. Fuentes consultadas: El País, Málaga Hoy, Cadena SER, Junta de Andalucía, MITECO.
Alessandro Elia
Fuente de esta noticia: https://donporque.com/la-presa-fantasma-de-montejaque-desagua-ahora/
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