En 2025 la economía uruguaya tuvo bajo crecimiento y la inflación cayó por debajo del 4%, en un escenario marcado por los altos costos y una competitividad “históricamente mala”. Así lo dijo a La Mañana la economista Florencia Carriquiry, quien analizó la estrategia de política económica del gobierno y subrayó la importancia de avanzar en cambios estructurales para mejorar la inversión y la productividad. “Nuestro escenario para 2026 apunta a un crecimiento económico que sería incluso menor al de 2025”, adelantó.
¿Qué valoración hace sobre el desempeño de la economía uruguaya a lo largo de 2025?
El desempeño de la economía uruguaya en 2025 fue relativamente pobre en materia de crecimiento. El promedio del año habría cerrado con un crecimiento en el orden del 2%, incluso pese a algunos impulsos relevantes en el crecimiento interanual del primer semestre, como el efecto de la refinería, que había estado cerrada en los primeros cuatro meses de 2024, y muy buen desempeño del agro en el inicio del año, con una zafra de verano que tuvo productividades excepcionales y buen desempeño también de la pecuaria. De hecho, las cifras del tercer trimestre ya marcaron un crecimiento apenas superior al 1% frente a un año atrás y nuestras estimaciones pautan algo similar para lo que fueron los últimos meses del año.
Un elemento que destacar del año fue la baja adicional que tuvo la inflación, que cerró incluso por debajo del 4%, aunque se dio nuevamente a instancias, esencialmente, de la baja del dólar. En ese marco, Uruguay sigue conviviendo con costos en dólares extraordinariamente altos y una situación de competitividad (frente a todas las referencias relevantes) históricamente mala.
¿Cuáles han sido los grandes cambios de la estrategia de política económica respecto del período anterior?
A nivel de política económica, no hay grandes transformaciones por ahora. Quizás un elemento a destacar es la estrategia de política monetaria, que apuntó a reforzar la credibilidad en el régimen, con un cambio en el anuncio del objetivo, que pasó a ser de meta puntual de 4,5% y ya no un rango meta, y una estrategia de comunicación muy contundente por parte de las autoridades del BCU. Esto ha contribuido a que las expectativas de los agentes converjan al objetivo.
Por otro lado, en lo que hace a la política salarial, el gobierno presentó lineamientos para la undécima ronda de negociación de salarios que plantearon algunas innovaciones frente a rondas previas. En particular, se procuró avanzar en la desindexación de salarios, con incrementos nominales fijos en un esquema de franjas diferenciales según rango de salarios, y correctivos de inflación que en el primer año contemplarían inflación subyacente en lugar de inflación general. Esto también lo valoramos positivamente desde Exante.
Mientras tanto, donde tenemos una mirada más crítica es quizás a nivel de la política fiscal, que de acuerdo con lo planteado en la Ley de Presupuesto mantiene un sesgo expansivo. El gasto público permanecería en torno a 29% del PIB en todo el quinquenio y la estrategia de ajuste fiscal depende exclusivamente de una mejora de los ingresos públicos. A nuestro juicio, se trata de una estrategia fiscal poco ambiciosa y que enfrenta además riesgos altos de fracaso en lograr una efectiva mejora de las cuentas públicas.
Varios economistas han planteado la necesidad de implementar reformas estructurales para aumentar el crecimiento. ¿Coincide? ¿En qué áreas deberían priorizarse?
Indudablemente, coincidimos en la necesidad de promover un mayor nivel de inversión y crecimiento económico. En los últimos 10 años, la economía creció apenas por encima del 1% promedio anual, lo que supone un ritmo de expansión muy insuficiente para cumplir con las expectativas de progreso y de mejora de la calidad de vida existentes en la sociedad uruguaya. La dinámica demográfica no será de gran ayuda en las próximas décadas, sino todo lo contrario. En ese marco, para lograr mayores niveles de inversión y mejoras de la productividad que empujen el crecimiento económico, resulta clave que Uruguay avance en la implementación de diversas reformas estructurales. Debe tenerse presente que no hay una gran reforma que alcance, sino que deben encararse varios frentes al mismo tiempo. Por mencionar algunos, a nuestro juicio, debe avanzarse en promover una mayor apertura de la economía, y no solo mediante más tratados o acuerdos bilaterales, sino también levantando una serie de restricciones que encarecen y dificultan importaciones y limitan los niveles de competencia en el mercado doméstico. También es importante promover cambios en el marco de las relaciones laborales (que las modernicen) y alentar reformas que promuevan la productividad en varios sectores no transables como la salud o los puertos, por mencionar algunos casos claros. Por otro lado, son infinitos los ejemplos de regulaciones y restricciones microeconómicas que entorpecen el accionar de los negocios sin mayor sentido. Avanzar en esa agenda de reformas microeconómicas, que el nuevo equipo económico ha dado por llamar de “desempapelamiento”, también debería contribuir a mejorar el clima de inversiones. Y, por supuesto, encarar una reforma de la educación profunda y sustantiva. En definitiva, la agenda de reformas debería ser ambiciosa en muchos de estos frentes. Si bien la mayoría de estos temas no han estado en el centro del debate ni en filas de gobierno ni de la oposición, el ministro Oddone ha anunciado recientemente que está trabajando en varias medidas procompetitividad. Ojalá veamos prontamente avances concretos que nos permitan ser más optimistas hacia adelante.
¿Qué escenario económico vislumbra para 2026?
Nuestro escenario para 2026 apunta a un crecimiento económico que sería incluso menor al de 2025. Concretamente, estimamos una suba del PIB de 1,6% promedio anual, considerando que algunos de los factores que impactaron positivamente en el inicio de 2025 no se repetirían este año y que no se advierte ningún otro impulso (ni externo ni interno) de relevancia.
El año comenzó además con una nueva y fuerte presión bajista sobre el tipo de cambio, muy explicada por factores externos, que ha seguido exacerbando el contexto de muy altos costos domésticos y pobres niveles de competitividad frente a las principales referencias (clientes y competidores).
Esto posiblemente se refleje en una baja adicional de la inflación, que incluso podría caer por debajo del límite inferior del rango de tolerancia (3%). Si bien una menor inflación es algo que podría considerarse positivo en términos generales, cuando se trata de una sorpresa desinflacionaria como la que estamos viendo, también acarrea riesgos. Por un lado, en el frente fiscal, una baja más intensa de la inflación de lo que estaba previsto puede ser negativa para las cuentas públicas, en la medida en que supondría una mayor suba del gasto en términos reales. Y, por otro lado, implicaría una suba de los salarios reales mayor de la que estaba planteada en el diseño de las pautas salariales de la última ronda, lo que podría implicar mayores dificultades de rentabilidad en las empresas y riesgos en la evolución del empleo.
En definitiva, estamos viendo un 2026 de pobre desempeño económico en general y con varios frentes de tensión para la política económica.
¿Considera que el entorno internacional incidirá en la evolución de la economía uruguaya a futuro?
Para una economía como la uruguaya, pequeña y exportadora de commodities, el contexto internacional siempre incide y mucho. Algunas cadenas agroindustriales, en particular la carne, se están viendo beneficiadas por una demanda muy firme en varios mercados importantes, pero el contexto de incertidumbre y tensión geopolítica prevaleciente no es favorable en general y supone en nuestra opinión más riesgos que oportunidades para Uruguay. El avance en el tratado UE-Mercosur era una buena noticia para nuestro país, pero que tuvo un nuevo revés con la medida del Parlamento Europeo.
Redacción
Fuente de esta noticia: https://www.xn--lamaana-7za.uy/economia/es-clave-que-uruguay-avance-en-reformas-estructurales-para-lograr-mayores-niveles-de-inversion-y-productividad/
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