
Crece, respira y se repara solo: un biomaterial que podría cambiar la construcción.
Un avance suizo propone transformar muros en máquinas vivas de captura de carbono
Imaginá un material de construcción que realiza fotosíntesis, absorbe dióxido de carbono y se mantiene con luz solar. Investigadores de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich desarrollaron un “material fotosintético vivo” que combina microorganismos fotosintéticos con arena y un hidrogel polimérico, permitiendo imprimir en 3D piezas que funcionan como estructuras vivas.
Esta tecnología plantea una vía para reducir las emisiones asociadas a la construcción al ofrecer elementos que, en lugar de emitir, almacenan CO2.
Cómo funciona el material fotosintético vivo
El compuesto integra cianobacterias —microorganismos capaces de fotosintetizar— dentro de un hidrogel reticulado que transporta agua, nutrientes y CO2.
Ese soporte sustenta la vida microbiana y facilita su actividad: con luz solar, agua y dióxido de carbono las bacterias generan biomasa y capturan carbono del ambiente. El diseño digital y la impresión 3D controlan el flujo de luz y el suministro de nutrientes dentro de la pieza, lo que permite mantener la viabilidad de las bacterias por más de un año.
De laboratorio a estructuras a escala
Los ensayos iniciales dieron lugar a estructuras similares a troncos exhibidas en el Pabellón de Canadá de la Bienal de Arquitectura de Venecia. Una de esas piezas alcanza los tres metros de altura y, según los investigadores, puede almacenar hasta 18 kg de CO2 por año, una capacidad comparable a la de un pino maduro.
El material puede aplicarse como revestimiento de fachadas, transformando muros en filtros vivos que no requieren sistemas energéticos complejos, ya que las bacterias aprovechan la energía solar para su actividad.
Implicancias para la arquitectura y el clima
Más allá de su función como sumidero de carbono, la tecnología propone un nuevo paradigma: edificios que se adaptan y regeneran, una relación más cercana entre lo construido y el entorno natural. Si se escala adecuadamente, estas piezas vivas podrían cambiar tanto la forma de diseñar como la de mantener las ciudades, al convertir superficies edilicias en elementos activos de mitigación ambiental.
Limitaciones y potencial de escalado
El desarrollo aún está en etapas experimentales; su implementación a gran escala requerirá resolver desafíos de durabilidad, logística de producción y normativas constructivas.
No obstante, la autosuficiencia del material —que necesita únicamente luz, agua con nutrientes y CO2— y su capacidad de integrarse mediante impresión 3D lo posicionan como una alternativa prometedora frente a materiales convencionales cuya fabricación genera emisiones.
Una arquitectura que respira
El proyecto demuestra que es posible concebir materiales híbridos —entre lo artificial y lo biológico— capaces de operar como pequeños ecosistemas urbanos.
La propuesta no sólo altera la manera de construir, sino también la expectativa sobre los roles que los edificios pueden cumplir en la transición hacia ciudades más sostenibles: no sólo adaptarse al entorno, sino regenerarlo.
lr21.com.uy
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