
12 excursionistas quedaron aislados en Cotos sin transporte al anochecer: rescate con ERIVE, aviso amarillo por nieve y traslado a Villalba.
Doce personas tuvieron que ser rescatadas en el Puerto de Cotos la noche del viernes 23 de enero después de subir a la Sierra de Guadarrama para ver nieve y alargar el día sin haber dejado cerrado lo más básico: cómo volver cuando ya no quedaba luz y el transporte público había terminado. No se trató de una desaparición en mitad del monte ni de un accidente con heridos graves; fue una situación de aislamiento práctico que, con frío, nevada y la tarde cayendo a plomo, se convierte en un problema serio en cuestión de minutos. La llamada activó a Emergencias 112 Comunidad de Madrid y, con ella, un operativo que acabó con el grupo fuera de la zona de riesgo y trasladado hasta Villalba, donde pudieron enganchar transporte público y regresar a sus lugares de origen.
El episodio ocurrió en un contexto meteorológico incómodo, con aviso amarillo por nevadas en la sierra y un fin de semana marcado por carreteras delicadas, cambios rápidos de visibilidad y servicios condicionados por el tiempo. Ese cóctel —nieve, horarios, confianza y el típico “subimos un rato”— tiene una manera muy suya de estallar: primero llega la sensación de “no pasa nada”, luego el ocaso, después el móvil con batería justa, y de pronto la realidad simple de que allí arriba ya no hay plan B. En Cotos, cuando el reloj manda, manda de verdad.
La noche del rescate en el Puerto de Cotos
Cotos, a esas horas, ya no es el lugar amable de la mañana. De día se llena de gente con guantes nuevos, botas que crujen, trineos, mochilas y esa alegría un poco infantil de pisar nieve cerca de casa. Por la noche cambia el decorado sin pedir permiso: baja la temperatura, el viento se nota más, la carretera se vuelve más exigente y el entorno, sin movimiento, impone. Eso fue lo que se encontraron estas 12 personas cuando intentaron deshacer el camino y comprobaron que no tenían un medio garantizado para volver a sus domicilios.
Según la información trasladada por el 112, el grupo había subido “a lo largo del día” y, con la llegada de la noche, se vio sin transporte de retorno. En términos operativos, esa frase es clave: no habla de un despiste menor, sino de una imposibilidad real de salir por sus propios medios sin exponerse a empeorar la situación. La sierra, con nieve, no necesita un gran drama para complicarse; le basta con la combinación de oscuridad y logística fallida. Y cuando además hay aviso amarillo, la tolerancia al error se encoge.
La intervención se activó al caer el ocaso, cuando el margen ya era estrecho. El rescate, en estos casos, suele ser menos cinematográfico de lo que muchos imaginan y más contundente de lo que la gente reconoce: localizar, agrupar, valorar el estado general, asegurar abrigo y traslado, y sacar a las personas de una zona donde cualquier contratiempo —un resbalón, una bajada brusca de temperatura, una carretera que se complica— puede cambiar el guion. La noticia dejó claro el núcleo del problema: subieron sin asegurar el regreso y terminaron necesitando ayuda para salir.
Quiénes eran y cómo se quedaron sin regreso
De momento no han trascendido identidades, edades ni procedencias concretas. Es habitual en este tipo de sucesos: se informa del hecho, del lugar y de los recursos movilizados, pero no se personaliza a los afectados salvo que haya heridos graves o circunstancias excepcionales. Aun así, el perfil encaja con el patrón más repetido en Cotos cada vez que nieva: gente que sube a “pasar el día”, a disfrutar de la nieve, a caminar un rato, a hacerse fotos, a probar el frío limpio de la sierra… y que se apoya en la idea de que la vuelta es automática, como si el regreso estuviera incluido en el paisaje.
Aquí lo que falló no fue la intención —subir a la sierra en invierno es un plan clásico— sino el cierre del plan. El propio 112 viene describiendo en los últimos meses escenas parecidas: personas que suben por la mañana con un VTC, alargan la tarde, pierden el último autobús o el tiempo empeora, y luego intentan repetir la fórmula a la inversa sin éxito. No hace falta que eso sea exactamente lo que ocurrió con este grupo para entender la fragilidad del asunto: cuando el regreso depende de un horario fijo y de condiciones cambiantes, improvisar es jugar con fuego… solo que el fuego aquí es hielo.
Cotos tiene, además, una trampa psicológica muy madrileña: está “cerca”. Se ve la sierra desde la ciudad en días claros, se sube con facilidad, la carretera es conocida, los nombres —Navacerrada, Rascafría, Valdesquí, Peñalara— forman parte del vocabulario de fin de semana. Esa familiaridad, que es bonita, también engaña. Porque la montaña no funciona por cercanía emocional, funciona por condiciones. Y cuando cae la noche, las condiciones pesan más que la costumbre.
La secuencia probable —y esto sí es importante— no requiere misterio: durante la tarde el grupo apura el tiempo, la luz se va, el frío aprieta, el transporte deja de operar o ya no está disponible, y aparece la certeza incómoda de que no hay manera segura de bajar sin ayuda. En ese punto, pedir auxilio no es exageración; es sentido común. El rescate llega precisamente para evitar que la situación se degrade. Y lo que podía haber quedado en “una noche larga” termina siendo un operativo con varios servicios movilizados.
El operativo: ERIVE, agentes forestales y Protección Civil
El rescate lo llevaron a cabo efectivos del Equipo de Respuesta Logística Inmediata de Voluntarios de Protección Civil ante Emergencias (ERIVE), junto con agentes forestales de la Comunidad de Madrid y Protección Civil de varios municipios: Rascafría, Guadarrama y Moralzarzal. Esa combinación dibuja bien el tipo de intervención: no es solo “ir a por ellos”, es coordinar una respuesta rápida con equipos que conocen el terreno, los accesos, las condiciones de la zona y la manera más segura de evacuar sin convertir el rescate en un segundo problema.
Los agentes forestales aportan conocimiento del medio y del entorno natural, además de capacidad de actuación en zonas de montaña y en condiciones adversas. Protección Civil, por su parte, entra con músculo de apoyo y logística, especialmente valioso cuando el incidente no es un único punto crítico sino una situación que requiere traslado, coordinación de vehículos, comunicación constante y, a veces, gestión del “después”: dónde llevar a las personas, cómo reubicarlas, cómo conectar con transporte, cómo asegurarse de que nadie se queda a medias.
En estas operaciones, el detalle suele estar en lo aparentemente menor: un camino que de día es claro y de noche confunde, una rotonda que se vuelve resbaladiza, una temperatura que baja lo suficiente como para que el cansancio se note más, un tramo de carretera que exige más precaución. El rescate se resuelve cuando el grupo sale del área de exposición y vuelve a una zona con servicios, cobertura, calor y alternativas. Aquí, esa solución tuvo un nombre muy concreto: Villalba.
Traslado a Villalba, la salida más rápida
Que el grupo acabara en Villalba no es casual. Collado Villalba funciona como un nudo natural para recomponer un regreso cuando la sierra se cierra: permite enlazar con transporte público y reorganizar el retorno sin depender de un único servicio de montaña que, a esas horas, ya no está. La decisión, además, minimiza riesgos: en lugar de intentar “aguantar” arriba o buscar soluciones improvisadas en plena noche, se opta por un traslado a un punto donde la movilidad vuelve a ser normal.
El final del operativo, tal y como se ha comunicado, fue precisamente ese: los equipos trasladaron a los afectados a Villalba, donde pudieron coger transporte público y regresar a sus lugares de origen. No se reportaron daños graves asociados a este incidente en concreto, pero el hecho de que fuera necesaria la movilización de recursos deja una idea nítida: quedarse sin regreso en Cotos no es un contratiempo, es una emergencia en potencia.
Un viernes de sierra difícil: nieve, avisos y otro rescate en Peñalara
La noche del rescate de Cotos no cayó en un vacío. Ese viernes la sierra ya venía dando señales de jornada complicada: nevadas, temperaturas bajas, avisos activos y una vigilancia constante de carreteras y puertos. En ese contexto, no es raro que las incidencias se encadenen. Y, de hecho, ese mismo día se registró otro episodio que explica bien el ambiente: un esquiador de 25 años fue arrastrado por un alud en la ladera sur de Peñalara, quedó con una pierna atrapada y tuvo que ser rescatado por el grupo especializado de los Bomberos de la Comunidad de Madrid, con apoyo sanitario de Summa 112. Fue evacuado a Cotos y trasladado al Hospital Universitario La Paz con fractura de tibia y una lesión en la espalda, en estado leve.
El alud, en ese caso, empujó al esquiador unos 50 metros ladera abajo. El detalle impresiona, sí, pero sobre todo ilustra lo mismo que subyace al rescate de Cotos: la sierra estaba en modo invierno real, no en modo escapada. No basta con ver nieve; la nieve también se mueve, se compacta, forma placas, cambia con el viento y con la temperatura. Y cuando hay aviso amarillo, la normalidad se reescribe.
En paralelo, la situación de carreteras y accesos también se fue ajustando durante el día. En varios momentos se comunicó la necesidad de circular con cadenas o neumáticos de invierno en distintos puertos, y se recordó que tramos como la M-604 (Cotos) o la M-601 (Navacerrada) podían exigir máxima precaución o sufrir restricciones según evolucionara el temporal. Son datos que no solo interesan a quienes conducen; forman parte del marco que explica por qué, al caer la noche, un grupo sin transporte de vuelta se queda expuesto con rapidez.
Ese es el punto: el rescate de Cotos no fue un rayo en cielo azul. Fue una pieza más de una jornada en la que la montaña estaba recordando su carácter. El 112, de hecho, aprovechó el suceso para insistir en que no eran días adecuados para subir a la sierra por nieve y bajas temperaturas. No por dramatizar, sino por cargar de realidad una recomendación que suele sonar abstracta hasta que pasan cosas.
El transporte, esa pieza que falló
En Cotos, el transporte no es un detalle logístico; es la frontera entre excursión y problema. Cuando todo va bien, se da por hecho. Cuando falla, se convierte en la historia. En este caso, lo que desencadenó el rescate fue precisamente eso: no disponer de medios para volver al llegar la noche. Y aquí conviene entender el ecosistema de movilidad que rodea a Cotos, porque es menos simple de lo que parece.
Por un lado está el acceso en vehículo particular, que depende del estado de carreteras y de la capacidad de aparcamiento en una zona que se satura con facilidad cuando nieva. Por otro, los autobuses interurbanos, que tienen horarios concretos y que, en episodios de temporal, pueden ver alterado su recorrido, limitaciones o suspensiones parciales. Y luego está Cercanías, con la peculiaridad de que la línea C-9 (la que sube hacia la zona de Navacerrada y Cotos) ha vivido periodos de obras y ajustes, con servicios alternativos por carretera que también pueden suspenderse si la previsión meteorológica no acompaña. Es decir: no siempre existe esa “salida segura” que se imagina desde la ciudad.
En las horas previas y durante ese fin de semana se comunicaron suspensiones y limitaciones en líneas que conectan con los puertos, como la 692, y ajustes en otras como la 691, con recortes del tramo final hacia Cotos en determinadas franjas. A la vez, se insistía en que la situación podía cambiar con rapidez. En la práctica, esto significa que el plan “subimos y ya veremos” deja de ser una frase simpática y se convierte en una apuesta.
El matiz importante es que el fallo del transporte no siempre es un “corte” espectacular. A veces es más banal: el último autobús pasa a su hora, como siempre; lo que cambia es que la gente llega tarde. O el servicio se reduce por seguridad y nadie lo ha comprobado. O el coche que iba a recoger al grupo no puede subir por el estado de la carretera. O el VTC que parecía solución se vuelve escaso o directamente inalcanzable en una zona con demanda disparada. Todo eso, sumado a la oscuridad y al frío, produce un bloqueo que desde abajo suena extraño —“¿cómo es posible quedarse tirado tan cerca?”— y desde arriba se vive como una pared.
Por eso, en el rescate de Cotos, el dato esencial no es solo que fueran 12. Es que eran 12 en un lugar donde el retorno depende de piezas que, en un temporal, no siempre encajan. El traslado final a Villalba es la prueba: la salida más segura no fue “bajar como sea”, fue llevarlos a un punto donde el transporte vuelve a existir de manera estable.
El precio de no atar la vuelta
La noticia deja una imagen muy concreta, casi de película silenciosa: la sierra oscureciendo, el grupo agrupado, la sensación de haber estirado demasiado el día, y luego la llegada de equipos con chalecos, luces y vehículos que no estaban en el plan inicial. ERIVE, agentes forestales y Protección Civil de Rascafría, Guadarrama y Moralzarzal sumaron esfuerzos para resolver lo que, en origen, era una excursión de nieve. El rescate terminó bien, con un traslado a Villalba y sin consecuencias graves conocidas para los afectados. Hasta ahí, final tranquilo.
Pero el fondo es menos amable: la sierra, en invierno, no perdona que el regreso sea un pensamiento tardío. No hace falta caer por una ladera ni perderse entre árboles para necesitar ayuda; basta con quedarse sin salida segura cuando el entorno se vuelve hostil. En Cotos, el cambio de guion es rápido y bastante frío, literalmente. La noche llega antes de lo que parece, el viento corre distinto arriba, y lo que durante la mañana era un lugar lleno de vida se convierte en un espacio más duro, más serio, más exigente.
También queda expuesto el coste invisible: cada rescate moviliza recursos que podrían estar atendiendo otros incidentes. Ese mismo viernes, sin ir más lejos, hubo un alud en Peñalara con un herido que requirió intervención especializada y evacuación hospitalaria. La sierra no suele dar un solo susto cuando el temporal aprieta; suele dar varios. Y ahí, la diferencia entre una jornada intensa y una noche complicada está en detalles que parecen pequeños hasta que ya no lo son: un horario, una carretera que cambia, una previsión que se queda corta, una decisión de “nos da tiempo” que no da.
Al final, lo ocurrido en Cotos no es una rareza exótica; es un espejo de un comportamiento muy común cuando nieva cerca de Madrid: se sube a buscar invierno, se disfruta, se alarga, y se olvida que la parte difícil muchas veces no es subir, sino volver. Ese viernes, a 12 personas les tocó aprenderlo con un operativo de rescate alrededor y con la sierra ya en negro. No hubo tragedia. Hubo aviso, con nombres propios —Puerto de Cotos, 112, ERIVE, agentes forestales, Protección Civil, Villalba— y con un mensaje que no necesita adornos: la nieve no avisa dos veces cuando se acaba el día.
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Este artículo ha sido redactado basándose en información procedente de fuentes oficiales y confiables, garantizando su precisión y actualidad. Fuentes consultadas: CRTM, Telemadrid, Europa Press, AEMET.
Alessandro Elia
Fuente de esta noticia: https://donporque.com/12-excursionistas-rescatadose-en-cotos/
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