
El pirarucú (Arapaima gigas) y el piraíba (Brachyplatystoma filamentosum) son dos especies de peces de la Amazonia que, además de compartir su hábitat natural, tienen otras características en común: son muy demandados en la gastronomía y presentan dificultades para reproducirse en ambientes de piscicultura.

Estas características hicieron que esas especies fueran las primeras seleccionadas para que su ADN fuera decodificado en un estudio pionero realizado por la norteña Universidad Federal de Pará (UFPA).
Según el investigador Sidney Santos, quien lideró el equipo del Laboratorio de Genética Humana y Médica del Instituto de Ciencias Biológicas, el estudio fue motivado por la necesidad de controlar los impactos del avance de la explotación depredadora de estas especies, impulsada por el aumento de la demanda.
La idea central es que, al adquirir conocimientos de manera equilibrada y selectiva para producir estos peces de la forma más sostenible posible, se puede disminuir la demanda sobre la naturaleza», explica.
ADN
La forma más completa de obtener este conocimiento es descifrando el ADN (ácido desoxirribonucleico) a partir de muestras biológicas de diferentes individuos de la especie. Esta molécula, compuesta por cuatro tipos de nucleótidos —adenina (A), timina (T), citosina (C) y guanina (G)—, contiene información precisa sobre la salud, los rasgos físicos y la ascendencia de los peces.
En el estudio del pirarucú y sus crías, los científicos recogieron muestras de más de 100 peces para que su ADN pudiera ser analizado por un secuenciador genético que determina el orden de los nucleótidos. Cada secuencia proporciona información sobre un ser vivo y, en conjunto, forman el genoma de la especie, que actúa como un manual completo del grupo.
«Esto se aplica a cualquier animal o planta imaginable. El modelo siempre es el mismo: si se puede obtener de forma sostenible información completa sobre el genoma de estos animales, se puede lograr cualquier cosa, incluso su reproducción», afirma Santos.
Trazabilidad
La protección de las especies va más allá de retirar del medio ambiente peces que se reproducen naturalmente. Con el conocimiento del genoma de una especie, también es posible identificar el origen exacto de un animal específico.
Igor Hamoy, director del Instituto Socioambiental y de Recursos Hídricos de la Universidad Federal Rural de Amazonas, que colaboró en el estudio, afirma que el genoma permite la trazabilidad genética y el conocimiento fisiológico.
«Gracias a la información en el genoma del pirarucú, puedo determinar si un pirarucú vendido en Boston (EE.UU.) proviene de la Amazonia», afirma, destacando que toda la información generada por el estudio se almacena en una base de datos genética pública, lo que facilita la investigación continua sobre la especie.
«Puedo identificar con precisión la especie y aclarar cualquier duda sobre si el nombre científico o común que utiliza una comunidad se refiere realmente al pez que esa comunidad amazónica ha estado consumiendo y utilizando durante mucho tiempo», explica.
Avances
Con esta información, los investigadores pudieron abordar los principales obstáculos en la cría de pirarucú y peces juveniles: la inducción de hormonas sexuales, el desarrollo de una nutrición adecuada para entornos artificiales y la trazabilidad para prevenir el comercio ilegal de especies amazónicas.
Según Rita Mesquita, titular de la Secretaría Nacional de Biodiversidad, Bosques y Derechos de los Animales del Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático, estos avances científicos orientan la implementación de políticas públicas de conservación en Brasil.
«La investigación genética amplía nuestro conocimiento sobre la biodiversidad brasileña y nos ayuda a entender mejor lo que ya se ha logrado y lo que aún falta por hacer», afirmó.
Según la secretaria, la planificación hasta el año 2030, establecida en la Estrategia Nacional y el Plan de Acción para la Biodiversidad (Epanb), se elaboró con base en lo que la ciencia considera esencial para disminuir la pérdida de biodiversidad y regenerar los biomas brasileños.
Algunas políticas públicas, dice Mesquita, dependen aún más de los genomas descifrados por los científicos. Este es el caso de las listas de especies exóticas invasoras y de especies amenazadas, así como del Planaveg (Plan Nacional de Recuperación de la Vegetación Nativa) lanzado por el gobierno brasileño en 2024.
«En los procesos de resilvestració, donde la fauna ha desaparecido, o en la restauración de la vegetación, esta biblioteca de información genética nos proporciona el conocimiento necesario para devolver las especies a su lugar original», explica.
Retos
El investigador Sidney Santos sostiene que la ampliación de los estudios para descifrar el genoma de las especies probablemente avanzará tanto en Brasil como en el resto del mundo, principalmente debido a la reducción de costos y recursos asociados.
«El primer genoma humano tardó 10 años en completarse y costó entre US$ 2.500 y 3.000 millones. Desde entonces, la capacidad de las máquinas ha mejorado. Hoy, con el MGI, el secuenciador de ADN que usamos, podemos procesar 48 genomas en tres horas por un costo de US$ 1.500 a 2.000, y espero que este costo siga disminuyendo», dice Santos.
Sin embargo, el investigador observa que el equipo de la UFPA es el único secuenciador genético del sector público en la Amazonia y que hay un «costo amazónico» por las dificultades logísticas y operativas. «Hoy en día, el costo es menor, pero aún no es accesible para todos. Por eso, el parque tecnológico del Laboratorio de Genética Humana y Médica de la UFPA tiene la capacidad de manejar esa situación», informó.
Para Rita Mesquita, el desafío de evitar la pérdida de especies es tan grande como la biodiversidad del país, que es la mayor del mundo. «El Ministerio [de Medio Ambiente] se enfoca en trabajar con la ciencia para mejorar nuestra información sobre las áreas prioritarias y continuar protegiendo los territorios de las especies, especialmente las más amenazadas, asegurando que reciban la protección adecuada para evitar su desaparición», subraya la secretaria.
«La ciencia es fundamental para generar conocimiento que guíe la interacción humana con las especies en cualquier bioma según parámetros de sostenibilidad», agrega.
«Esto se aplica a animales y plantas. Si contamos con métodos para manejarlos de manera sostenible, restaurar, recuperar y reintroducir especies, podemos establecer una relación en la que estas sean manejadas según principios sostenibles y de bajo impacto, manteniendo las poblaciones en áreas protegidas», concluye.
Fuente de esta noticia: https://agenciabrasil.ebc.com.br/es/meio-ambiente/noticia/2026-01/estudio-pionero-busca-proteger-especies-de-peces-amazonicos
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