

Durante años, el sargazo fue percibido como una amenaza constante en el Caribe. Su arribo masivo cubrió playas, dañó arrecifes y afectó de lleno al turismo.
Además, los gobiernos locales debieron destinar grandes recursos a su recolección. Sin embargo, esa estrategia solo ofrecía alivio temporal y no resolvía el problema de fondo.
Ante ese escenario, en el Caribe mexicano surgió una mirada diferente. En lugar de combatir al alga, comenzó a explorarse su potencial como recurso.
El Caribe mexicano y el punto de inflexión de 2018
El cambio de enfoque se aceleró en 2018, cuando cerca de 20 millones de toneladas de sargazo llegaron a las costas de Quintana Roo. La magnitud del fenómeno expuso la urgencia de soluciones duraderas.
Frente a esa acumulación inédita, emprendedores, técnicos y científicos locales apostaron por la innovación. El objetivo fue transformar el residuo en un insumo útil.
Así, comenzaron los primeros ensayos para integrar el sargazo en materiales de construcción, abriendo un nuevo capítulo para la arquitectura sostenible costera.
Ladrillos ecológicos: ciencia aplicada a la construcción
Tras múltiples pruebas, el sargazo logró incorporarse a una mezcla de arcilla y arena. De ese proceso nació un bloque de construcción alternativo y funcional.
Con el tiempo, los ensayos de resistencia demostraron que el material superaba los estándares mínimos exigidos en México. De ese modo, se disiparon las dudas iniciales sobre su fiabilidad.
El desarrollo del proyecto Sargablock consolidó esta experiencia, con respaldo técnico y validaciones académicas que confirmaron su durabilidad.
Eficiencia térmica y menor impacto ambiental
Además de su solidez, los ladrillos de sargazo aportan beneficios térmicos relevantes. Su estructura reduce la transferencia de calor hacia el interior de las viviendas.
Gracias a esa propiedad, los espacios construidos con este material se mantienen más frescos en climas cálidos. En consecuencia, disminuye la dependencia del aire acondicionado.
A ello se suma un proceso de fabricación de bajo impacto, ya que no requiere hornos industriales y reduce la huella de carbono.

Seguridad, tratamiento y control del material
Antes de su uso, el sargazo pasa por un tratamiento exhaustivo. El alga se lava y se somete a controles para eliminar sales y posibles metales pesados.
Este proceso garantiza que los bloques no representen riesgos estructurales ni ambientales a largo plazo. Así, se asegura su uso seguro en distintas edificaciones. La estandarización del tratamiento fue clave para llevar el material del laboratorio a la obra.
Beneficios sociales y ambientales de la iniciativa
El uso del sargazo en la construcción reduce costos hasta en un 50%, facilitando su aplicación en vivienda social. Esto amplía el acceso a hogares dignos en zonas vulnerables.
Al mismo tiempo, la iniciativa disminuye la presión sobre playas y ecosistemas costeros. Cada ladrillo fabricado implica menos sargazo acumulado y menos residuos.
De este modo, el Caribe mexicano transforma una crisis ambiental en una oportunidad productiva. La experiencia demuestra que la economía circular puede ofrecer respuestas concretas frente al cambio climático.
Fuente de esta noticia: https://noticiasambientales.com/compromiso-ambiental/del-alga-invasora-al-hogar-sostenible-el-sargazo-impulsa-una-nueva-arquitectura-ecologica-en-el-caribe/
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