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En medio de una creciente tensión política regional, el presidente de Colombia reaccionó con firmeza y serenidad ante los mensajes lanzados por sectores de la oposición que, tras celebrar la caída de Nicolás Maduro en el contexto de acciones judiciales impulsadas desde Estados Unidos, afirmaron públicamente que él sería “el próximo”. Lejos de responder desde la confrontación personal, el mandatario situó el debate en un plano más amplio, histórico y ético, apelando tanto a la memoria reciente del país como a los principios del derecho internacional.
“No estoy preocupado en absoluto”, afirmó el presidente, subrayando que su tranquilidad proviene de no tener nada que ocultar. En su respuesta, contrastó su trayectoria con la de antiguos gobiernos y élites políticas que, según señaló, dejaron tras de sí un país marcado por la violencia, la desigualdad y el abandono institucional. Recordó que Colombia ha sufrido durante décadas las consecuencias de decisiones tomadas desde el poder que derivaron en miles de muertes, fosas clandestinas, persecución política, encarcelamientos masivos de jóvenes y una convivencia estructural con el narcotráfico armado, fenómenos que, a su juicio, fueron tolerados o promovidos por quienes hoy se presentan como sus acusadores.
El mandatario reivindicó su papel como investigador y denunciante de las relaciones entre sectores políticos y organizaciones criminales, una labor que, según explicó, sostuvo durante más de diez años en escenarios públicos y debates abiertos, asumiendo costos personales y políticos. Frente a las amenazas veladas y los señalamientos que circulan en redes y espacios mediáticos, sostuvo que lo único verdaderamente preocupante es la injusticia, aunque recordó que la historia demuestra que la injusticia, cuando se ejerce contra quien actúa con convicción, termina por dignificar a quien la enfrenta.
En un mensaje que trascendió el ámbito interno, el presidente insistió en que no figura en listas criminales ni está vinculado a estructuras de exterminio, ni es responsable del empobrecimiento masivo ni del hambre que ha golpeado a millones de colombianos. Definió su proyecto político como una apuesta por la democracia real, la equidad social y la paz, y sostuvo que esa coherencia explica tanto los ataques que recibe como el respaldo que mantiene en amplios sectores de la sociedad.
No estoy preocupado para nada.
No tengo nada que esconderme como otros. Ni asesinatos, ni fosas comunes, ni 6.402 jóvenes asesinados en el gobierno que usted defiende, ni 3.000 presos políticos presos jóvenes. No convivimos con narcoterroristas que decidieron hasta refundar la… https://t.co/mhmK6SGG7i
— Gustavo Petro (@petrogustavo) January 3, 2026
El jefe de Estado también recordó que recientemente, desde Nueva York y bajo el amparo de las normas que rigen el sistema multilateral, expresó con claridad su postura frente a los crímenes de lesa humanidad. Reiteró que ningún ejército, en Palestina ni en ninguna otra parte del mundo, puede obedecer órdenes de exterminio, porque el genocidio constituye un crimen contra la humanidad y no un asunto interno de los Estados. Subrayó que esta no es una opinión personal ni una provocación ideológica, sino un principio establecido desde los juicios de Núremberg y consolidado en el derecho internacional contemporáneo.
Ante quienes consideran inaceptable esa posición o intentan convertirla en motivo de persecución política, el presidente fue categórico: la repetirá cuantas veces sea necesario. Para él, el verdadero trasfondo de los ataques no es jurídico ni moral, sino político, y responde a la incomodidad que genera un liderazgo que rompe con el silencio histórico frente a los abusos del poder y señala las responsabilidades de gobiernos anteriores que, según dijo, gobernaron contra el pueblo y dejaron un país profundamente herido.
En un momento en que la oposición celebra procesos ajenos como si fueran advertencias internas, el presidente de Colombia optó por elevar la discusión, recordando que la fortaleza de una democracia no se mide por la amenaza al adversario, sino por la capacidad de sostener la verdad, la justicia y la dignidad humana incluso bajo presión. Su mensaje, más que una defensa personal, fue presentado como una advertencia política y moral: la historia juzga con mayor severidad a quienes callan o celebran la injusticia que a quienes, sin miedo, deciden nombrarla.
carloscastaneda@prensamercosur.org
