Colombia | Colombia amplía arancel del 30 % a más de cincuenta productos ecuatorianos y profundiza la tensión comercial bilateral

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El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo de Colombia publicó este viernes el listado completo de productos ecuatorianos que estarán sujetos a un arancel del 30 % para ingresar al mercado colombiano, una decisión que marca un nuevo capítulo en la escalada de tensiones comerciales entre ambos países andinos. El documento oficial revela que el alcance de la medida es significativamente mayor al anunciado inicialmente, al incluir más de cincuenta partidas arancelarias que abarcan desde alimentos básicos hasta insumos industriales y bienes manufacturados.
La lista incorpora productos de alto impacto en la canasta exportadora ecuatoriana, como arroz en diversas presentaciones, frijoles, azúcar de caña y remolacha, aceites vegetales, cacao en polvo, plátanos frescos y secos, así como derivados agroindustriales de amplio consumo regional. A estos se suman químicos, insecticidas, fungicidas, materiales plásticos, papeles industriales, neumáticos, calzado, tubos metálicos y herramientas especializadas para perforación y construcción, ampliando el efecto de la medida más allá del sector agrícola.
La publicación del listado confirma que el gravamen no se limita a los 20 productos mencionados en los primeros comunicados oficiales. Por el contrario, el universo de bienes afectados supera ampliamente esa cifra, lo que ha generado preocupación en sectores empresariales y comerciales de ambos países por el posible impacto en los flujos de comercio, los costos de producción y los precios al consumidor final.
Desde Bogotá, el Ministerio de Comercio defendió la decisión como una acción de carácter técnico. La ministra Diana Marcela Morales señaló que el arancel del 30 % no debe interpretarse como una sanción ni como una medida de confrontación política, sino como un mecanismo correctivo destinado a restablecer el equilibrio del intercambio bilateral y a proteger el aparato productivo colombiano frente a distorsiones externas. No obstante, la lectura regional apunta a un claro trasfondo político y diplomático.
La decisión colombiana se produce después de que el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, anunciara la imposición de un arancel del mismo porcentaje a productos colombianos. En su momento, el mandatario ecuatoriano justificó la medida alegando falta de reciprocidad y ausencia de acciones firmes por parte de Colombia en la lucha contra el narcotráfico en la frontera común. Noboa sostuvo que Ecuador ha mantenido esfuerzos sostenidos de cooperación, a pesar de registrar un déficit comercial superior a los 1.000 millones de dólares anuales, mientras sus fuerzas de seguridad continúan enfrentando a grupos criminales vinculados al narcotráfico sin el nivel de apoyo esperado del país vecino.
El contexto comercial entre ambas economías refleja una interdependencia significativa. Colombia es actualmente el tercer proveedor de Ecuador, con una participación del 7,3 % del mercado, solo por detrás de China y Estados Unidos. A su vez, Ecuador se ubica como el sexto destino de las exportaciones colombianas y asciende al segundo lugar cuando se consideran exclusivamente los envíos no minero-energéticos, un dato que subraya la sensibilidad del intercambio bilateral ante medidas de esta magnitud.
Analistas y representantes del sector privado advierten que uno de los efectos más inmediatos podría sentirse en el intercambio de servicios y en las cadenas logísticas transfronterizas. Freddy Cevallos, presidente de la Cámara de Comercio Ecuatoriana Colombiana, advirtió que el endurecimiento arancelario podría generar impactos económicos relevantes para ambas economías, al afectar inversiones, contratos comerciales y la competitividad regional, en un momento de desaceleración global.
La coyuntura se tensó aún más tras la decisión de Colombia de suspender el suministro de energía eléctrica a Ecuador desde la tarde del 22 de enero. El presidente colombiano, Gustavo Petro, afirmó que la medida responde a la necesidad de garantizar la oferta interna de energía en el mediano plazo y negó que se trate de una represalia dentro de la disputa arancelaria. Sin embargo, la coincidencia temporal reforzó la percepción de un deterioro acelerado en la relación bilateral.
Ante el corte, el Gobierno ecuatoriano buscó transmitir tranquilidad a la población. En un comunicado oficial, el presidente Noboa aseguró que el sistema eléctrico nacional cuenta con la capacidad suficiente para cubrir de manera autónoma la demanda diaria, incluso sin la importación de energía desde Colombia, descartando riesgos inmediatos de desabastecimiento.
Mientras tanto, el nuevo esquema arancelario abre un periodo de incertidumbre para exportadores, importadores y consumidores de ambos lados de la frontera. La ampliación del listado de productos gravados sugiere que el conflicto comercial podría prolongarse y escalar, a menos que se reactive un canal efectivo de diálogo político y técnico que permita reconducir la relación entre dos economías históricamente interconectadas en la región andina.
