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La región despertó este sábado con una noticia que reconfigura de manera abrupta el mapa político y de seguridad del continente. En las primeras horas de la madrugada, una serie de explosiones sacudió distintos puntos de Caracas y marcó el inicio de una operación militar estadounidense que, horas después, fue confirmada públicamente por el presidente Donald Trump como una ofensiva “a gran escala”. El propio mandatario afirmó que el presidente venezolano, Nicolás Maduro, había sido capturado y trasladado fuera del país, un anuncio que desató una cadena inmediata de reacciones diplomáticas, alertas de seguridad y llamados urgentes a la contención internacional.
Las detonaciones comenzaron alrededor de las dos de la mañana, hora local. Vecinos de la capital venezolana reportaron estruendos persistentes, sobrevuelo de aeronaves y cortes de energía en amplias zonas del centro urbano. Con el paso de las horas, se conoció que los ataques habrían impactado instalaciones de alto valor simbólico y estratégico para el chavismo, entre ellas el Cuartel de la Montaña, donde reposan los restos de Hugo Chávez, además de bases militares, aeropuertos y sedes institucionales clave. La capital quedó parcialmente paralizada, sin suministro eléctrico en varios sectores, mientras el Gobierno activaba protocolos de emergencia.
Desde Washington, Trump difundió un mensaje escueto pero contundente en su red Truth, asumiendo la autoría de la operación y anunciando una comparecencia posterior para ampliar detalles. En ese mismo mensaje aseguró que Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, habían sido capturados, una afirmación que, de confirmarse plenamente, supondría el mayor golpe político al régimen venezolano desde su llegada al poder. Hasta ese momento, Caracas había reaccionado decretando el estado de conmoción exterior y llamando a la población a prepararse para la defensa armada del país.
El Gobierno venezolano denunció lo que calificó como una “agresión imperialista” y afirmó que el objetivo último de la operación sería el control de los recursos estratégicos del país, especialmente el petróleo y los minerales. En un comunicado oficial, las autoridades aseguraron haber ordenado el despliegue del comando para la defensa integral de la nación y señalaron que los bombardeos se extendieron a zonas de los estados Miranda, Aragua y La Guaira, además del Distrito Capital. No se ofrecieron cifras oficiales de víctimas.
En medio de la incertidumbre, el ministro del Interior y uno de los hombres fuertes del chavismo, Diosdado Cabello, difundió un video recorriendo las calles de Caracas con chaleco antibalas y escolta policial. Su mensaje buscó transmitir control y calma, mientras aseguraba que las fuerzas de seguridad estaban desplegadas para enfrentar la situación.
La oposición venezolana, tanto dentro como fuera del país, optó por el silencio cauteloso. Voceros cercanos a María Corina Machado y a Edmundo González Urrutia señalaron que no emitirían pronunciamientos inmediatos hasta contar con información verificable, en un contexto marcado por versiones contradictorias y un flujo constante de noticias no confirmadas.
La sacudida se extendió rápidamente más allá de las fronteras venezolanas. Colombia fue uno de los primeros países en reaccionar. El presidente Gustavo Petro expresó una profunda preocupación por los reportes de explosiones y actividad aérea inusual, condenó cualquier acción militar unilateral y reiteró el compromiso de su país con la soberanía, la integridad territorial y la solución pacífica de las controversias, conforme a la Carta de las Naciones Unidas. Bogotá reforzó la seguridad en la frontera colombo-venezolana y activó planes preventivos ante una posible ola migratoria, al tiempo que anunció que mantendría abiertos los canales diplomáticos y promovería una verificación objetiva de los hechos en instancias multilaterales.
Otras capitales latinoamericanas y del mundo también fijaron posición. Cuba e Irán condenaron enérgicamente la ofensiva y reclamaron una reacción inmediata de la comunidad internacional. El presidente saliente de Chile, Gabriel Boric, expresó su preocupación y rechazo a las acciones militares de Estados Unidos. Rusia calificó el ataque como una agresión y llamó a evitar una escalada mayor, insistiendo en la necesidad de una salida negociada. En contraste, el presidente argentino Javier Milei celebró abiertamente la captura de Maduro con un mensaje ideológico que evidenció la fractura regional frente al acontecimiento.
Desde Bruselas, la alta representante de la Unión Europea para Política Exterior y Seguridad, Kaja Kallas, pidió respeto al derecho internacional y a la Carta de la ONU, aunque reiteró que la UE no reconoce la legitimidad de Nicolás Maduro. Su declaración evitó entrar de lleno en la cuestión de los bombardeos y se centró en la necesidad de moderación y de una transición pacífica, tras una conversación con el secretario de Estado estadounidense.
Mientras las horas avanzan, el futuro inmediato de Venezuela permanece envuelto en incertidumbre. La captura de su presidente, el despliegue militar, la respuesta armada anunciada por el Gobierno y la división internacional ante la ofensiva configuran un escenario de alto riesgo, no solo para el país caribeño, sino para toda América Latina. La historia regional vuelve a colocarse en una encrucijada donde la fuerza militar, la legalidad internacional y el destino de millones de civiles se cruzan de manera dramática.
Que Bolívar proteja al pueblo venezolano y al pueblo latinoamericano.
carloscastaneda@prensamercosur.org
