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Durante más de una década, el nombre “Cártel de los Soles” fue utilizado como una de las piezas centrales del discurso político y judicial de Estados Unidos para vincular al régimen venezolano con el narcotráfico internacional. Sin embargo, una reciente rectificación del propio Departamento de Justicia estadounidense ha abierto un nuevo capítulo en este caso de alto perfil, al reconocer que dicha denominación no corresponde a una organización criminal real, con jerarquía, estructura y mando definidos, sino a un entramado informal de corrupción y clientelismo alimentado por recursos provenientes del tráfico de drogas.
La admisión representa un giro significativo en la narrativa oficial sostenida por Washington, especialmente porque durante años se acusó directamente a Nicolás Maduro de liderar ese supuesto cártel, argumento que fue utilizado para justificar sanciones, recompensas millonarias por su captura y una intensa presión diplomática contra el gobierno venezolano. En la versión revisada de la acusación presentada tras la detención del líder chavista, el Departamento de Justicia optó por eliminar casi por completo las referencias al “Cártel de los Soles”, un término que en su momento fue presentado como una poderosa organización narcotraficante con alcance internacional.
De acuerdo con la nueva formulación legal, los fiscales ya no describen una estructura criminal clásica, sino un sistema de corrupción enquistado en el aparato estatal venezolano, sostenido por lealtades políticas, protección institucional y beneficios económicos derivados del narcotráfico. El cambio no es menor: en la acusación original, el nombre del supuesto cártel aparecía más de treinta veces y Maduro era señalado como su máximo líder; en el documento actualizado, apenas se lo menciona en contadas ocasiones, y siempre bajo la figura de un esquema clientelar más amplio, heredado y consolidado desde la era de Hugo Chávez.
Especialistas en crimen organizado de América Latina llevan años advirtiendo que el llamado “Cártel de los Soles” nunca funcionó como una organización criminal formal. Según investigaciones citadas por The New York Times, el término surgió en la década de 1990 en medios venezolanos para describir de manera coloquial a oficiales de alto rango —identificados por los soles en sus insignias militares— involucrados en prácticas corruptas relacionadas con el narcotráfico. Con el tiempo, la expresión fue adoptada por actores políticos y judiciales hasta adquirir un peso simbólico que terminó superando su sustento empírico.
Los principales informes internacionales sobre drogas refuerzan esta visión. Ni la Evaluación Nacional de Amenazas de Drogas 2025 de la DEA ni el Informe Mundial sobre Drogas de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito incluyen al “Cártel de los Soles” entre las organizaciones criminales relevantes a nivel global. Para analistas del sector, esta ausencia resulta reveladora y refuerza la idea de que se trató más de una etiqueta política que de una estructura delictiva comprobable.
Pese a esta corrección formal, las contradicciones dentro del propio gobierno estadounidense persisten. Mientras el Departamento de Justicia ajustaba su acusación, figuras clave del establishment político continuaron utilizando el término como si se tratara de una organización plenamente vigente. El secretario de Estado y asesor de seguridad nacional, Marco Rubio, reiteró públicamente su existencia y aseguró que Estados Unidos se reserva el derecho de actuar contra embarcaciones vinculadas al narcotráfico operadas por “organizaciones criminales transnacionales, incluido el Cártel de los Soles”, insistiendo además en que Maduro era su principal responsable.
La confusión se amplificó cuando el entonces presidente Donald Trump afirmó que Nicolás Maduro también dirigía al Tren de Aragua, una de las bandas criminales más violentas surgidas en Venezuela. Esta afirmación fue rápidamente cuestionada por la comunidad de inteligencia estadounidense y por expertos independientes. Jeremy McDermott, cofundador del centro de estudios InSight Crime, calificó esa narrativa como engañosa y más cercana a la retórica política que a un análisis riguroso del crimen organizado. Según sus investigaciones, el Tren de Aragua no controla rutas estratégicas del narcotráfico internacional ni grandes cargamentos de cocaína, sino que opera principalmente en esquemas de extorsión, tráfico de personas y violencia urbana.
El reconocimiento de que el “Cártel de los Soles” no existe como organización criminal plantea interrogantes incómodos para la política exterior y judicial de Estados Unidos. También reabre el debate sobre hasta qué punto determinadas narrativas fueron amplificadas con fines políticos, y cuál es el impacto real de esas construcciones discursivas en el derecho internacional, la credibilidad institucional y la comprensión global del fenómeno del narcotráfico en América Latina.
Más allá de las correcciones legales, el caso deja una lección clara: en escenarios geopolíticos complejos, las palabras importan. Y cuando una etiqueta se repite lo suficiente, puede transformarse en verdad oficial, incluso si la evidencia nunca terminó de sostenerla.
carloscastaneda@prensamercosur.org
