

Bajo más de dos kilómetros de hielo, en una zona remota del este de la Antártida, un equipo internacional ha identificado un paisaje completo con valles, montañas suaves y antiguas cuencas fluviales que no ha visto la luz del Sol desde hace al menos 34 millones de años. No es una metáfora de novela de ciencia ficción, es el resultado de combinar satélites y radar de penetración en hielo para reconstruir el relieve que se esconde bajo la gigantesca capa helada del East Antarctic Ice Sheet.
La sorpresa no es solo que ese terreno exista, sino que esté prácticamente intacto. El estudio, publicado en Nature Communications, muestra una superficie antigua de unos 32 000 kilómetros cuadrados, algo más grande que Gales, preservada bajo entre 2,2 y 3 kilómetros de hielo. Allí hubo en su día ríos que excavaron valles y redes de drenaje complejas, antes de que el continente se enfriara y se cubriera de hielo de forma permanente durante la gran transición climática de hace unos 34 millones de años.
En el fondo, lo que se ha encontrado es una foto fija de la Tierra justo cuando pasó de un clima de tipo invernadero a otro dominado por grandes casquetes polares. Esa transición marcó el nacimiento de la gran capa de hielo del este de la Antártida, hoy uno de los grandes «frenos» del sistema climático planetario.
Qué hay realmente bajo esos 2 kilómetros de hielo
Los científicos no han taladrado todavía hasta ese paisaje concreto. Lo que han hecho es usar imágenes de satélite muy precisas y radar aerotransportado para leer pequeñas ondulaciones en la superficie del hielo que delatan las formas del terreno de abajo. Esas señales revelan tres bloques elevados separados por grandes depresiones y atravesados por un entramado de valles que se ramifican igual que lo haría una red de ríos en un paisaje templado.
La clave está en que el hielo que cubre esa zona se mueve muy despacio y es en gran parte «frío en la base». Eso significa que apenas erosiona el terreno. En lugar de pulirlo, lo ha protegido durante millones de años como si fuera una cápsula del tiempo. Según el equipo dirigido por Stewart Jamieson, la coherencia de las formas del relieve y su altura sugieren que hablamos de una superficie preglacial que se formó con ríos, luego fue retocada por glaciares locales y más tarde quedó congelada bajo la gran capa de hielo oriental.
Cómo sabemos que allí hubo bosques y no solo roca desnuda
Aquí aparece una segunda pieza del puzle. En 2024, otro grupo de investigadores analizó sedimentos recuperados con una perforación frente a la costa de la Antártida occidental, cerca de los glaciares Pine Island y Thwaites. En ese núcleo encontraron polen y microfósiles que apuntan a bosques templados dominados por hayas australes y otras especies, con un paisaje muy parecido al de la Patagonia actual. La datación sitúa esos sedimentos también en torno a los 34 millones de años.
El trabajo, publicado en Science, concluye que la glaciación permanente empezó primero en el este del continente. La Antártida oriental se cubrió de hielo mientras la parte occidental seguía siendo durante varios millones de años una región boscosa y relativamente suave en clima. Solo unos siete millones de años después el enfriamiento global permitió que el hielo avanzara también sobre el oeste.
Si juntamos ambas líneas de evidencia, la imagen que aparece es bastante clara. Hace unos 34 millones de años la Antártida no era el desierto helado que conocemos. Tenía ríos que discurrían por llanuras y valles ahora enterrados en el este, y bosques templados en zonas que hoy alimentan algunos de los glaciares más inestables del planeta.
Lo que nos cuenta este «mundo perdido» sobre el clima actual
Todo esto no significa que el hielo de la Antártida vaya a desaparecer mañana, pero sí recuerda algo incómodo. La gran capa de hielo oriental se formó cuando el dióxido de carbono atmosférico cayó por debajo de cierto umbral y cambió la circulación oceánica. El mismo sistema que permitió crecer esa capa de hielo demostró que puede reorganizarse con relativa rapidez en términos geológicos cuando se modifican los gases de efecto invernadero y las corrientes marinas.
Hoy vamos en dirección contraria. Estamos elevando las concentraciones de CO₂ mucho más rápido que en aquella transición y el océano que rodea la Antártida se calienta desde abajo. Estudios recientes señalan que en el mar de Amundsen, junto a Pine Island y Thwaites, el calentamiento del océano podría triplicar las tasas históricas de fusión de las plataformas de hielo durante este siglo, lo que favorece el retroceso de la Antártida occidental y añade centímetros de subida del nivel del mar que se suman a los que ya sufrimos.
Para quien vive en una ciudad costera y ve cómo cada temporal come un poco más de playa o se pregunta qué pasará con su hipoteca si el mar sube un metro, este tipo de estudios dejan de ser una curiosidad polar. La lección de ese paisaje fósil es sencilla, aunque dé vértigo. La criosfera responde a cambios relativamente pequeños en CO₂ y temperatura con reacciones que, una vez puestas en marcha, pueden durar siglos y transformar por completo las líneas de costa.
Qué viene ahora
El siguiente paso lógico será llegar físicamente a ese relieve enterrado. Ya existen proyectos que perforan más de dos kilómetros de hielo para recuperar testigos continuos, como el programa europeo Beyond EPICA, que acaba de extraer un núcleo de hielo de unos 1,2 millones de años en otra zona de la Antártida. También se han taladrado lagos subglaciales como Vostok o Whillans con taladros de agua caliente y protocolos estrictos para evitar la contaminación.
Aplicar tecnologías similares sobre este «mundo perdido» permitiría recuperar suelos, restos orgánicos e incluso fragmentos de ADN antiguo que afinarían todavía más la reconstrucción de aquel ecosistema. No hará que el hielo se derrita ni que las emisiones de CO₂ bajen por sí solas, pero sí nos dará un espejo muy preciso de cómo responde el sistema climático cuando cruzamos ciertos umbrales. Y eso, en plena discusión sobre cómo descarbonizar la economía sin disparar aún más la factura de la luz ni dejar a nadie atrás, no es poca cosa.
El estudio científico principal sobre este paisaje fósil ha sido publicado en la revista «Nature Communications» con el título An ancient river landscape preserved beneath the East Antarctic Ice Sheet.
Adrián Villellas
Fuente de esta noticia: https://www.ecoticias.com/naturaleza/enterrado-bajo-2-km-de-hielo-antartico-cientificos-descubren-un-mundo-perdido-de-34-millones-de-anos
************************************************************************************************************
También estamos en Telegram como @prensamercosur, únete aquí: Telegram Prensa Mercosur
Recibe información al instante en tu celular. Únete al Canal del Diario Prensa Mercosur en WhatsApp a través del siguiente link: https://whatsapp.com/channel/0029VaNRx00ATRSnVrqEHu1También estamos en Telegram como @prensamercosur, únete aquí: https://t.me/prensamercosur Mercosur
Recibe información al instante en tu celular. Únete al Canal del Diario Prensa Mercosur en WhatsApp a través del siguiente link: https://www.whatsapp.com/channel/0029VaNRx00ATRSnVrqEHu1W
