Internacional | Paraguay lidera el crecimiento económico de Sudamérica en seis décadas, con Colombia entre las economías más dinámicas de la región

Imagen cortesía La Republica
Paraguay rara vez ocupa el centro del debate económico regional. No es la mayor economía de Sudamérica ni la más influyente en términos financieros, pero un análisis de largo plazo revela una realidad que desafía las percepciones habituales. En las últimas seis décadas, ningún otro país sudamericano ha logrado un crecimiento económico tan elevado y sostenido como el paraguayo, en un período en el que Colombia también se destacó entre las economías de mayor dinamismo del continente.
Entre 1960 y 2024, el tamaño de la economía paraguaya pasó de aproximadamente 2.800 millones de dólares a cerca de 46.000 millones, medidos en dólares constantes de 2015. En términos reales, el producto interno bruto se multiplicó más de dieciséis veces, lo que representa un crecimiento acumulado del 1.519,9%, el más alto de Sudamérica en ese lapso. Detrás de Paraguay se ubican economías de mayor escala, entre ellas Colombia, que registró una expansión acumulada del 1.086%, consolidándose como una de las más dinámicas de la región. Chile, por su parte, creció cerca de un 997%, mientras que Brasil alcanzó alrededor de un 976%.
El desempeño paraguayo adquiere mayor relevancia cuando se observa el contexto regional. A diferencia de otros países que atravesaron ciclos marcados por fuertes expansiones seguidas de crisis profundas, Paraguay logró sostener un proceso de crecimiento prolongado. De acuerdo con análisis basados en cifras del Banco Mundial y difundidos por medios económicos internacionales, el rasgo distintivo no fue únicamente la magnitud del avance, sino la forma en que se produjo. Desde comienzos de los años 2000, la economía paraguaya mostró una trayectoria comparativamente más estable, con menos sobresaltos macroeconómicos y niveles históricamente bajos de endeudamiento público.
Colombia aparece en este panorama como otro caso relevante. Aunque no alcanzó el liderazgo de Paraguay en términos acumulados, su crecimiento la posiciona por encima de la mayoría de las economías sudamericanas, reflejando décadas de expansión sostenida, diversificación productiva y una mayor integración a los mercados internacionales. Su desempeño contrasta con el de países que, pese a su tamaño o recursos, no lograron sostener trayectorias similares en el largo plazo.
Las diferencias se vuelven más evidentes al observar los casos de desempeño irregular. Argentina, marcada por recurrentes crisis macroeconómicas, apenas alcanzó un crecimiento acumulado del 287% en más de seis décadas. Uruguay se ubicó en torno al 282%, mientras que Venezuela prácticamente se estancó, con un aumento real inferior al 30% en el mismo período. En este escenario, Paraguay y Colombia sobresalen como excepciones relativas dentro de una región caracterizada por la volatilidad.
El crecimiento paraguayo no fue producto de un rebote puntual ni de un fenómeno estadístico transitorio. Se trató de un proceso gradual y persistente, apoyado en la estabilidad macroeconómica, el aprovechamiento de su matriz energética, el peso del sector agroindustrial y una inserción externa pragmática. Año tras año, incluso en contextos regionales adversos, la economía fue consolidando su expansión.
Aun así, el avance del producto interno bruto no agota los desafíos pendientes. El ingreso por habitante en Paraguay continúa por debajo del promedio sudamericano, lo que pone de relieve la necesidad de transformar el crecimiento en mayor bienestar. El reto hacia adelante pasa por avanzar hacia una economía con mayor valor agregado, más inversión en capital humano y una estructura productiva capaz de generar empleos de mayor calidad y productividad.
Con todo, los datos son elocuentes. Paraguay protagonizó el proceso de crecimiento económico más intenso y sostenido de Sudamérica en los últimos sesenta años, mientras Colombia se consolidó como una de las economías más dinámicas del continente. Dos trayectorias distintas en escala, pero coincidentes en un rasgo clave: la capacidad de crecer en el largo plazo en una región donde esa consistencia ha sido la excepción y no la regla.
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