
Mi pobre Bolivia… hoy lo digo con el corazón cansado y el alma herida: sigue siendo aquel “pueblo enfermo” que denunció Alcides Arguedas, no por desprecio, sino por dolorosa lucidez.
Enfermo de olvido, enfermo de racismo que se disfraza de discurso popular, enfermo de soberbia y de borrachera de poder, enfermo —y esto es lo más grave— de pisotear su propia Constitución Política del Estado, esa que costó sangre, sacrificio y esperanza.
Contra esa enfermedad luché años de mi vida, sola muchas veces, yendo contra viento y marea, enfrentando al poder cuando era incómodo hacerlo.
Como ex constituyente defendí la Constitución no como un papel, sino como un pacto ético, como un límite al abuso, como una promesa de dignidad.
Creí, con convicción profunda, que era posible desmentir el veredicto de Arguedas y demostrar que Bolivia podía curarse.
Hoy reconozco, con una tristeza que no necesita gritos, que el poder volvió a vencer a los principios, que la memoria volvió a perder frente a la conveniencia, y que la Constitución es citada pero no respetada, aclamada pero no obedecida.
Por eso, hoy me despido.
No por cobardía, sino por agotamiento moral.
No por indiferencia, sino por amor propio y por amor a los míos.
Desde este día mi lucha se reduce a lo esencial: mi familia, mis hijos, mis padres, mis hermanos, mis sobrinos. A ellos debo lo que me queda de fuerza y de esperanza.
Cuelgo mi pluma.
No porque me hayan vencido las ideas, sino porque Bolivia es un país enfermo sin cura, cada Gobierno que le toca, es la misma chota con otro color de falda, nada más.
por: Magda Lidia Calvimontes Calvimontes, ex Asambleísta Constituyente
Publicado por: La Voz de Tarija
Fuente de esta noticia: https://lavozdetarija.com/2026/01/07/cuelgo-la-pluma/
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