
Si alguien con guardapolvo blanco te pide que hagas algo, ¿hasta dónde llegás? Esa fue la pregunta brutal que el psicólogo Stanley Milgram puso sobre la mesa a comienzos de los años 60. No lo hizo con discursos ni teorías abstractas, sino con una situación simple y perturbadora: personas comunes aplicando descargas eléctricas cada vez más fuertes a otro ser humano… solo porque una figura de autoridad lo ordenaba.
Durante décadas, el Experimento de Milgram fue citado como prueba de una idea inquietante: la obediencia puede llevar a gente normal a causar daño extremo. Hoy, con más distancia crítica, sigue siendo incómodo, pero también más complejo de lo que suele contarse.
- Qué fue: una serie de experimentos sobre obediencia realizados en Yale.
- Qué mostró: altos niveles de acatamiento a órdenes incluso cuando implicaban daño.
- Por qué sigue vigente: porque toca el núcleo del poder, la culpa y la responsabilidad individual.
El contexto: Eichmann, el nazismo y una pregunta sin resolver
Milgram no trabajaba en el vacío. El juicio a Adolf Eichmann en Jerusalén había reabierto una discusión central: ¿cómo personas aparentemente “normales” participaron del exterminio nazi? Eichmann se defendía con una frase inquietantemente simple: “solo cumplía órdenes”.
Milgram decidió llevar esa pregunta al laboratorio. No para justificar nada, sino para entender hasta qué punto la obediencia es una fuerza real en la conducta humana.
Cómo funcionaba el experimento
El diseño era engañosamente sencillo. Un voluntario creía participar en un estudio sobre aprendizaje y memoria. Su rol era el de “maestro”. En otra sala, un “alumno” (en realidad un actor) recibía preguntas. Cada error implicaba una descarga eléctrica creciente.
Las descargas no eran reales, pero el participante no lo sabía. Los gritos, súplicas y silencios del “alumno” estaban cuidadosamente guionados. Frente a las dudas del voluntario, el experimentador —con tono calmo y bata blanca— insistía: “el experimento requiere que continúe”.
La pregunta no era si alguien llegaría al final. Era cuántos.
El resultado que nadie quería escuchar
Un porcentaje alarmantemente alto de participantes llegó hasta el máximo voltaje indicado, aun mostrando signos claros de angustia: sudoración, temblores, risas nerviosas, protestas verbales. No eran sádicos. Eran personas atrapadas entre su conciencia y una autoridad que parecía legítima.
Milgram no concluyó que la gente sea “mala”. Concluyó algo más incómodo: la estructura de autoridad puede suspender el juicio moral individual.

Las críticas: método, presión y ética
Con el tiempo, el experimento fue cuestionado. Se habló de presión implícita, de un consentimiento poco claro, de daño psicológico. También se discutió si la situación era demasiado artificial o si los participantes “actuaban” lo que creían que se esperaba de ellos.
Estas críticas no invalidan el experimento, pero sí obligan a leerlo con más cuidado. No como una ley universal, sino como una ventana a un mecanismo peligroso: la delegación de responsabilidad.
La diferencia clave con Stanford
Stanford y Milgram suelen mencionarse juntos, pero muestran cosas distintas. Stanford habla de roles: cómo un sistema te transforma. Milgram habla de obediencia: cómo una orden externa puede silenciar tu criterio interno.
Uno muestra el poder del contexto. El otro, el peso de la autoridad. Juntos, forman una advertencia incómoda pero necesaria.
Dónde aparece Milgram hoy, aunque no lo notes
Milgram no quedó en los libros. Aparece cuando alguien dice “yo solo seguí el protocolo”, “me dijeron que lo haga”, “no era mi decisión”. Aparece en empresas, instituciones, fuerzas de seguridad, burocracias y hasta en entornos digitales.
El experimento no dice que la obediencia sea inevitable. Dice que es fácil. Y que sin frenos, puede ser devastadora.
FAQs
¿Qué fue el Experimento de Milgram?
Fue una serie de experimentos realizados por Stanley Milgram para estudiar hasta qué punto las personas obedecen órdenes de una autoridad, incluso cuando implican dañar a otros.
¿La gente realmente aplicaba descargas?
No. Las descargas eran simuladas, pero los participantes creían que eran reales y que estaban causando dolor.
¿Qué demostró el experimento?
Que muchas personas priorizan obedecer a una autoridad legítima por encima de su propio juicio moral.
¿Es comparable con el Experimento de Stanford?
Sí, pero abordan fenómenos distintos: Milgram se centra en obediencia; Stanford, en roles y sistemas.
¿Por qué sigue siendo relevante hoy?
Porque ayuda a entender cómo funcionan la responsabilidad diluida, la obediencia ciega y los abusos de poder en contextos modernos.
Equipo PipolNews
Fuente de esta noticia: https://www.pipol.news/experimento-de-milgram-obediencia-autoridad-y-la-pregunta-incomoda/
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