
El esperado acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, que inicialmente estaba programado para ser firmado el 20 de diciembre de 2025, ha sido pospuesto hasta enero de 2026. La decisión fue confirmada tras la reciente Cumbre del Mercosur, dejando en suspenso las expectativas de productores agrícolas e industriales que aguardaban el cierre de las negociaciones antes de finalizar el año.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, hizo oficial el anuncio del aplazamiento el pasado 18 de diciembre. Según explicó, aún quedan pendientes algunos ajustes finales para garantizar el consenso entre los 27 países que conforman la Unión Europea. El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, respaldó esta información y añadió que la firma del acuerdo se espera para «el primer mes de la presidencia del Paraguay» en el bloque sudamericano, es decir, enero de 2026.
Este retraso marca un nuevo capítulo en las complejas negociaciones diplomáticas entre ambas regiones. Aunque el acuerdo técnico preliminar había sido celebrado en diciembre de 2024 en Montevideo, su formalización ha enfrentado múltiples obstáculos. Desde entonces, el texto ha estado sometido a un proceso de revisión legal y traducción, pasos necesarios para garantizar su validez y aceptación por ambas partes.
Resistencia política desde Francia e Italia
El principal obstáculo para la firma del acuerdo no ha sido técnico, sino político. Francia e Italia, países con sectores agrícolas altamente proteccionistas, han liderado la oposición al tratado durante los últimos meses de 2025. En particular, el gobierno francés ha adoptado una postura más rígida, exigiendo la implementación estricta de las denominadas «cláusulas espejo». Estas disposiciones buscan garantizar que los productos importados cumplan con los mismos estándares ambientales y sociales que se aplican a los bienes producidos dentro de la Unión Europea.
La resistencia francesa refleja las preocupaciones sobre el impacto del acuerdo en sus agricultores locales, quienes temen una competencia desleal frente a los productos provenientes del Mercosur. Por su parte, Italia también ha manifestado inquietudes similares, sumándose a los esfuerzos por frenar la firma del tratado.
Un acuerdo histórico en juego
El acuerdo Mercosur-UE representa uno de los tratados comerciales más ambiciosos entre dos bloques económicos. Su objetivo principal es fomentar el comercio bilateral mediante la reducción de aranceles y barreras no arancelarias, abriendo mercados para productos agrícolas e industriales y promoviendo una mayor integración económica entre América del Sur y Europa.
Sin embargo, las negociaciones han estado marcadas por tensiones desde su inicio. Mientras que los países del Mercosur buscan expandir sus exportaciones agrícolas y aprovechar un acceso más amplio al mercado europeo, varios miembros de la UE temen que esto pueda perjudicar sus propios sectores productivos. Además, cuestiones relacionadas con la sostenibilidad ambiental y los derechos laborales han sido puntos clave en el debate.
El aplazamiento anunciado recientemente añade incertidumbre sobre el futuro del acuerdo, aunque ambas partes han reiterado su compromiso con concluir las negociaciones. Según Lula, este tratado tiene el potencial de transformar las relaciones comerciales entre las dos regiones y generar beneficios significativos para sus economías.
Expectativas para 2026
Con la nueva fecha fijada para enero de 2026, los líderes políticos tendrán que redoblar esfuerzos para superar los obstáculos restantes y alcanzar un consenso definitivo. La presidencia paraguaya en el Mercosur será clave para facilitar las negociaciones finales y garantizar que se cumplan los plazos establecidos.
Mientras tanto, productores agrícolas e industriales en ambos lados continúan esperando con cautela. Aunque el acuerdo promete abrir nuevas oportunidades comerciales, también plantea desafíos que requerirán ajustes en las políticas nacionales y regionales.
En definitiva, el Acuerdo Mercosur-UE sigue siendo una prioridad estratégica para ambas regiones. Su firma será un paso importante hacia una mayor cooperación económica internacional, pero dependerá de la capacidad de los líderes para resolver las diferencias políticas y técnicas que aún persisten.
