
El dinero que ahorrarán los padres que antes pagaban un colegio privado y que este año enviarán a sus hijos al sector público es un análisis muy simplista de la ecuación. En realidad, la frase encierra una búsqueda muy anhelada: que lo público sea de buena calidad y deje de verse como segunda opción, lo que, a su vez, ahorrará gastos en varios conceptos.
“Si hay más niños que anteriormente sus padres pagaban para enviarle a un colegio privado y hoy le envían al sector público, quiere decir que van tener más plata en su bolsillo, simplemente por una acción muy concreta, en vez de pagar por el colegio comprarle la merienda, son 500.000 mensuales, si tengo tres hijos son un millón y medio de guaraníes.Si soy de un padre que gana sueldo mínimo estamos hablando de un aumento del ingreso 50 % de su salario”.
Esta fue la respuesta de Santiago Peña durante el acto realizado ayer en San Lorenzo, donde partió la primera tanda de kits escolares rumbo a Alto Paraguay.
Esta hipótesis se sustenta en un dato del MEC, que indica que hay un aumento de la matrícula en el sistema público, es decir,muchas familias que en el 2025 pagaban un colegio privado, este año optarán por una institución pública, donde, además de la educación de calidad y sin costo, encontrarán: alimentación y útiles gratuitos, además de pupitres de calidad.
Efectivamente, Raúl Ramírez, viceministro de Desarrollo Social, confirmó que se planifica la posibilidad de incluir más beneficiarios al programa Hambre Cero que hasta el 2025 llegó a 1.050.000 estudiantes.
“Tenemos margen de migración del 5 al 10 % que podría migrar, entonces también tenemos previsto eso para que podamos hacer el servicio de desayuno, almuerzo y merienda”, detalló esta semana, en una entrevista con el canal Gen.
Al margen de los cálculos matemáticos sobre el dinero que ahorrarán los padres en conceptos como cuota, merienda y compra de útiles, el mensaje detrás de la respuesta, en realidad, plantea un objetivo: eliminar la vieja y triste lógica de que, lo público es lo peor y lo privado lo mejor.
Comenzar a apuntar a una política de estado en la que, la inversión en el sector público permita convertirlo en la primera opción por ser de buena calidad y que deje de ser una elección de quienes carecen de recursos económicos suficientes. Que ya no sea una simple resignación y un “me tengo que” quedar con el sector público por falta de dinero. Que incluso alguien de clase media o alta elija al sistema público al saber que ahí está lo mejor.
Esta lógica no se limita a una sola área. Podemos hacer un paralelismo en otros ámbitos como con los universitarios que optan por la Universidad Nacional para determinadas carreras, convencidos de que no tendrán el mismo reconocimiento al egresar de una universidad privada sin el suficiente renombre.
También podríamos buscar otros ejemplos como la cobertura de salud para determinados tratamientos. Tener un seguro médico privado implica un gran costo, pese a lo cual, ciertas enfermedades, como las llamadas catastróficas, no forman parte de los planes. Este tipo de males, más allá de la discusión sobre los faltantes temporales y las largas esperas, solamente pueden ser cubiertos por los hospitales públicos y por el IPS.
Otro factor de ahorro, en un futuro, puede ser la disminución de gastos en movilidad. Esto, a través de la inversión en un transporte público digno, un proceso que ya inició con la reforma del transporte que exige la renovación de la flota y convierte al transporte en servicio imprescindible, eliminando los “chákes” de las huelgas, la incorporación de buses eléctricos, la implementación del transporte nocturno, ahorrando mucho dinero en plataforma a los trabajadores de ese horario.
Más allá de las conclusiones políticas que pueda despertar una respuesta, por qué no soñar con un Paraguay en el que lo básico pueda estar garantizado en el sector público y no haya que incurrir en grandes gastos para cuestiones simples.
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