En la ciudad Capital de la República se dio un caso bastante curioso. Una ofertante de carne de pollo traslado producto desde la ciudad de los Anillos para su venta en la ciudad Capital aprovechando una brecha de precios que le generaba competitividad frente al resto de la oferta.
Sus 5.000 kilos de carne de pollo algo de 3.000 unidades aproximadamente no desestabilizarían un mercado ni aunque lo intentase. Todos ellos congelados serían comercializados a Bs. 14 el kilo sin embargo los distribuidores e intermediarios locales organizados en asociaciones les impidieron realizar su cometido en un operativo digno de células de crimen organizado. Se les acuso de competencia desleal y no respetar los precios máximos y mínimos aprobados entre su gremio y las autoridades del municipio.
El problema radica en que la definición de precios máximos y mínimos es una vano intento de establecer un precio bajo el cual distribuidores e intermediarios no verán afectadas sus operaciones y un máximo al que la ciudadanía podrá pagar para acceder al producto sin afectar su poder adquisitivo. Esta ilusión asume que un juez público pone un precio justo el cual refleja perfectamente lo que uno y otro deberían ganar y pagar. Esta solo es una apreciación superficial de lo que entiende por aceptable para ambas partes sin embargo no existe relación alguna con la economía de por medio.
Verán, el precio determina los costos y no al revés, porque su comportamiento a la alza o baja tiene un significado implícito de escasez o sobreoferta. Si esta información es adulterada de manera deliberada por un tercero en discordia lo que se genera es un mercado funcionando por debajo de sus niveles óptimos generando problemas en su funcionamiento y perjudicando a los verdaderos protagonistas, a la oferta y la demanda.
Ahora bien, los habitantes de la Capital de la República son incoherentes al demandar libre mercado siempre y cuando el precio los satisfaga pero acto seguido implorar porque sus instituciones obliguen a bajar el precio a los distribuidores y comerciantes. El mercado no actúa con un botón de encendido y apagado ante las expectativas de uno solo de sus protagonistas en este caso la demanda. Es fundamental entender que la oferta no podrá abastecer la demanda si la señal que debe interpretar esta manipulada para beneficio de uno solo de los involucrados.
¿Este es el final de la lección? para nada porque los habitantes de la Capital de la República en un intento por extender su preocupación por los precios expresaron si la materia prima el pollo bajó de precio y el aceite también ¿por qué el precio de un derivado, el pollo a la broaster, no lo hace? Esta preocupación punzante puso en acción a autoridades municipales que de inmediato desplegaron personal para dar cumplimiento a las fiscalizaciones que buscaban garantizar un precio justo.
El problema con los controles de precio es que no se detienen en un solo producto y estos escalan hacia arriba y abajo en la cadena de producción, nuevamente generando los mismos problemas a una escala mayor demandando aún más intervención hasta el punto en el que es el sector público quien este encargada de todas las cadenas, ergo un sistema no de mercado sino socialista.
Los productores de pollo dependen de la asignación arbitraria de pollos bebe para cubrir demandas regionales y la excusa no es más que la llamada “soberanía alimentaria” sin embargo al limitar la producción no existe competencia y se dan esos desequilibrios en los que la Ciudad de los Anillos con mayor población y una mayor demanda tiene una estructura de producción superior a la de ciudades pequeñas, con ventajas tecnológicas y de procesos que relegan los procesos de producción convencionales que productores locales pequeños arrastran hace mucho tiempo.
No existe libre mercado en un país donde el consumidor exige controles de precio en cada eslabón de la cadena y esto es perceptible en la forma en que producen , el capital que arriesgan y los recursos que terminan contratando. Resultado fina, capital y trabajo se orientan a sectores donde no existe intervención del Gobierno.
La forma en que el Gobierno planea resolver los problemas de abastecimiento es generando más incentivos, privilegios y protección que terminan consolidando gremios o asociaciones que logran asentarse sobre mercados integros e imponiendo sus condiciones previamente negociadas con las autoridades.
No importa cuantos incentivos trate de brindar el gobierno para dirigir las inversiones hacia los sectores en conflicto lo único que genera es que el mercado opere por debajo de su óptimo beneficiando a la oferta por debajo del potencial alcanzable en un contexto sin interlocutores entre oferta y demanda.
Cuando escuchen que es el propio consumidor el que demanda la fijación de precios por parte de sus autoridades tenga por seguro que la consecuencia directa será la escasez y el encarecimiento del producto para sorpresa de sus promotores.
Sucedió en el pasado, sucede ahora y lo hará en el futuro.
Es una ley natural de la economía que no se borra con el poder de las buenas intenciones. Hasta una gallina podría entender que su vida mejoraría simplemente dejando que el mercado actúe pero, que locura es esa idea, una gallina pro mercado a sabiendas de que al final del ciclo igual termina fría en un congelador.
Tienen razón solo un inconsciente terminaría disparándose en el pie reclamando para sí la pistola la bala con el dedo en el gatillo pero mucha esperanza de que lo justo siempre termina imponiéndose.
por: Carlos Armando Cardozo Lozada ECONOMISTA MIEMBRO FUNDADOR FUNDACIÓN LOZANÍA
Publicado por: La Voz de Tarija
Fuente de esta noticia: https://lavozdetarija.com/2026/01/24/economia-basica-control-de-precios-como-ilusion-de-orden/
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