

El rescate del Refugio Franciscano en la Ciudad de México no solo llenó titulares: abrió una conversación incómoda, urgente y profundamente emocional sobre el bienestar animal. Más de 850 perros y gatos fueron retirados del lugar, muchos en condiciones críticas, y aunque la palabra “rescate” suena esperanzadora, la realidad es más compleja. Seis perros murieron después del operativo y más de 160 siguen luchando por su vida, un recordatorio de que el daño acumulado no se borra de un día para otro. Este caso se ha convertido en un espejo de cómo tratamos a los animales y de lo que pasa cuando la negligencia se normaliza.
¿Qué ocurrió con el rescate del Refugio Franciscano?
El 7 de enero de 2026, autoridades de la CDMX realizaron un operativo en el Refugio Franciscano, ubicado en la alcaldía Cuajimalpa. Participaron más de 200 elementos de distintas dependencias y se aseguraron 858 animales, principalmente perros, además de algunos gatos. El conteo inicial hablaba incluso de más de 900, pero la cifra oficial se ajustó tras el traslado y la revisión clínica.
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Según la Secretaría de Salud capitalina (Sedesa), 798 animales presentaban signos compatibles con maltrato, principalmente por omisión: desnutrición, enfermedades sin tratar y falta de atención veterinaria. El operativo fue defendido por el gobierno local como una acción de protección animal, aunque los responsables del refugio denunciaron irregularidades legales. Más allá del pleito jurídico, el estado físico de los animales se volvió el dato más difícil de ignorar.
La salud de los perros rescatados: cifras que duelen
Después del rescate del Refugio Franciscano, los animales fueron evaluados por veterinarios y clasificados en tres grupos: 49 estables, 638 en condición regular y 165 en estado delicado. Estos últimos reciben atención médica prioritaria en distintos albergues de la ciudad, como el Ajusco, la Utopía Hermanos Galeana y las instalaciones de la Brigada de Vigilancia Animal.

Los datos clínicos son contundentes: 75% de los perros tienen problemas bucodentales, 62% padecen enfermedades nutricionales, 30% afecciones dermatológicas y 5% enfermedades respiratorias. Además, el 70% presentaba infestación por pulgas y solo poco más de la mitad tenía vacunación antirrábica al momento del reporte. No se trata de males recientes, sino de un deterioro acumulado durante años.
Las muertes tras el rescate del Refugio Franciscano
Hasta ahora, las autoridades han confirmado seis muertes posteriores al rescate. Tres de los perros fallecieron por sepsis derivada de desnutrición severa y enfermedad periodontal, dos eran animales geriátricos con cuadros avanzados, y uno murió tras sufrir convulsiones que no respondieron al tratamiento médico. La Sedesa ha sido clara en un punto clave: las muertes no ocurrieron durante el traslado, sino como consecuencia del grave estado previo de los animales.

Este detalle es importante porque rompe una narrativa simplista. El rescate no fue la causa directa de los decesos; fue, en muchos casos, el último intento por salvar vidas que ya estaban al límite. Aun así, cada muerte pesa y reabre el debate sobre cómo se supervisan los refugios y quién responde cuando fallan.
Más allá del escándalo: lo que revela este caso
El rescate del Refugio Franciscano no es un caso aislado, sino un síntoma. En México, miles de refugios y rescatistas operan con recursos mínimos, sin supervisión constante y dependiendo de donaciones. Cuando el número de animales rebasa la capacidad de cuidado, incluso los proyectos con buenas intenciones pueden convertirse en espacios de sufrimiento silencioso.

También hay un choque de narrativas: por un lado, autoridades que hablan de protección animal; por otro, activistas y cuidadores que desconfían del Estado. En medio están los animales, que no entienden de conferencias de prensa ni de disputas legales, pero sí de hambre, dolor y abandono.

El rescate del Refugio Franciscano dejó claro que salvar animales no es solo sacarlos de un lugar, sino llegar antes de que el daño sea irreversible. Las cifras, las muertes y los cientos de perros enfermos muestran un sistema frágil, donde la buena voluntad no siempre alcanza. Hoy, más de 160 animales siguen en estado delicado y su futuro depende de cuidados constantes y decisiones responsables. La pregunta que queda flotando es incómoda, pero necesaria: ¿estamos dispuestos a prevenir estas crisis o solo reaccionamos cuando el desastre ya es viral?
Carolina Gutiérrez Argüelles
Fuente de esta noticia: https://ecoosfera.com/medio-ambiente/natura/rescate-refugio-franciscano/
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