

Jesús Aldo Sosa Prieto, conocido en el ámbito intelectual y educativo como Jesualdo, nació el 22 de febrero de 1905 en una zona rural del departamento de Tacuarembó y falleció en Montevideo el 27 de diciembre de 1982. Maestro, escritor, pedagogo y periodista, fue una de las figuras más singulares y controvertidas de la educación uruguaya del siglo XX. Su trayectoria estuvo marcada por una permanente tensión entre innovación pedagógica, compromiso social y confrontación con las estructuras tradicionales del sistema educativo y político.
Jesualdo desarrolló una obra profundamente vinculada a la infancia, la educación rural y la defensa de la expresión creadora como eje del aprendizaje. Su nombre quedó asociado de manera indeleble a la experiencia educativa llevada adelante en la escuela rural de Canteras del Riachuelo, en el departamento de Colonia, y a su libro más célebre, Vida de un maestro, una novela autobiográfica que combina testimonio, reflexión pedagógica y denuncia social.
Hijo de Miguel Sosa y Cándida Olivera Prieto —de nacionalidad brasileña y uruguaya, respectivamente—, Jesualdo creció en el seno de una familia de trabajadores rurales. A los cinco años se trasladó con sus padres a la localidad de Tranqueras, en el departamento de Rivera, motivo por el cual en algunos registros se lo menciona erróneamente como oriundo de ese departamento. Allí cursó la escuela primaria hasta quinto año.
Las dificultades económicas familiares lo obligaron a trabajar desde muy joven. Fue repartidor de encomiendas, carretero y cronista, oficios que no solo le permitieron sostener sus estudios, sino que también contribuyeron a forjar una temprana conciencia social y una mirada crítica sobre las desigualdades y las condiciones de vida en el medio rural y urbano. A los dieciséis años ingresó al Instituto de Varones, donde completó su formación en 1925.

En 1926 obtuvo su primer cargo como maestro efectivo en la Escuela N.º 1 de Montevideo. Al mismo tiempo, inició una intensa actividad periodística en los diarios La Razón y El Telégrafo, un ejercicio que complementó su vocación docente y reforzó su interés por el análisis crítico de la realidad social y educativa. Dos años más tarde fue designado maestro en la Escuela N.º 56 de Canteras del Riachuelo, un pequeño enclave rural cuya cantera de piedra definía la vida económica y social de la zona.
Ese destino marcaría un punto de inflexión en su vida. En Canteras del Riachuelo, Jesualdo puso en práctica una experiencia pedagógica inédita en el Uruguay de la época, basada en la participación activa de los alumnos, la expresión creativa y la integración de la escuela con su entorno. Allí contrajo matrimonio con María Cristina Zerpa, directora de la escuela y siete años mayor que él, quien acompañó y apoyó su labor educativa.
La realidad que encontró en la escuela rural era la de un sistema rígido, con cursos que no superaban el cuarto grado y con alumnos obligados a repetir los últimos años para no egresar prematuramente y quedar sin alternativas educativas. Para Jesualdo, la escuela era el único centro cultural de la comunidad y debía responder a las necesidades reales de los niños y del medio en el que vivían.
Su propuesta pedagógica se centró en lo que más tarde denominaría “pedagogía de la expresión”. El trabajo escolar partía del interés presente de los niños, de su mundo emocional y creativo, y se vinculaba con la vida cotidiana: la cantera, el paisaje, el trabajo, la historia local. Junto a sus alumnos elaboró normas colectivas de convivencia y promovió la producción escrita y artística. Fruto de ese trabajo colaborativo fue la edición del periódico escolar El Marrón, llamado así por la herramienta utilizada por los obreros de la cantera para romper la piedra.
En 1935 publicó Vida de un maestro, una novela autobiográfica que retrata con crudeza su experiencia en Canteras del Riachuelo y formula una crítica frontal al sistema educativo tradicional. El libro generó una fuerte polémica y tuvo consecuencias inmediatas: Jesualdo fue destituido de su cargo de maestro y se le prohibió continuar con la experiencia pedagógica que había desarrollado. Acusado de “comunista” y “subversivo”, quedó excluido de la enseñanza primaria oficial.
Lejos de silenciarlo, esa expulsión profundizó su labor intelectual. Continuó vinculado a la docencia en Enseñanza Secundaria y en la formación docente, al tiempo que intensificó su producción escrita y su actividad como conferencista. En las décadas siguientes publicó una serie de obras fundamentales para el pensamiento pedagógico latinoamericano, entre ellas 180 poemas de los niños de la escuela de Jesualdo (1938), Problemas de la educación y la cultura en América (1943), 17 educadores de América (1945), La expresión creadora del niño (1950), Fuera de la escuela (1960), El niño y la educación en América Latina (1966) y Antecedentes de mi pedagogía de la expresión (1968).
Su pensamiento se nutrió de diversas corrientes teóricas. Reconoció la influencia de Sigmund Freud, Aníbal Ponce, Jean Piaget, Lev Vigotski y Henri Wallon, entre otros, y defendió una concepción de la escuela como espacio de liberación, creatividad y humanización. Para Jesualdo, la educación debía invertir el proceso tradicional: no imponer conocimientos abstractos al niño, sino poner el saber al servicio de su expresión y desarrollo integral.
El reconocimiento internacional acompañó esa trayectoria. Jesualdo dictó cursos y conferencias en países de América, Europa, Asia y África. Entre 1961 y 1962 residió en Cuba, donde fue decano de la Facultad de Educación y colaboró como asesor en la Campaña Nacional de Alfabetización, una de las experiencias educativas más emblemáticas del continente.
“Conocí China en otoño”
En 1955 fue invitado a recorrer varios países del entonces bloque socialista, entre ellos Rumania, Checoslovaquia, Hungría, la Unión Soviética y la recientemente constituida República Popular China. Curiosamente, Jesualdo se convirtió así en el primer uruguayo en visitar China tras el triunfo de la revolución. De esa experiencia surgió una serie de crónicas publicadas en el diario El Popular bajo el título Conocí China en otoño, editadas luego como libro en 1959 por la editorial Meridión, en Buenos Aires.
La obra, concebida como un testimonio honesto de lo observado, fue considerada “subversiva” por las autoridades de la región. Jesualdo fue citado en reiteradas ocasiones por la policía y el libro enfrentó restricciones para su circulación tanto en Uruguay como en Argentina. En sus páginas, el autor describió ciudades como Pekín, Shanghái, Suzhou y Hangzhou, y relató visitas a cooperativas agrícolas, fábricas, minas, escuelas, universidades, hospitales y centros culturales. “No puedo guardarme como secreto estas anotaciones”, escribió, conmovido por “el espectáculo inolvidable de un pueblo que nace a la historia, a pesar de sus milenios”.
Tras el golpe de Estado de 1973, su marginación se profundizó. Se le prohibió toda actuación pública y la difusión de su obra, lo que lo llevó a retirarse de la escena intelectual. Falleció en Montevideo en 1982, en un contexto de silencio y censura.
Hoy, la figura de Jesualdo es reconocida como una de las más originales y comprometidas de la pedagogía uruguaya. Su legado permanece vigente en la defensa de una educación centrada en el niño, en la creatividad y en la construcción colectiva del conocimiento, como herramienta esencial para una sociedad más justa y humana.
Marcelo Falca
Fuente de esta noticia: https://grupormultimedio.com/el-primer-uruguayo-en-llegar-a-china-id181299/
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